A moro muerto, gran lanzada

2017/07/19 Deja un comentario

Un viejo refrán español que ya nadie osa utilizar, porque es políticamente incorrectísimo, decía: «A moro muerto, gran lanzada», queriendo expresar la idea de que una vez derrotado el enemigo es fácil hincarle la lanza a su cadáver. Ha muerto el tal Blesa, o lo han muerto. Supongo que nunca sabremos la verdad. Ya están soltando tinta los calamares. Ya está desparramándose la habitual y muy hábil estrategia de confusión en torno a todo lo que perjudica al PP.

En los bajos fondos de mi persona, las partes de mí que quiero rechazar y normalmente mantengo bajo control riguroso, me ha alegrado su muerte, porque no creo que fuese a recibir ningún otro castigo, porque estoy seguro de que habría salido de rositas, libre y descargado de todas sus culpas, como han salido y saldrán tantos otros ladrones desalmados del Poder.

Si alguien lo apreciaba de verdad, lo siento por ese alguien.

A él no le clavaré la lanza, ahora. Ya da igual.

Viejo memorioso (oxímoron)

2017/07/18 Deja un comentario

Oxímoron es un término que hace veinte años solo conocíamos y utilizábamos (con escasa frecuencia) unos pocos cultilatiniparlos con afanes de lucimiento léxico. Ahora se ha vuelto más popular, aunque no sé hasta qué punto. En todo caso, lo que seguramente ignoran muchos de sus usuarios es que ‘oxímoron’ procede directamente del griego ὀξύμωρον (oxýmoron), y este del adjetivo ὀξύμωρος (oxýmoros), de ὀξύς (‘oxýs) ‘agudo’ o ‘ingenioso’ y μωρός (morós), ‘estúpido’. O sea que viene a querer decir «listostúpido», y de tal significado absurdo se deriva el actual de «Expresión en la que se emplean dos términos incongruentes o contradictorios» (1). En principio, aquí en España, el chiste que más se hacía con el término (siempre entre cultilatiniparlos, repito) era «Pensamiento navarro»; y también «ensayista guatemalteco». Sí, muy insultantes ambos ejemplos, pero no me los estoy inventando.

Y ahora no me queda más remedio que añadir, en plan exhibición de achaques calurosos: pensaba basar algún comentario en el párrafo que antecede, pero he alargado demasiado la introducción y se me ha olvidado lo que iba a escribir.

Otro oxímoron: viejo memorioso.

(1) Datos copipegados de Wiktionary.

Ustedes vosotros

2017/07/17 Deja un comentario

Pues sí, pues sí, la segunda persona del plural del imperativo del verbo ir es un problema y, según acaba de chivarse Pérez Reverte vía Twitter, la Academia ha decidido aceptar «iros», alegando que nadie emplea la forma correcta. Muy bien.

Conviene tener en cuenta, sin embargo, que «vosotros» solo se utiliza en España, y no en toda ella (1), y que, por tanto, el nuevo permiso académico únicamente será aplicable a una pequeña porción de los hispanohablantes. Los demás dicen «vayan [ustedes]», y les trae sin cuidado lo de «iros».

O sea que la cosa apenas tiene importancia.

(1) «Vosotros» no es general en Andalucía y desde luego no se da en Canarias.

A propósito de Lula da Silva

2017/07/15 2 comentarios

Entiéndase que esto no es un intento de defender al ex presidente brasileño Lula da Silva, cuyos hechos y decires solo conozco superficialmente. Lo único que quiero señalar a su respecto es que en Brasil, más aún que en España (y ya es decir), la Justicia padece bajo el poder del Ejecutivo y, por consiguiente, no creo en ella. No sé si Lula habrá incurrido en las corrupciones que se le achacan. No me sorprendería que sí, que fuese culpable, porque apenas quedan políticos que no sean culpables, en este mundo. No puedo, sin embargo, conceder la menor credibilidad al tribunal que acaba de condenarlo a unos cuantos años de cárcel.

Y esta insuperable desconfianza mía en la Justicia me entristece la calurosa mañana del 15 de julio de 2017. Con la canícula reventona.

