Colaboraciones-Rafael M. 15. Entre la torpeza y lo reaccionario

2013/05/23 Dejar un comentario

Entre la torpeza y lo reaccionario, la nada

Rafael M.

Se diría que en España no se piensa lo bastante, ni bien, que andamos huérfanos de cimientos sólidos en los Textos de colaboradores invitadosque construir ideas. Cada dos por tres toca un Ministro de Educación que condena la asignatura de Filosofía, la única que enseña la evolución de las ideas y el pensamiento lógico. Tenemos una Universidad con señores apoltronados que usan su cátedra como un búnker. Así, no es de extrañar que en el sexto año de crisis seamos incapaces de pensar una salida, de tomar cualquier iniciativa que no sea la misma receta caduca con distinto nombre. El gobierno es un pelele que sigue las ideas de otros; la izquierda, en cuanto a ideas, no está ni se la espera. Parecen ponerse de acuerdo solamente en no hacer nada.

El último ejemplo lo hemos tenido con el contrato único. Hay muchísimos artículos en internet. Busquen con ahínco y curiosidad, lean, mediten. Todos, Gobierno, CEOE, izquierda y sindicatos lo rechazan. La cosa empezó con mal pie: la propuesta «oficial» venía de Bruselas. Esta es la altura intelectual de nuestras élites sociales: rechazo lo que alguien dice porque ese alguien me cae mal. Todos se han felicitado de ese rechazo compartido, como si hubieran repelido el ataque de un ejército a las murallas de la ciudad.

El gobierno actual, retrógrado, incompetente y apestando a corrupción, la rechaza porque dice que es anticonstitucional. Sería para reírse si no fuera tan grave la cosa. La Constitución también habla del derecho al trabajo de todos los españoles y a una vivienda y miren cómo estamos. En realidad, junto con la CEOE, la rechazan porque no quiere perder el poder que supone tener millones de españoles como mano de obra temporal, barata, dócil y en la semi-exclusión social, ya que el contrato único, debidamente diseñado, mejoraría la empleabilidad y la temporalidad. En la raíz de su rechazo se encuentra el mismo estiércol con el que muchas pseudodemocracias y dictaduras siembran la ignorancia y la pobreza de sus poblaciones.

Los sindicatos rechazan el contrato único porque los «indefinidos» son lo poco que les queda por salvar de su fracaso colectivo, tras abandonar a más de 6 millones de desempleados y mantener con su inercia a otros muchos millones en contratos temporales precarios. Sí, es cierto que para los que tienen contrato indefinido supondría menor protección. Sin embargo no interesa comprender que el exceso de protección de unos es una de las causas de la escasa protección de otros, provocando ese mercado laboral dual y desastroso con más de 6 millones de parados. El contrato único pone así en pie de igualdad a todos los trabajadores en cuanto a las condiciones de partida. Pero es que a nadie en España le gusta competir: tanto a empresas como a trabajadores les gusta tener una situación privilegiada desde la que partir con ventaja sobre otros. ¿Puede un trabajador temporal competir en el mercado laboral con otro trabajador que parte de una posición mejor por su contrato indefinido? ¿No le debería preocupar a la izquierda esta desigualdad de oportunidades entre trabajadores?

La izquierda, sumida en una crisis de ideas y propuestas abismal, lunática, peleada con la Economía, parece incapaz siquiera de comprender que si a algo se le llama «mercado» laboral será por algo, y nos conviene saber a todos qué es un «mercado» laboral en la Economía Global. ¿Puede España pretender competir en la Economía Global con un mercado laboral dual que excluye y damnifica a millones de personas y familias, como no sea a través de la nociva competencia por empobrecimiento? ¿No entendemos que la competencia por productividad y valor añadido requiere de más y mejor trabajadores formados, y no de menos?

Mientras se rechaza y no se intenta nada nuevo los millones de parados que esperan una medida, una iniciativa, ¡algo!, que les ayude a encontrar empleo, caen en el olvido y la desesperanza. Es como si les dijeran a esos millones de parados desde su pedestal de ideas improbables que tengan paciencia, que están defiendo su derecho a tener el privilegio de un contrato indefinido, que esperen (¿cuánto años de crisis más?) a que la medida les parezca «suficientemente de izquierdas» como para llevarla a cabo, a que se aseguren de que «no empeorará» la situación… en un país con un contexto económico que da pavor: miles de PYMES y autónomos desaparecidos, records de quiebras empresariales y desempleo, un sector bancario que colapsaría sin la respiración asistida de Bruselas, el 70% de esos 6 millones y pico de desempleados sin estudios superiores, un déficit que alcanzará el 110% del PIB en los próximos años… como si una situación así fuera un bastión que hubiera que defender con uñas y dientes. ¿Hemos perdido definitivamente la cabeza?

