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Archive for the ‘General’ Category

Las mujeres calladas

2017/11/22 Deja un comentario

Observando lo que ahora ocurre entre y con las mujeres, tiene uno la impresión de que el método más eficaz para tenerlas calladas a todas o casi todas, durante siglos ―milenios―, consistió en convencerlas de que no debían expresarse, de que debían ocultar a la sociedad sus verdaderas personalidades, para no verse criticadas, excluidas o incluso castigadas; porque sus personalidades eran malas, antisociales, débiles, pecadoras. Había un molde oficial de feminidad, y las mujeres no debían, de ningún modo, dar a entender que no se ajustaban a él. Aceptada esta necesidad de ocultación permanente, los demás controles casi sobraban: a muy pocas mujeres «decentes» se les ocurría ponerse a escribir, pintar, hacer música, llevar la contraria a los hombres, competir con ellos… Fue, de hecho, una especie de conspiración: mientras los hombres llevaban el mundo a su guisa y capricho, las mujeres creaban una tupida red de comunicaciones entre ellas a la que jamás accedía ningún macho.

Así nos hemos pasado, los hombres de mejor voluntad, siglos y más siglos sin saber cómo son las mujeres. Inventándolas en nuestras fantasías, en nuestras leyendas, en nuestros escritos, que jamás comparábamos con la realidad, sencillamente porque no conocíamos la realidad. Creímos en las brujas o en las hadas o en las princesas o en las femmes fatales, no creímos en las mujeres normales.

Ahora que las mujeres hablan, empiezan a hablar de veras, me da muchísima pena que no lo hayan hecho antes; me da muchísima pena comprender que casi todas las mujeres que he conocido en mi vida se han considerado obligadas a omitirme la verdad.

Hagan tiempo, si pueden, para ver este documental de las danesas Léa Glob y Mette Carla Albrechtsen (2016). Lleva subtítulos en francés.

https://www.youtube.com/watch?v=6SNdYGEBHoU

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Meditación ajena sobre el islam, desde dentro

2017/11/21 Deja un comentario

De su entrada en Wikipedia no se desprende con claridad si Kamel Daoud vive o no vive en Argelia. En todo caso, este artículo suyo que reproduce Les Moutons Enragés es muy rotundo y muy valiente y (a mi entender) muy veraz. No hay islamofobia en describir los males de las sociedades islámicas, si se hace con mero y honrado ánimo de contribuir a una mejora de la situación… Por otra parte, me ha gustado una observación de Douad que recoge Wikipedia: escribe en francés, y no en árabe, porque la «lengua árabe está atrapada por lo sagrado, por las ideologías dominantes». El castellano también estuvo atrapado, durante siglos, en la trampa del Dogma, y aún no se ha liberado por completo (sí en América: esa fue la principal aportación de los bumeros). Me remito a este texto de León Aulaga en El año que viene en Tánger (Ed. Debate, 1998-99):

26. LOGOFOBIA
[…]
Hombres de los siglos XVI y XVII encumbraron la lengua castellana capaz de expresar una cultura viva y creadora.

     Una asombrosa hazaña, la mejor de aquella época, tan rica en proezas que el tiempo ha desmentido.
     Pero la lengua así creada llevaba en la sangre el virus de la parálisis (lo perfectamente ajustado a una determinada realidad no puede crecer ni adaptarse cuando esa realidad se descompone); apartada ya de los tiempos, arrumbada, su cultura aún no ha perdido del todo la fe en las demostradas falsedades que creían sus mejores hablantes de antaño.
     Luego hablar español es una fe trasnochada. La lengua española cree en el Imperio, en la justicia social directamente distribuida por Dios Padre, en el derecho de tutela del hombre sobre la mujer, en el honor vinculado a la entrepierna de las santas esposas y las santas hijas, en la fatalidad, en la eficacia del rezo devoto para superar las crisis políticas y económicas, en la indignidad del trabajo, en el pecado que Dios perdona machaconamente, en el Papa Infalible, en la maldad de los sarracenos y de los judíos, en el destino manifiesto de la Nación Española y su justo título para gobernar el orbe, en la superioridad de la fe sobre la ciencia, etcétera
     Y todos los descreídos la hablamos mal, por extranjeros.
     Yo nada gosta sitoasión, yo quiri cambia.

La mauvaise foi absolue des musulmans décrite par Kamel Daoud…

Souhaitons qu’il y ait de plus en plus de musulmans lucides comme Kamel Daoud. Kamel Daoud est un écrivain et chroniqueur algérien. Dans les pays où ils sont minoritaires, les musulmans sont …

lesmoutonsenrages.fr

COGITACIÓN MUYMUYMUY DEBATIBLE

2017/11/15 Deja un comentario

No sé si cuando decimos ―como se está diciendo, y quizá sea cierto― que casi todas las mujeres del mundo han sido víctimas de alguna forma de acoso sexual, estamos también diciendo que casi todos los hombres, cuando pueden, si pueden, acosan a las mujeres.
     Es posible: en el mundo animal, casi todos los machos poderosos acosan a las hembras, llegando incluso a matarles las crías de otro macho para asegurar que son sus genes propios los que se reproducen.
     Quizá no haya vuelta de hoja: quizá esta agresión esté en la naturaleza de la especie humana.
    
