Nostalgia de Julio en julio

2017/07/04 2 comentarios

A las veces me entra nostalgia de Cortázar, nostalgia de mí mismo en los tiempos en que pude leerlo como ya no puedo; nostalgia de creer en su París, en sus cronopios y sus famas, de imaginar amores con su Maga imposible, de divertirme tanto como él con sus enredos literarios, con sus observaciones ingenuas y malvadas, con la literatura más entusiasta, más poseída de la fe en sí misma que la lengua española ha permitido.
A veces casi siempre.

Yo Cuento Relato Poesía

2017/06/30 Deja un comentario

El yo humano es un cuento que nos contamos. Por eso nos gustan tanto los relatos, en cualquiera de sus formas, y la poesía.

Los relatos, porque ponen lógica y hasta causalidad en nuestra percepción de la existencia humana.

La poesía, porque añade un substrato de verosimilitud básica al relato del yo, contribuyendo a que creamos posible lo que sabemos que no es posible.

De Teoría de la sorpresa:

Digresión

La poesía hace tal vez verosímil la existencia del hombre en un entorno que no es hostil ni horrífico, sino sencillamente desmesu­rado para nuestros me­dios de percepción. La poesía no nos lleva a creer —al modo de las técnicas menores— que la reali­dad exterior es pequeña y controlable. La poesía su­prime la sensación de límite: la inteligen­cia se nos vuelve in­finita y, al final del poema, nos cabe el universo.

La poesía hace tal vez verosímil la coexisten­cia del hom­bre contra una estructura social que no es tiránica ni arbitra­ria, sino sencilla­mente in­mune a mis carantoñas de seducción privada. La poesía no nos lleva a creer —como las prosas me­nores— en el ali­vio del dolor humano. La poesía suprime la sensación de límite: gana existencia el alma y, al fi­nal del poema, el cuerpo cabe entero en otro cuerpo.

¡Aplausos!

La poesía es el arte de protagonizar la historia

sin tocarla.

Opiniones y Marías y Gloria

2017/06/29 Deja un comentario

Me gustaría poseer una cabeza más controlada, pero no: se me va de caña, piensa lo que quiere, ignora la objetividad, menosprecia la lógica; no siempre, claro; en demasiadas ocasiones. Sé con toda certeza que no debería opinar sobre lo que desconozco o malconozco, pero opino. Todos tenemos opinión sobre casi todo, recurriendo, si es menester ―suele ser menester―, a la intuición, la sobresimplificación o la magia (esta última es el remedio favorito contra la ignorancia científica).

Somos una panda de falsarios, los seres humanos, y lo sabemos, pero no por saberlo renunciamos a la rotundidad, al desprecio, a la permanente emisión de opiniones que casi nunca nos ha pedido nadie, que casi nunca vienen a cuento.

Pasa, sin embargo, que, antes del apogeo de los medios sociales, a los receptores de nuestra opinión, cuando la expresábamos en público, les resultaba más difícil lanzarnos a la cara su desacuerdo, o lisa y llanamente insultarnos. En mis tiempos de cronista internetero en El Semanal (1997-2005) he recibido insultos y amenazas (incluso de muerte, por no apreciar debidamente las glorias del sistema operativo llamado Linux), pero venían por carta o por email, y todos quedaban entre el denostador y yo; ahora, en cambio, los insultos son también en público (más en público, muchas veces, que la provocación) y los medios los pueden convertir en noticia.

Algunos opinadores retribuidos han descubierto el truco (nada difícil de descubrir) y lo están utilizando para su ventaja. Así, por ejemplo, Javier Marías, que tiene especial habilidad para detectar ―semana sí, semana no― sobre qué tema actual, de buen recorrido en las redes, puede poner el mingo, emitiendo una opinión irritante, que genere controversia y, sobre todo insultos, porque los insultos son más viralizantes que cualquier otra cosa. Sabiendo, como bien sabe, que ninguna reacción negativa, por multitudinaria que sea, llegará a perjudicarle; muy al contrario: el rifirrafe llevará más lectores a sus artículos.

Puede incluso contribuir a la mayor gloria del, de la, o de lo denostado, como sin duda ha ocurrido con su «menos lobos» a la poesía de Gloria Fuertes, de la que sin duda alguna jamás se ha hablado tanto como durante las últimas semanas.

[No voy a entrar en la mayor: no sé si Gloria Fuertes es una gran poeta menospreciada, por la sencilla razón de que no conozco de su poesía más que las cancioncillas infantiles que debieron reportarle sus buenos dividendos cuando se emitían por TVE. En lo que sí estoy de acuerdo con Marías es en que el ninguneo de su alta poesía, si lo hubo, no pudo deberse al hecho de que fuera una mujer, porque en aquellos años incluso estaba de moda valorar con entusiasmo la poesía escrita por mujeres. (Algo a lo que yo contribuí en 1985 con Las Diosas Blancas.) Es más: Gloria Fuertes fue, en vida, un personaje popular, que aparecía en los medios con más frecuencia que muchos poetas y que recibía un trato admirativo y respetuoso. Luego murió y, como les ocurre a casi todos los escritores cuando mueren, perdió su sitio en la actualidad… Hay machismo cultural por todas partes, sí, pero en este caso no lo veo.]