Entre la torpeza y el vacío de ideas de la izquierda de un lado y la derecha reaccionaria, incompetente y corrupta del otro, la nada, la defensa de una ciudad en llamas con las puertas bloqueadas.

© Rafael M. 2013

Inédito vetusto

2013/04/26 9 comentarios

Lo demás abajo es un texto mío, inédito, de mediados de los ochenta. Le negué entonces la publicación, no recuerdo por qué, quizá porque me pareció malo. Ahora, como ya no entiendo nada de poesía, no sé qué pensar de él.

Pero lo pongo en el blog, que viene a ser una publicación canija:

Contra poetas

Lamento
comunicaros,
¡ oh maestrillos !,
una noticia
que os deja
indiferentes,
como cuadra,
porque todo
os deja últimamente indiferentes :
«Mientras al mundo
—al vuestro—
se le descosen las metáforas pellejudas,
nadie está construyéndoos
—a vosotros—
un hogar habitable :
ni siquiera, queridos, el cementerio justo.
Sólo pequeños pedestales contra un fondo de océano en­rollable que cuelga del lejano horizontísimo donde na­vegan barcos que sólo de nombre conocéis,
y no sus fuerzas,
ni sus rutas.
Una vasta extensión de pedestales
con vuestros nombres literarios,
rápidamente desmontables.»

Porque ya nada os pertenece,
oh maestrillos ;
ni siquiera las ínfulas
de las primeras ediciones que nadie buscará.
Jamás.
Estáis,
oh maestrillos,
en las ninguna parte,
en ya pasó hace rato el último autobús,
en la gravilla de los televisores sin emisora que sintonizar,
en el ungüento contra las enfermedades que ya no existen,
en los soportes desmagnetizados,
en las alfombras rojas con las cámaras en off,
en el cascajo eléctrico entre dos sintonías radiofónicas,
en una caravana de automóviles siempre atascada en la autopista de las bellas, oh qué bellas metáforas, sin encontrar jamás donde parar las cuatro ruedas, un ratito, sólo un ratito, sólo a mear cuatro chisguetes de belleza esencial en el arcén.

Hijos, sin hijos, de los hijos
que se comía el dios viril
y contador :
el ritmo, pum-pum-pum ; la sílaba empalada.
Y ya ni eso os va quedando,
maestrillos :
habéis roto con la preceptiva y os habéis puesto a respetar a raja­tabla todos los reglamentos de la trivialidad.
( Sólo el presente es tradición,
oh, maestrillos ;
los parciales que van saliéndole a la suma ;
no los totales caprichosos
que vosotros
os sacáis de la buchaca
cuando os miráis al espejo,
recién levantados,
por las mañanas,
y se os pone tan chungo el ánimo porque tenéis que afeitaros
y los carteles
luego, por las calles,
venden primavera de grandes almacenes. )
( ¡ Haceos radicales,
maestros !
de una jodida vez ! )
( ¡ Encajad el trasero en la hornacina
aupaos al podio y quedaros contra el mar enrollable
para siempre
saludando con los brazos alzados en triunfo
al público que abandonó el local hace ya medio siglo ! )

Veo, entre cuatro paredones altísimos de cristal aventanado, una terraza rígidamente rectangular. Sol a plomada, sin nin­gu­na som­bra. Escaque de grandes baldosas, grises y grises. Sucio el suelo : colillas, envoltorios, huellas de zapato gra­siento, una paloma muerta, harapos sin origen, un patín astillado, trozos de escayola en armazón de alambre, bo­lígrafos sin punta, abalorios de plástico abigarrado, mechas de arena negruzca, billetes de todos los trans­portes, un pe­que­ño robot con el oro descascarillado y la ca­beza ida… En la esquina cualquiera ( no hay puntos cardinales, ni posi­cio­nes relativas a quién ), un salpicado charco de orines, que se va evaporando. Ha sido un niño. El perro olisquea.