Lo cual demostraría, sin lugar a dudas, que el ser humano debe apartarse de su naturaleza, domeñándola y superándola en todos los aspectos.
     De hecho, aunque no se diga casi nunca, es lo que llevamos haciendo en buena parte del planeta desde el principio de la Historia, cambiando nuestra forma de vivir (mucho), de convivir (no tanto), de utilizar el entorno (muchísimo, hasta la osadía suicida).
    
Parece que ahora nos toca reformar en profundidad el modo de convivir, algo que apenas hemos modificado desde las cavernas, donde cabe suponer que ya los más fuertes mandaban y los más débiles obedecían.
    
Hay que establecer sociedades en que no tenga efecto ni pueda aplicarse la desigualdad impuesta por la naturaleza.
    
Larga y difícil será la tarea: creo, incluso, que aún no somos muchos quienes la consideramos necesaria

Pero la llevaremos a cabo, si no nos cargamos antes el planeta y dejamos de existir.

Indispensable control del castigo

2017/11/09 Deja un comentario

Las redes sociales multiplican el efecto de la llamada «opinión pública», ampliándolo y acelerándolo hasta extremos antaño impensables. Ello hace que los «delitos de opinión pública», que siempre han existido ―cualquier acción u omisión o expresión que los fijadores de opinión consideren rechazable―, ahora resulten expuestos, juzgados y condenados de un modo tan rápido y potente que fuerzan reacciones de castigo ejemplar muy graves y totalmente ajenas al sistema judicial. Por poner un ejemplo: antes de las redes, el conocimiento de los desmanes sexuales del actor Kevin Spacey quedó reducido a unos cuantos cientos de personas, sin trascender a otros entornos, sin hacer que quienes podían frenarlos e incluso castigarlos se sintieran obligados a actuar. Ahora, con las redes sociales, Kevin Spacey ha empezado a recibir su castigo a las pocas horas de la primera denuncia.
     Lo malo de los delitos de opinión pública es que no están tipificados en ningún código y, por lo tanto, no dan lugar a ningún juicio con garantías legales. La acumulación de testimonios nos lleva a pensar que Kevin Spacey es un chulángano que se cree con derecho a todo porque es famoso, poderoso en su ámbito y rentable para el sistema (*); pero lo cierto es que no tenemos modo de contrastar la veracidad de todas esas acusaciones. Lo único que nos lleva a aceptarlas, en bloque, es que son muchas y están relatadas en las redes con los ingredientes narrativos necesarios para hacerlas creíbles
     A pesar de este tremendo inconveniente jurídico ―podríamos hablar de indefensión del acusado, incluso―, a pesar del evidente riesgo de linchamiento, confieso que este refuerzo de la opinión pública por efecto de las redes sociales se me antoja positivo al menos en un aspecto: permite la difusión y castigo de conductas humanas que casi siempre han quedado y siguen quedando impunes. Pero tendremos que encontrar el modo de controlar los excesos, los abusos, las mentiras. Difícil.

(*) El abusador típico tiene poder en una determinada estructura social ―lo heredó (es el hijo del dueño), lo logró (por sus éxitos profesionales, por algún golpe de suerte, por manipulación)―, dentro de la cual se le considera necesario o rentable o, en muchos casos, necesario y rentable.

Querida Juana, mal llamada Beltraneja

2017/10/21 3 comentarios

En varias ocasiones he dado a conocer, con total desvergüenza, mi predilección por lo que podríamos llamar la «opción Beltraneja». En pocas y locas palabras: que los partidarios de la hija de Enrique IV, apoyados por la casa real portuguesa, hubiesen derrotado a los partidarios de la usurpadora Isabel, y que España, por llamarla de alguna manera, se hubiese constituido mediante la unión entre los reinos de Portugal y Castilla.
     Evidentemente, la situación actual no tiene marcha atrás: la usurpadora Isabel, apoyada por nobles y clérigos castellanos de dudosa catadura y muy mentirosos, casó con Fernando, y España ―por llamarla de alguna manera― se constituyó mediante la unión entre los reinos de Aragón (del que formaba parte Cataluña, claro) y de Castilla.
     Esta catástrofe, ocurrida hace medio milenio, aún tendría arreglo, sin embargo: que nos dejásemos de cuentos tártaros y creásemos los Estados Unidos de Iberia, por acuerdo entre todos los ciudadanos de esta península y con riguroso respeto de la personalidad jurídica y social de todas las repúblicas federadas.
     Luego, que el llamado Felipe VI creara el Partido Borbónico y se presentara a las elecciones para la presidencia de la República de España cada cuatro años ―perdiéndolas, por supuesto, pero manteniendo representación parlamentaria.
    