Cierto que ningún sistema puede garantizar o controlar totalmente la equidad de los jueces. Los jueces son personas, tienen sus propias ideas, sus inclinaciones naturales o adquiridas, sus propios alcances culturales y sociales, sus prejuicios, sus veleidades. De ahí las diversas vías previstas para enmendar sus sentencias, mediante un sistema de apelaciones que, en última instancia (nunca mejor dicho), puede llegar hasta los más altos tribunales, donde nunca decide una sola persona, sino un equipo más o menos equilibrado de juristas experimentados. Es un mecanismo frágil, muy propenso a la avería, pero a los seres humanos no se nos ha ocurrido todavía ninguno mejor. Y podría funcionar sin demasiado daño.

Pero.

Si es el Ejecutivo quien nombra a los jueces clave para las posiciones de control y, además, impone las sentencias… Apaga y vámonos. Hemos liquidado la Democracia. Sería más eficaz y más barato que el Gobierno decidiese directamente, sin disimulo ni rebozo.

Repito: no sé si Lula habrá cometido los delitos que se le achacan; pero no logro creer que su culpabilidad o inocencia haya sido debidamente juzgada por el tribunal que lo ha condenado.

(Conste que esta situación no es nueva para mí. He vivido 35 años y cinco meses bajo Franco, cuyo Régimen tenía establecido un sistema legislativo prácticamente idéntico al actual, en la estructura y en los principios, en el proceso y en las garantías. La enorme «pequeña diferencia» era que los jueces no podían tomar ninguna decisión que no le pareciera bien al Gobierno.

Entonces éramos conscientes de vivir en una Dictadura, sin embargo, y no esperábamos justicia, sino cambio. Ahora somos demócratas, oiga.

Y estamos tristes por la Justicia.)

Apunte sobre la pequeña historia de la Nueva Atlántida, la Ciudad Internacional de Tánger

2017/07/11 2 comentarios

Tánger en dos fases

El Tánger legendario empezó quizá en los años treinta del siglo pasado, con largos antecedentes; se afianzó durante la guerra ―a pesar de la ocupación española de 1940 a 1945―; y fue añadiendo coplillas a su romancero hasta bien entrados los sesenta, a pesar de que ya en 1958 había perdido su condición de ciudad internacional. En este proceso hay dos fases perfectamente diferenciadas:

Durante la primera, que se prolonga hasta finales de los cincuenta, Portada Tánger 16-24Tánger es una ciudad española casi como otra cualquiera, salvo el pequeño detalle de que allí no mandaba España (a pesar de su peso demográfico), ni estaban mermadas las libertades, ni había escaseces, sino al contrario; es decir: salvo el pequeño detalle de ser un paraíso de tolerancia religiosa (muy controlada y sin intercambio ni apenas convivencia), de modos de vida distintos e incompatibles (que sucedían en paralelo, sin gran convivencia, tampoco), de apertura a las manifestaciones creativas y culturales de Occidente (a las películas y los libros prohibidos en la península), y de indiferencia política (todo el mundo miraba hacia otro lado en esta materia, aunque, claro, las autoridades y personalidades españolas fueran franquistas sin opción posible y las restantes autoridades y personalidades procedieran todas de países donde regía la democracia. (Como habrán observado, se me olvida la población marroquí, muy mayoritaria, pero sin apenas presencia protagonista o de mando en la marcha de la ciudad.)

Durante la segunda fase, a partir de la independencia de Marruecos (1956) y, sobre todo, de la eliminación de la mejor esperanza que albergábamos los tangerinos (a saber: que el sultán respetase nuestro estatuto internacional), empiezan a exiliarse los europeos y los sefardíes, la ciudad va marroquinizándose progresivamente y se pone en marcha la mitificación de unos cuantos residentes que llevaban allí algunos años sin que nadie les hiciera un caso especial: los escritores y artistas diversos procedentes en su mayoría del mundo anglosajón, encabezados por Paul Bowles, que contó con la inestimable colaboración pagada de unos cuantos talentos marroquíes indiscutibles y de algún que otro español (entre los que destaca, sin duda alguna, Emilio Sanz de Soto, que antes había tenido serios problemas de ostracismo, porque las fuerzas vivas españolas no podían aceptar su homosexualidad). Esta fase de la leyenda tangerina ocurre, repito, en los años sesenta, y no tiene ya nada que ver con el Tánger del Estatuto ni, en realidad, con el propio Tánger: sus protagonistas eran todos forasteros, sin vinculación con la ciudad, permanentemente reunidos entre ellos, sin más contactos con los tangerinos que los inevitables cuando se vive en en las mismas calles ―y los evitables pero no evitados.