Veo, frente a mi casa, donde tal vez ameno prado, manchas de hierba desaliñada sobre la tierra mortecina ; retamas que quemó una necia, cabelleras de momia : majes­tuosas torres de alta ten­sión ; basurales incipientes, con tele­visores destripados y frigorí­ficos hechos cuartos ; piedras sujetas e ilógicas ; vallas publicita­rias de las que sólo quedan el cerco y unos cuantos añicos de ta­blón ; charcas de aceite negro recién evacuado por algún automó­vil sal­vaje ; vol­cá­nicos sumideros de futuros alcantarillados ( fu­turo : ¿ en­tien­den ustedes la palabra, oh dueños y señores del pre­sente ? ). Veo por todas partes, jugándose la vida, urracas y niños.

Veo que perdí hace tiempo, por la noche, el cielo ; que las cons­­telaciones tienen casi todas las estrellas fundidas ; que no se me algodonan los ojos en la Vía Láctea. La Luna, Venus, Marte ( a veces ) ; las candilejas de posición de los ae­ro­planos. Mis hijos quieren que les regale un telescopio. Hay esca­rabajos voladores.

Todas estas ruinas nos pertenecen.
A nosotros,
a los de siempre.
No a los niños,
que no las ven siquiera.
Y jamás querrán reconstruirlas sobre vuestros versos.
Pero vosotros
—oh maestros—,
mis queridos poetas
—oh— :
seguid sin aportar una sola herramienta, ni un designio, ni una mí­nima nota de comprensión.
Seguid acariciándoos el voluptuoso cadáver.
Cantad
tan mal como sabéis, hermanos
y hermanas ;
a fin de cuentas, sólo nos escucha
la policía cultural
[1] ;
gruñid, crotorad, balad y barritad ;
a cada cual su son.
a cada cual su son. ¡ Qué despilfarro
tan gozadero, madre, y sabrosote !

No os molestéis
en aprender mi nombre,
oh maestrillos,
oh
maestrillos,
oh.

Yo nunca tendré nombre
para vosotros.

[Mediados de los ochenta]



[1] Los profesores ( poetas ), los críticos ( poetas ), los poetas de imagi­naria.

 

Juan Francisco Ferré: KARNAVAL

2013/04/22 Dejar un comentario

Hay libros bravos.

A mi desagradable edad, apenas le quedan a uno energías suficientes para lidiar un libro bravo, por más que, como lector veteranísimo, uno reconozca desde los primeros párrafos que la obra es grande y es digna del esfuerzo.

clip_image002La energía ajena puede agotar mucho más que la propia. La agresividad, la violencia, el poderío, el empuje de Karnaval, la novela con que Juan Francisco Ferré ( Málaga, 1962 ) ganó el último premio Anagrama, es ideal para lectores jóvenes, resistentes como forcados portugueses, capaces de recibir el libro a puerta gayola y aguantar sus embestidas hasta la última página, con ese gozo intelectual que la lucha genera en los cerebros musculosos y bien entrenados. Yo ya estoy para relatos suavitos, tiernos, de abrazos y arrumacos.

     Dicho de otro modo : me ha llevado varios meses leer Karnaval, y no es así, con tanto melindre, como debe leerse. Una novela furiosa, como esta, pide un lector enardecido, que la someta a la disciplina más rápida de lectura, que se enfrente con ella y ruede con ella por el suelo y no la deje descansar hasta el último párrafo. Karnaval no es un libro para deleitarse en el placer estético de la lectura, sino para luchar con él y disfrutar de su violencia, admitiendo el contagio de su entusiasmo pugilístico. Karnaval es —cambiando de símil— Muhammad Ali arrinconándote contra las cuerdas con un molinete de puñetazos en cada brazo. Haga usted lo que pueda, pero arriésguese al ojo tumefacto o la ceja partida, porque la experiencia es de alta literatura.

Quedan poco escritores con esta pegada y con tantas ganas de pegar y tan magistrales pegando como Juan Francisco Ferré. Ojalá no se canse.