Verano reverano

2017/06/22 3 comentarios

Me llega una publicidad de sí sé dónde, pero para qué decirlo, proponiéndome: «Disfruta del veranito etc». ¿El veranITO? Estoy ahora mismo a 31 grados en mi cuarto de trabajo, con dos ventiladores puestos, uno de techo y otro lateral. Sobran todos los diminutivos. Esto es un verano denunciable en juzgado de guardia. [Y conste que los he vivido peores, en mis tiempos de Alcazarquivir, cuando llegábamos a los cincuenta grados y mi madre cerraba la casa a cal y canto y baldeaba el suelo y solo nos aventurábamos al sol, unos minutos, cuando pasaba Curro —que también repartía las cartas por la mañana— con su carrito de los helados (¡helao, mantecao, polo!), y los niños salíamos a jugar a la calle a las doce de la noche. Pero es que entonces hasta mis padres eran jóvenes 🙂 ]

Every Writer Was a Youngster Once

2017/06/22 Deja un comentario

Playground: Parafraseando a William Blake (uno de los poetas más parafraseables, es decir más manipulables), podríamos decir: «Every writer was a youngster once» (1). Y sí: ahi tenemos 20 fotos de chicos y chicas que luego escribirían libros famosillos, famosos y famosísimos.

(1) Blake escribió «Every Harlot was a Virgin once», que no es lo mismo, ni parecido.

20 escritores que también fueron muy jóvenes aunque parezca imposible

Ajoblanco contra los ajos negros

2017/06/22 1 comentario

Bueno, pues que no les pase nada. Claro está que un servidor no puede sino alegrarse (mucho) de este nuevo retorno de AJOBLANCO, que tanto leí, sobre todo en su primera época; pero la verdad es que de cincuenta mil ejemplares papeleros (que difícilmente llegarán a venderse, además) no cabe esperar mucho impacto en las opiniones de masa que hoy determinan la opinión pública. Ojalá me equivoque. [Sí: es un tantico frustrante llegar a los 77 años, como llegaré el domingo que viene, en el convencimiento de que al ser humano, en general, le vendría estupendamente que yo estuviese equivocado en todo.]

Ajoblanco, la revista libertaria, vuelve con una tirada de 50.000 ejemplares

Tras 17 años de ausencia, la revista Ajoblanco, pionera de la contracultura en la España de los 70, vuelve esta semana a los kioscos, con una …

ELDIARIO.ES

Por el no sexo hacia DDDios

2017/06/19 Deja un comentario

Habría mucho que pensar y escribir sobre los malandrines que convirtieron la cancelación del sexo en una de las vías principales de acceso a DDDios (las tres mayúsculas indican que me estoy refiriendo al dios de los cristianos, que es, como todo el mundo sabe, triplúnico, igual que la Diosa Blanca). Pejes santos como Pablo, Agustín y los ginófobos o misóginos de los primeros siglos de la Iglesia ―adelantándose en un par de milenios a otro malage 1 llamado Freud― nos explicaron con rotunda claridad a los cristianos 2 que el único modo de agradar verdaderamente a DDDios consiste en «sublimar» el rijo. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque ese pecado fue precisamente el que nos costó el lindo paraíso terrenal 3. Dios no quiere que usemos la dotación genital más que para genitalizar. Gustitos ni uno.
     Es una idea tan elemental, tan absurda, tan cretina, que uno no comprende cómo pudo asentarse en cabezas de primer orden 4, en gente tan talentuda que incurría incluso en la genialidad ―como san Agustín, san Pablo, santo Tomás―… Creo que ya he rozado el tema antes, aquí mismo: la inteligencia superior no excluye la insania localizada en zonas concretas del conocimiento o la experiencia, y, claro, es mucho más peligrosa para los demás que la inteligencia normal. Cuando se pone al servicio del error, del disparate, de lo dañino o contrahumano, el genio lo hace tan bien, con tanta solvencia y eficacia como hace todo lo demás. Y mete a los seres humanos en unos líos tremebundos.

1 Sí, escribo malage con g, porque creo que procede de «mal ángel», pronunciado al modo andaluz.
2 Nos pongamos como nos pongamos los ateos en general y apóstatas en particular, no existe método alguno para dejar de ser cristiano, porque nos impregnaron en la infancia con todos los memes de la religión, y la infancia nunca se supera del todo.
3 Uno se pregunta cómo se habría desarrollado la humanidad en el paraíso, todos por ahí, triscando en pelotas por las praderas del Señor, acariciando animalitos feroces pero mansos al pasar, total, completa y absolutamente desocupados.
4 Hay una explicación tan elemental como la propia idea: es indiscutible que el impulso sexual frustrado puede estorbar notablemente el buen cumplimiento de los deberes profesionales y sociales, sobre todo en la grey testosteronera; ello, según los sabios, aconseja: pensar en otra cosa —en DDDios, por ejemplo— o, si no se puede, mantener fuera de la vista a las mujeres, puertas del diablo. Todo menos eliminar la frustración por el propio sexo, claro.

Esta llamémosle «reflexión» procede de un artículo que acabo de leer:

How St. Augustine Invented Sex

He rescued Adam and Eve from obscurity, devised the doctrine of…

newyorker.com