Francisco de Asís Serrat y Bonastre
Tánger 1916-1924: Radiografía de la ciudad del Estrecho en vísperas del Estatuto
Edición e introducción de Bernabé López García

Lo más destacable de este libro es que no se aplica a ninguna de las dos fases de la leyenda tangerina, sino a una época anterior, un agitado periodo de empujones y carreras y malicias entre las «grandes potencias» para ver cuál de ellas ejercía el poder en Tánger tras la entrada en vigor del Estatuto internacional (1923-1956). Y lo que mejor ilustra es la ya tradicional y al parecer incurable torpeza de los gobiernos españoles en todo lo tocante a Marruecos. Nunca pudimos con los franceses (que, a pesar de su escasa presencia en la ciudad, acabaron apoderándose de casi todos los mecanismos de mando y control), como tampoco podemos ahora, en el terreno diplomático, económico, social, con las autoridades marroquíes. Nunca acertamos en nada, a pesar de las grandes dosis de buena voluntad que pusieron en el asunto muchos, muchísimos españoles afincados en Marruecos.

Serrat y Bonastre no es un literato, pero tiene vis descriptiva, y el panorama general que hace del Tánger en que residió durante ocho años ―de sus personajes, de su ambiente, de sus tejemanejes―no solo resulta creíble, sino sobre todo muy importante para comprender lo que sucedió después. Es lectura justa y necesaria para todos los interesados en la historia más corta de la Historia, es decir el nacimiento, desarrollo y desaparición supitaña de la Ciudad Internacional de Tánger.

Por otra parte, sería erróneo no avisar al lector de que en este caso la arraigada costumbre de saltarse los prólogos no debe prevalecer. La introducción de Bernabé López García (que, con tenacidad, trabajo, profundidad de análisis, paciencia y, me atrevo a añadir, considerables dosis de amor a la ciudad, ha acabado por convertirse en la máxima autoridad española en temas tangerinos) es absolutamente indispensable para la buena asimilación del libro, por no decir que en realidad es más apreciable aún que el texto de Serrat y Bonastre. Léanla todos.

Tangerinos y tangerinizados.

Poema antiguo, vivido y vivible

2017/07/10 Deja un comentario

Un poema de 1982, publicado en Vereda del gamo (Hiperión). Me emociona ahora de tal modo que no puedo terminar de leerlo. Nada de lo que menciono existe ya, porque el jardín ha cambiado totalmente. Y mi hijo de tres años tiene ahora 38.
Sigue ahí, sin embargo, fuerte y crecido, el mismo amor que sin decirse crea los versos.

TOCAR
Las retamas estallan con la fija delicia de un siglo japonés;
pero más amarillos son los pasos de duende
que marcan por la hierba las bravas margaritas.
Ha enloquecido el sauce joven.
Las mariposas me rizan el aire de niñas olvidadas.
Los perros se alivian del pelo,
las urracas se acercan
a punto de pasarse a las palomas.
Aviva los geranios el vuelo colibrí de la esfinge plumosa.
Los albaricoqueros se aprietan en el fruto,
en las brevas la higuera; los guisantes de olor
—rojos, blancos, azules, malva —
se tupen en el muro; sus zarcillos
se han asido a los dardos que olvidé en la diana.
El lagarto se ocupa
de frenarle los ritmos a la sombra.
Mi hijo de tres años se ríe de rojo al ver
las estentóreas amapolas.

No es la dicha: es la vida
para mirada por el hombre;
es el gusto del ciclo,
el placer de encajar.
Crecer acompañado.

Jesús Munárriz disparata un poco con el premio Cervantes. :-)

2017/07/09 Deja un comentario

EL PAÍS, BABELIA, 8 de julio de 2017… Jesús Munárriz se ha vuelto loco: lean, por favor, la última pregunta y la última respuesta del texto de Babelia que incluyo al final. Pero, hombre, le agradezco mucho, muchísimo, el disparate. Supongo que el pobre entrevistador habrá tenido que buscarnos a Conget y a mí en Google. 🙂

Aprovecho para recordar que Conget es un excepcional escritor (del que hace demasiado tiempo que no sé nada), y para recomendar la lectura atenta y gozosa de cualquier obra, de toda la obra de Jesús Munárriz, una de las dos o tres personalidades más determinantes de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, y de ahora… Y perdonen ustedes que no les diga nada de este Ritmos rojos del siglo en que nací, porque acabo de enterarme de su publicación, y no lo he leído. De lo que no tengo duda alguna es de que quiero leerlo ya.

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