COLABORACIONES–Rafael M. 14. La herencia de los mansos

2013/04/14 Dejar un comentario

La herencia de los mansos

Viviendo el sexto año de esta profunda crisis económica, una parte de los españoles está dTextos de colaboradores invitadosespertando. Una consciencia colectiva, una moral compartida, comienzan a formar un cuerpo social que dice ¡basta! Asociaciones de ciudadanos (este vocablo, ciudadano, empieza de verdad a significar algo para muchos), jueces y abogados que luchan contra los desahucios; los grupos que practican el escrache como respuesta proporcional al desprecio con que las élites de este país tratan al ciudadano ahogado en las consecuencias de su mala gestión; periodistas que se rebelan contra la «democracia de televisor» que nuestro actual presidente del gobierno, personaje provisional prescindible, quiere clavar: otro pilar más del despotismo desilustrado y clientelista en el ataúd de una democracia moderna en este país, empleando una pantalla de plasma como el alcalde de Bienvenido Mr. Marshall empleaba el balcón del ayuntamiento.

Los gigantes de la prensa están ayudando. Sorprendente. Sacan ahora a la luz pública aquellas fotos, aquellos e-mails, grabaciones e indicios que por iniciativa de algún periodistas o por la de algún informador, decidieron guardar en la época del «España va bien» y la “Champions Ligue”, demostrando su deshonestidad hacia los españoles, deshonrando su papel como cuarto poder, contribuyendo con su silencio cómplice a la ruina de España. EL PAÍS, EL MUNDO y ABC no dejarán por ello de ser sospechosos, pero al menos desde tiempos muy recientes podemos decir que «son nuestros hijos de puta», los de los españoles de a pie, no los de los españoles que ya sea desde la política, los sindicatos, la banca o la gran empresa, han parasitado y siguen parasitando España.

Por desgracia hay una España que sigue sin despertar. Y me temo que todavía es mayoría. Integra al menos a cuatro grupos: en primer lugar, por supuesto, los interesados-parásitos, para quienes que España siga en la ruina y vaya camino de convertirse en un cortijo andaluz supone pingües beneficios o privilegios de algún tipo (aquí encontramos desde los miembros de las élites extractivas, pasando por los ineptos nombrados a dedo, hasta la serie piramidal de canallas que hicieron que unas participaciones preferentes o unas acciones de Bankia acabaran con los ahorros de una anciana, o una hipoteca impagable echara a una familia a la calle y la condenara a la marginalidad y la economía sumergida de por vida).

En segundo lugar están los indiferentes-egoístas. En 1929 miraban para otro lado mientras su vecino se arruinaba, las empresas cerraban por decenas cada semana o incluso, en tiempos más funestos, desconocían lo que pasaba con aquellos judíos, gitanos, negros, comunistas y homosexuales que eran subidos en trenes.

El tercer grupo son los optimistas-ingenuos, que creen que ni a ellos ni al resto de sus congéneres les va a pasar nunca nada malo, todavía tienen trabajo o su empresa sigue abierta, pueden ahorrar y sueñan, con una España que dará un futuro para sus hijos. Ya me gustaría a mí que me explicaran cómo.

Y el cuarto grupo está formado por los atemorizados. Tienen miedo de perder su trabajo, de sus jefes y compañeros de trabajo, del futuro, de protestar, llevan cinco años soportando congelación de sueldos, jornadas de trabajo interminables, trabajar los fines de semana cuando toca, jefes cada vez más tiranos o que den su trabajo a becarios que por 300 euros trabajan tantas horas como ellos. No tienen tiempo para formarse y salir del círculo vicioso de deterioración general de sus condiciones de vida. Forman parte de este grupo los que tienen que aceptar ir a peor porque su situación tiene difícil solución: hipoteca, hijos pequeños, pareja en paro, hermanos que han perdido el empleo y ningún ahorro. Pero también, dentro de este grupo, están los acojonados-conformistas que lo aceptan todo. No tienen cargas familiares, no tienen deudas, podrían no aceptar que su jefe les insulte, trabajar de media 55 horas a la semana y fines de semana cuando toque sin que te lo paguen, que su empresa les explote. Pueden cambiar sus vidas. Pero no lo hacen, simplemente, son mansos.

De todos estos españoles que no han despertado, el último grupo es el más preocupante. Los mansos para mí son un misterio, son puro absurdo, pura irracionalidad. Los integrantes de las otras tipologías —excepto los que tienen muy difícil salida— al menos tienen un interés, declarado o no, para no hacer nada que impida que nuestro futuro colectivo se esté yendo al carajo. Tal vez crean que su mansedumbre disfrazada de abnegación será recompensada por sus jefes, sus empresas o la justicia divina (¿no dicen que alguien dijo que los mansos heredarían la Tierra?). El problema con los mansos es que nunca despiertan. Son individuos que en momentos como los actuales, no solamente son completamente inservibles, son perjudiciales. Por eso tienen la llave de los procesos de cambios sociales. O lo que es lo mismo, si en España al final no cambia nada es porque hay demasiados mansos.

