Verano reverano

2017/06/22 Deja un comentario

Me llega una publicidad de sí sé dónde, pero para qué decirlo, proponiéndome: «Disfruta del veranito etc». ¿El veranITO? Estoy ahora mismo a 31 grados en mi cuarto de trabajo, con dos ventiladores puestos, uno de techo y otro lateral. Sobran todos los diminutivos. Esto es un verano denunciable en juzgado de guardia. [Y conste que los he vivido peores, en mis tiempos de Alcazarquivir, cuando llegábamos a los cincuenta grados y mi madre cerraba la casa a cal y canto y baldeaba el suelo y solo nos aventurábamos al sol, unos minutos, cuando pasaba Curro —que también repartía las cartas por la mañana— con su carrito de los helados (¡helao, mantecao, polo!), y los niños salíamos a jugar a la calle a las doce de la noche. Pero es que entonces hasta mis padres eran jóvenes 🙂 ]

Every Writer Was a Youngster Once

2017/06/22 Deja un comentario

Playground: Parafraseando a William Blake (uno de los poetas más parafraseables, es decir más manipulables), podríamos decir: «Every writer was a youngster once» (1). Y sí: ahi tenemos 20 fotos de chicos y chicas que luego escribirían libros famosillos, famosos y famosísimos.

(1) Blake escribió «Every Harlot was a Virgin once», que no es lo mismo, ni parecido.

20 escritores que también fueron muy jóvenes aunque parezca imposible

Ajoblanco contra los ajos negros

2017/06/22 Deja un comentario

Bueno, pues que no les pase nada. Claro está que un servidor no puede sino alegrarse (mucho) de este nuevo retorno de AJOBLANCO, que tanto leí, sobre todo en su primera época; pero la verdad es que de cincuenta mil ejemplares papeleros (que difícilmente llegarán a venderse, además) no cabe esperar mucho impacto en las opiniones de masa que hoy determinan la opinión pública. Ojalá me equivoque. [Sí: es un tantico frustrante llegar a los 77 años, como llegaré el domingo que viene, en el convencimiento de que al ser humano, en general, le vendría estupendamente que yo estuviese equivocado en todo.]

Ajoblanco, la revista libertaria, vuelve con una tirada de 50.000 ejemplares

Tras 17 años de ausencia, la revista Ajoblanco, pionera de la contracultura en la España de los 70, vuelve esta semana a los kioscos, con una …

ELDIARIO.ES

Por el no sexo hacia DDDios

2017/06/19 Deja un comentario

Habría mucho que pensar y escribir sobre los malandrines que convirtieron la cancelación del sexo en una de las vías principales de acceso a DDDios (las tres mayúsculas indican que me estoy refiriendo al dios de los cristianos, que es, como todo el mundo sabe, triplúnico, igual que la Diosa Blanca). Pejes santos como Pablo, Agustín y los ginófobos o misóginos de los primeros siglos de la Iglesia ―adelantándose en un par de milenios a otro malage 1 llamado Freud― nos explicaron con rotunda claridad a los cristianos 2 que el único modo de agradar verdaderamente a DDDios consiste en «sublimar» el rijo. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque ese pecado fue precisamente el que nos costó el lindo paraíso terrenal 3. Dios no quiere que usemos la dotación genital más que para genitalizar. Gustitos ni uno.
     Es una idea tan elemental, tan absurda, tan cretina, que uno no comprende cómo pudo asentarse en cabezas de primer orden 4, en gente tan talentuda que incurría incluso en la genialidad ―como san Agustín, san Pablo, santo Tomás―… Creo que ya he rozado el tema antes, aquí mismo: la inteligencia superior no excluye la insania localizada en zonas concretas del conocimiento o la experiencia, y, claro, es mucho más peligrosa para los demás que la inteligencia normal. Cuando se pone al servicio del error, del disparate, de lo dañino o contrahumano, el genio lo hace tan bien, con tanta solvencia y eficacia como hace todo lo demás. Y mete a los seres humanos en unos líos tremebundos.

1 Sí, escribo malage con g, porque creo que procede de «mal ángel», pronunciado al modo andaluz.
2 Nos pongamos como nos pongamos los ateos en general y apóstatas en particular, no existe método alguno para dejar de ser cristiano, porque nos impregnaron en la infancia con todos los memes de la religión, y la infancia nunca se supera del todo.
3 Uno se pregunta cómo se habría desarrollado la humanidad en el paraíso, todos por ahí, triscando en pelotas por las praderas del Señor, acariciando animalitos feroces pero mansos al pasar, total, completa y absolutamente desocupados.
4 Hay una explicación tan elemental como la propia idea: es indiscutible que el impulso sexual frustrado puede estorbar notablemente el buen cumplimiento de los deberes profesionales y sociales, sobre todo en la grey testosteronera; ello, según los sabios, aconseja: pensar en otra cosa —en DDDios, por ejemplo— o, si no se puede, mantener fuera de la vista a las mujeres, puertas del diablo. Todo menos eliminar la frustración por el propio sexo, claro.

Esta llamémosle «reflexión» procede de un artículo que acabo de leer:

How St. Augustine Invented Sex

He rescued Adam and Eve from obscurity, devised the doctrine of…

newyorker.com

Gracias te sean dadas, Françoise Sagan

2017/06/18 Deja un comentario

BONJOUR, TRISTESSE fue una megabomba literaria en 1954, y ese mismo año, o quizá al siguiente, lo leí, porque lo había comprado mi padre en la Librairie des Colonnes y estaba en casa. Su autora, una chica que me llevaba solo cinco años, fue, con Graham Green y José Mallorquí, mi principal maestra literaria en aquellos tiempos adolescentes, en espera de que, poco después, antes de mis dieciocho años, me hicieran irrupción en la cabeza otros autores más rotundos: Jean-Paul Sartre, Hemingway, Scott-Fitzgerald.