Aquí no se debería tratar de excluir a nadie, sino de incluirnos todos en un país que, francamente, y perdonen la blasfemilla, sería la hostia.

Sí.

Patria y otras palabras

2017/10/09 Deja un comentario

Es una verdadera pena que la palabra «Patria», y todo su merchandising ―la bandera, los himnos, las consignas― estén tan contaminados en España, quizá por los abusos a que llevan sometiéndolos los absolutismos y las dictaduras desde hace siglos. Es triste que tantísimos españoles encojamos el cuerpo para prevenir el golpe cada que vez que algún político dice «patria», que no logremos amar a la bandera como la aman en otros países, incluso de nuestro entorno, que nos sintamos españoles, quizá muy españoles, sí, pero de otra España; no de la que hay. La Patria, aquí, pertenece a quienes llevan repartiéndosela desde la confusa creación de España.

No sé cómo se puede enmendar este daño tan viejo, ni veo que nadie esté intentando enmendarlo. No la Derecha, claro, porque sus mandarines son causantes y beneficiarios de la situación. Pero tampoco la izquierda, que recurre tercamente, siempre que se le presenta ocasión, a soluciones inútiles, cuando no imposibles o demasiado fáciles. Está claro que necesitamos una revolución que nos permita incluir la palabra Patria en el himno (1), porque no la hicimos en su momento ―hace dos siglos―, pero también está claro que no sabemos cómo hacerla. Y que, desde luego, no serán los caudillos actuales de Podemos o Izquierda Unida o el Partido Socialista quienes encuentren la solución.

Mientras, hay que apañarse con lo que hay y, por tanto, negociar una salida digna para los callejones sin salida en que nos estamos metiendo. Con la menor catástrofe posible.

(1) Está en la Marsellesa: «Allons, enfant de la Patrie».

Mi depresión catalana

2017/10/03 2 comentarios

[Lo que viene a continuación es una cogitación personal que incluyo aquí buscando quizá la catarsis. No es un texto razonable, no resiste el análisis, no hace falta que lo comenten ustedes, los posibles lectores.]

Estoy buscando explicaciones para justificarme la profunda depresión en que me encuentro ―por Cataluña― y no soy capaz de gestionar. Se me ocurre que quizá sea porque yo viví un proceso lejanamente similar en la adolescencia: la independencia de Marruecos me echó de Tánger, de lo que yo creía mi casa, de la tierra en que había nacido y querría haber vivido para siempre, provocándome un trauma que logré superar con el tiempo, sí, pero nunca del todo. La tensión callejera, las manifestaciones, los cantos patrióticos, los cantos burlones (1), las cargas de la Policía Especial, los franceses con sus porras de madera, los españoles con sus porras de caucho, el botellazo que le acertó a mi padre en un pómulo, la caja de granadas en el vestíbulo de casa, la distancia, de pronto, con los amigos marroquíes, Rifi preguntándome, con lágrimas en los ojos, «pero ¿qué quiere esta gente?» (2), mis descontroladas reacciones de chaval manipulado, ante todo aquello: patriotismo barato de algunos profesores del Instituto Politécnico Español, el miedo de mi familia, la frustración de un hombre como mi abuelo Alberto España, que había vivido todas sus ilusiones en y por Tánger, el espíritu de Reconquista por completar, los errores enormes de los políticos españoles, y antes de los franceses, el odio creciendo por todos los rincones, como mala hierba… Y un día hubo que recoger la casa, meterse en el transbordador, desembarcar en Algeciras y no parar hasta Madrid. A instalarnos en un país que apenas conocíamos.

Ahora comprendo que aquello no era mi tierra, que los marroquíes tenían todos los derechos a su favor, y yo ninguno, que éramos unos simples invasores de larga duración; pero esas cosas las comprendemos con la cabeza y, en lo profundo, los sentimientos no logran asimilarlas. Para colmo, nadie logrará convencerme, nunca, de que la ruptura fuese la mejor solución, la única solución.

Ya sé que es otra historia, Cataluña; pero saber consuela poco, a veces.

(1) Ya se fue Manolo, / Ya vino Bartolo… / Si antes estaba mal / ahora estará fatal. Algunos tangerinos viejos lo recordarán.

(2) Rifi, como su apodo indica, era rifeño; y sí: llamaba «esa gente» a los marroquíes. Luego tuvo que dejar el ejército español y pasarse al marroquí (como hicieron tantos paisanos suyos), y a los pocos años lo enviaron al Sáhara, y nunca volví a tener noticias suyas.