© Rafael M. 2013

Populismo popular, oh

2013/03/03 4 comentarios

Molesta que las escasas informaciones de la prensa española sobre Beppe Grillo, líder del Movimiento 5 Estrellas que acaba de llevarse la medalla de bronce en las últimas elecciones italianas recurran casi siempre, para engrosar su desprestigio, a llamarlo « populista ».

Enrique J. ( en mi lista de correos, que aún existe y sigue teniendo poco menos de mil corresponsales ) escribe lo siguiente a este respecto :

« Nuestros asquerosos mierdos de descomunicación sólo se ponen de acuerdo a la hora de mentir sobre todo aquello que afecta directamente a sus anunciantes o, en general, al tinglado este al que llaman democracia. Incluso han encontrado la palabra mágica: populista. Y es curioso porque tradicionalmente se ha llamado populista al político que le decía al pueblo lo que quiere oír y no la verdad. Por ejemplo: Rajoy, cuando durante la campaña afirmaba que haría todo lo contrario a lo que estaba haciendo el PSOE y que no contaba con la simpatía ciudadana, principalmente lo de subir el IVA y los recortes, cosa que hizo nada más subir al poder. ¿Pero algún mierdo en España ha llamado populista a Rajoy?»

http://aixi.wordpress.com/2013/02/28/la-verdad-sobre-beppe-grillo/

La verdad sobre Beppe Grillo. Salud!

Marina Minicuci, desde la propia Italia, nos dice :

« Queridos: si conseguís traducir el artículo comprenderéis algo de lo que ocurre en este momento en Italia, que desde luego no tiene nada que ver con lo que os cuentan ».

http://sergiodicorimodiglianji.blogspot.it/2013/02/ce-chi-insegue-il-con-senso-e-chi.html

He leído atentamente ambos documentos y sigo teniendo mis enormes dudas sobre la capacidad de este tipo de movimientos para gestionar un país o para devolverlo a las vías de la sensatez y del Derecho a que casi todos los políticos parecen haber renunciado en favor de la gestión de recursos financieros y del descontrol absoluto de la banca y las corporaciones. Sigue, creo, sin ocurrírsenos nada medianamente viable. Si hubiera un ejército como el portugués del 25 de abril, de él podríamos esperar que impusiera un sistema político revolucionario y nuevo ( habría que crear ese sistema, claro ) o, por lo menos, depurado de corruptos e incapaces ; pero no lo hay, ni siquiera —supongo— en Portugal, mucho menos en los demás países europeos. La gente está harta, sí, pero en realidad no tiene fuerza para echar a quienes ocupan el poder, ni, desde luego, para desengancharnos de la maraña bancaria y corporativa que nos paraliza. ( No me vale el ejemplo islandés : son cuatro gatos en una isla del fin del mundo. ) Lo estamos viendo. Cientos de manifestaciones más o menos multitudinarias, en Grecia, en Italia, en Portugal, en España, sirven, sin duda, de desahogo —también para lucir el ingenio en la creación de cánticos y eslóganes—, pero ninguna de ellas ha conseguido ningún éxito digno de mención ( lo de los desahucios, en España, es un camelo más : ni el PP ni el PSOE han modificado un ápice su postura, más allá de comprometerse a discutir el asunto en el Parlamento )… El verdadero problema parece ser este, a fin de cuentas : ninguno de nosotros cree que esto pueda arreglarse por ningún camino, ni pacífico ni violento. Ocho millones de italianos, en las urnas, han optado, vista la impotencia, por crear al menos unas condiciones de trabajo más molestas y más controladas para los canallas que los gobiernan. Es una actitud que puede llamarse de muchas maneras —ingenua, desesperada, ilusa, única posible—, pero que desde luego no tiene nada que ver con el « populismo » que tanto denuestan los medios españoles.