En 1956, cuando se hizo evidente que nos tendríamos que marchar de Tánger (donde mi abuelo materno llevaba viviendo desde 1911, donde había nacido mi madre, donde nacimos mis hermanos y yo), empecé a escribir una novela cuyo protagonista adolescente ―ante la perspectiva del destierro a España, y la traición de su amada, y una trágica experiencia durante una excursión al Bosque Diplomático― toma la decisión de suicidarse, sentándose ante el tren en la vía del Tánger-Fez que entonces pasaba por detrás de los balnearios; pero se aparta en el último segundo, cae rodando por el talud de arena, se levanta, se sacude, y piensa: «Tal vez vivir». Les di a leer el glorioso texto a algunos de mis amigos, y ellos empezaron a llamarme Paco Sagán.

No fue por que detectaran la influencia de Françoise (de hecho, creo que desde casi todos los puntos de vista la novela es más bien greeneana), sino porque en Tal vez vivir había una utilización del deseo sexual y sus impulsos ―más que del sexo propiamente dicho― que entonces era tabú y que había escandalizado al mundo entero en Bonjour, tristesse, y también un rechazo de los adultos, de los principios y modos de vida de los padres, que sin embargo no procedía tanto de la literatura como de la película Rebel Without a Cause, también recibida por aquellos años.

No, no se preocupen ustedes. Tal vez vivir es la única de mis cuatro o cinco novelas de antes de los veinticuatro que, por motivo sentimental, no ha sido presa de las llamas ―en un implacable festival de autocensura que me organicé a los veintiséis―, pero no tengo la menor intención de publicarla, ni creo que ningún editor sensato la aceptara. Hay trozos de ella en El año que viene en Tánger y en El corazón antiguo, y ahí termina la cosa.

Si escribo esta notita, ahora, es porque esta mañana, con la calor, me he despertado con mi adolescencia playera en la memoria, me he visto con el Meyba a cuadros correteando por la playa, me he acordado de tantísima belleza y tantísimo esplendor físico y tantísimo entusiasmo literario, y me han venido unas ganas de enormes de darle las gracias a Françoise Sagan.

Merci bien, Françoise.

Semana cada vez más Santa

2017/04/13 Los comentarios están cerrados

Si alguien quisiera conocer mi opinión sobre la Semana Santa en España, quizá prefiriese abstenerme de contestar, porque aún no he estudiado a fondo ese curioso delito de ofensa de los sentimientos religiosos que han introducido en el Código penal, no sé cuándo ni cómo (despiste mío, sin duda: no afirmo que se hiciera de tapadillo).
     Así, a ojo, sin datos reales en que basarme, creo que los seguidores y practicantes de la Semana Santa vienen a ser los mismos, más o menos, que los seguidores y practicantes de la tauromaquia (no digo que sean las mismas personas —habría que medir la coincidencia—, me refiero a la cantidad): un minoría no muy poblada, pero suficiente para mantener la rentabilidad y el funcionamiento de tan tradicionales prácticas. En ese sentido, nada que objetar a las procesiones, ni siquiera su utilización del espacio público, que tantísimo molesta a Javier Marías, año tras año. Son solo una semana, y también cortan el tráfico en las ciudades para celebrar maratones o para que los ciclistas se den placenteros paseos por las avenidas normalmente ocupadas por los automóviles. Las pintorescas carrozas de tracción humana, cargadas de efigies de no muy alta calidad artística y sobrecogedoramente kitsch, escoltadas por individuos disfrazados de no se sabe qué, tienen su atractivo turístico y, evidentemente, en algunas zonas de España su prohibición o limitación por las autoridades podría dar lugar a levantamientos parecidos al motín de Esquilache. Repito: nada que objetar.
     Me parece intolerable, en cambio, que esta actividad religiosa y claramente minoritaria en su práctica y en su aceptación se imponga a todo el país desde los medios oficiales y desde el respeto a unas tradiciones totalmente incomprensibles en nuestro tiempo. Yo recuerdo las viejas Semanas Santas. Recuerdo cómo nos entristecían la vida, incluso en la Ciudad Internacional de Tánger, recuerdo el recorrido obligatorio de las «estaciones», la asistencia obligatoria a mítines litúrgicos, la prohibición de cantar o silbar, la aparición en las carteleras de los cines españoles (afortunadamente, no todos los cines eran españoles en Tánger) de todo un surtido de películas sacras. Hasta hace poco, he vivido en el convencimiento de que aquellos tiempos habían pasado, o estaban pasando, pero este año, dentro de la tónica general de retirada hacia el franquismo (y el nacionalcatolicismo) que estamos sufriendo, veo que vuelve el antiguo tono, que las cadenas privadas de televisión se someten a la santa censura, que hay que poner hasta banderas a media asta, que las procesiones reciben más respaldo mediático que nunca.
     Y no sé si me deprimo más que me encolerizo, o viceversa.

Defensa ordena izar la bandera a media asta en todos los cuarteles por la muerte de Cristo

Una orden interna establece que "desde las 14:00 horas del Jueves Santo hasta las 00:01 horas del Domingo de Resurrección, la enseña nacional ondeará a media…

ELDIARIO.ES

Humilde pregunta

2017/01/06 8 comentarios

A veces se pregunta uno: ¿Cómo es posible que personas con cierta cultura literaria (de nivel alto, incluso), bien leídas, bien informadas, con criterio para valorar lo que escriben los demás, no se den cuenta, en cambio, cuando crean ellos —relato, poesía, da igual—, de que lo suyo es malísimo?
     No hace falta que me lo digan: sí, también es posible que yo padezca esa ceguera. Nadie puede estar seguro, nunca.