Aquí tenemos canallas de peor calaña, tan idiotas que incluso han llegado a crearse ellos mismos las molestias. Aquí solucionamos nuestra frustración, ya digo, con canturreos ingeniosos ( muy ingeniosos, en algunos casos : lo reconozco ), el flujo constante de chistes y denuncias en Facebook y el lanzamiento de jaurías de perros enfurecidos contra las tonterías más anodinas, como la torpe metedura de pata de Toni Cantó o la huida de Twitter de Elena Valenciano. O la desfachatez profundamente demostrada del Rey y su real familia.

No nos hace falta ningún grillo, la verdad.

Milagro cirujano: qué mejoría

2013/02/18 5 comentarios
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Mi prosopagnosia no me habría permitido identificar a la del sombrero, pero sí: es Fay Dunaway. Tan contenta.

Zero Dark Thirty: oscuridad y media en punto

2013/02/16 11 comentarios

Acabo de ver Zero Dark Thirty de Catherine Bigelow y reconozco que pueden tener razón quienes la consideran tan buena que podría pasar directamente a la historia del Cine.

Pero, claro, también podríamos planteárnosla con la moral por delante, y en ese sentido el film provoca una verdadera tempestad de dudas : ¿ Tenemos derecho a torturar al enemigo para obtener de él una información que evite daños graves a nuestros compatriotas ? ¿ Tiene derecho un Estado poderoso a MV5BMTQ4OTUyNzcwN15BMl5BanBnXkFtZTcwMTQ1NDE3OA@@._V1_SX214_saltarse todas las normas internacionales para ejecutar una venganza nacional ? ¿ Tenía derecho Osama bin Laden a defenderse ante un juez ?

La tortura del enemigo se viene practicando desde el principio de la Historia sin que nadie, jamás, hasta nuestro tiempo, la haya considerado inaceptable. Es uno de los puntos morales en que más cínicos somos, una de las cuestiones más difíciles de delimitar. Casi nadie discutirá que torturar a un terrorista para que nos diga dónde está la bomba que matará a decenas o cientos o miles de personas es un mal necesario y justo ( de discutible eficacia, pero esa es otra cuestión ). Lo que ocurre es que luego resulta muy fácil ir ensanchando el criterio hasta que incluya la tortura de un sospechoso de haber cometido cualquier otro delito, para que lo confiese o denuncie a sus cómplices. Es un terreno en el que no estamos siendo capaces de fijar una frontera moral. No es el único en que esta desgracia social se produce : tampoco hemos delimitado, por ejemplo, hasta qué punto es aceptable la ejecución masiva de ciudadanos para minar la moral al enemigo, forzándolo quizá a rendirse o a desistir de sus ataques. Los americanos mataron fuera de batalla a cientos de miles de japoneses en Hiroshima y Nagasaki, pero no ha habido guerra en que no se haya aplicado algún método cruento para aterrorizar a los ciudadanos enemigos.

Zero Dark Thirty no se plantea en realidad el problema moral de la tortura, ni ningún otro problema moral. Los americanos quieren venganza por los tres mil muertos de las Torres Gemelas, y no dudan de su derecho a ejecutar a Bin Laden sin ninguna clase de traba legal o procesal. Es la vieja y muy primitiva idea de que el derecho no rige en casos de venganza. Pero, repito, la película no se plantea este ni ningún otro problema moral. La película se limita a contarnos magistralmente cómo se localizó a Bin Laden y cómo se le dio muerte.

Claro está que toda narrativa obliga al resumen, y que todo resumen es interpretación : el film, omitiendo datos y eliminando dudas o matices, acaba convirtiéndose en un alegato contra la aplicabilidad del Derecho cuando los gobernantes deciden que está en peligro el bien común. Es difícil pensar en una tesis más peligrosa, más directamente abocada a culminar en dictadura.

Hay quien ha recordado a Leni Riefenstahl al ver Zero Dark Thirty : Naomi Wolf, en concreto. Su carta a Katherine Bigelow, publicada en The Guardian el 4 de enero de 2013, no puede ser más terminante en su cierre : « Igual que Riefenstahl, eres una gran artista. Pero ahora serás recordada para siempre como una sierva de la tortura ».

Los maravillosos documentales de Riefenstahl contribuyeron sin duda a sembrar el nazismo en muchos espectadores de la época. Uno no puede sino preguntarse cuántos seguidores del Mal Necesario creará esta soberbia película.

© Ramón Buenaventura, 2013

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