Verdad / falsedad

En general, las verdades humanas son pactadas: nos ponemos de acuerdo en creer algo y lo creemos, hasta que el acuerdo cesa, por la razón que sea, y dejamos de creerlo. Hay verdades científicas que pueden considerarse absolutas (las matemáticas, por ejemplo); no hay ninguna verdad social que pueda considerarse absoluta.

Muchas de nuestras verdades son rotundamente falsas, y lo sabemos, pero seguimos creyendo en ellas.

Añicos de sociedad

Reflexión de Ernst Robert Curtius en el capítulo I de Literatura Europea y Edad Media Latina (uno de los libros de mi vida, sin duda), con Toynbee en mente:
«En cada cultura hay minorías dirigentes que, por medio de la atracción y de la irradiación, obligan a las mayorías a seguirlas. Cuando esas mi­norías sufren una atrofia de su vitalidad creadora, pierden su poder mágico sobre las masas no creadoras; la minoría creadora ya no es entonces sino una minoría dominante; esto conduce a una secessio plebis, a la aparición de un proletariado interno y externo, y, en consecuencia, a la pérdida de la unidad social.»
Claro está que cuando la unidad social se pierde, además, por causas ajenas a esa minoría creadora (la inmigración tremenda de los últimos años, por ejemplo; la quiebra del cristianismo, antes; la reinstauración de la esclavitud por la vía económica, ahora), ¿habrá algo o alguien capaz de recomponerla? Y ―pregunta siguiente― ¿qué ocurre cuando toda una cultura, la Occidental, empieza a darse cuenta de que está hecha añicos y ya nadie puede juntar los trozos? O, preguntado en otras palabras: ¿qué puede hacer la «intelectualidad» en una situación así, aparte de reconocer su catastrófica impotencia?
Y, sin embargo, tiene que haber algo que pueda hacerse. Me encantaría disponer de un Dios a quien pedirle todas las mañanas que a alguien se le ocurra una solución factible, más allá de los ensueños bobalicones de que todavía parece alimentarse gran parte de la gente de buena voluntad (no mencionemos los ensueños de mala voluntad, tan terroríficos como estamos comprobando). Pero al Dios de los hombres, hasta ahora, solo se le han ocurrido soluciones dogmáticas incompatibles con la vida real…

Yeats: una precuela del apocalipsis

Si la gente leyera poesía como ve series de televisión o traga tweets, no habría nadie más eficaz, ni más peligroso, que un buen poeta para imbuir sentimientos en el lector. Creo, por ejemplo, que este es el poema más catastrófico jamás escrito, una especie de precuela del Apocalipsis, la inminencia del fin: «y qué áspera bestia, su hora al fin llegada / se arrastra hacia Belén para nacer». Ahora da casi miedo leerlo. [Sí, bueno, se me olvidaba: William Butler Yeats.]

THE SECOND COMING

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in the sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

John Barth recordado

De vez en cuando recuerdo, o alguien me recuerda a John Barth, y recupero el largo e intenso placer de lectura que me procuró al menos una de sus novelas, The Sot-Weed Factor (1), sin descartar otras dos o tres que me resultaron más difíciles de leer (2).

El artículo que más abajo enlazo propone, con una curiosa frialdad o falta de expresión entusiasta, la conveniencia de recuperar su figura y su prestigio (3), para hacerlo llegar a un mayor número de lectores actuales. No sé si ello es posible, a estas alturas, porque una vez que se sale del circuito de recomendaciones universitarias que sostiene el tinglado literario ―sobre todo en Estados Unidos, pero también en otros países (4)―, es muy difícil entrar de nuevo.

En todo caso, aprovecho para recordar mi placer y sugerirles que quizá no les resulte imposible disfrutar con The Sot-Weed Factor.

(1) En español se llama El plantador de tabaco, y la tradujo Eduardo Lago.

(2) Every Third Tought y Giles Goat-Boy, que recuerde ahora.

(3) Muy aguados desde hace tiempo, ciertamente.

(4) Quizá también en España. Las recomendaciones que hacen los profesores crean norma. Hay escritores (pienso en José Luis Sampedro, por ejemplo) cuya intensa práctica de lecturas en institutos contribuyó fuertemente a consolidarle el éxito.

https://lithub.com/john-barth-deserves-a-wider-audience/

Vonnegut preferido

Nunca he sido muy capaz de dar respuesta sincera a la pregunta «x favorita», que tantas veces se hace en las entrevistas más patateras: «flor favorita», «color favorito», «catástrofe favorita». No tengo nada favorito, tengo decenas de preferencias que se abren y se cierran, crecen y decrecen, recuerdo u olvido. Tengo, sobre todo, obras y personas que amo.

Hoy, sin embargo, he leído en BABELIA un artículo de Laura Fernández titulado «Aprenda a escribir con Kurt Vonnegut». y al final me he preguntado si no estaré ocultándome la realidad, si no será que sí, que sí tengo, por lo menos, escritor favorito. Sus muchos libros me parecen buenísimos, algunos y no muy buenos, otros, e incluso malos, dos o tres; pero él es siempre Vonnegut, el escritor que trabaja la literatura con las manos, que la siente hasta en los dedos de los pies, que solo tiene cabeza para los mundos que va creando, que, además, y para colmo de bienes, me habla de ser humano a ser humano. No de escritor a ser humano; de ser humano a ser humano: esta es mi experiencia, la convivo contigo.

Y al considerar esto último descubro, a mis ochenta años casi cumplidos ya, el motivo de que me repugnen tanto los escritores, los poetas, los escribidores varios, que se pasan los días y las noches proclamándose tales y que solo escriben como tales y que nunca me suenan a personas cuando se expresan. Los hay a almanta.

Si yo pudiera enseñar a escribir, quizá resumiera mi lección en un solo consejo: «Nunca escribas como escritor; solo como ser humano; la escritura es una herramienta de expresión que debes dominar, pero no un fin».

Uf.

República rojigualda

Sí, es un reto, y no precisamente trivial: hay que recuperar la bandera, porque esta gente se la ha apropiado (aunque no es solo apropiación indebida lo que ha ocurrido; es también dejación por nuestra parte). (Y, por favor, si hacen ustedes comentarios, que sean realistas: en este momento histórico no hay absolutamente ninguna posibilidad de derogar la monarquía, proclamar una nueva república y cambiarnos a la bandera tricolor.) (Con la que tampoco me identifico, dicho sea de paso. Yo quiero, cuando se pueda sin meter en la cárcel o ejecutar a la mitad de los españoles, una república rojigualda. Para qué cambiar de bandera. Hace ochenta años que terminó la guerra, hace más de cuarenta años que empezó de veras la democracia.) (Y sí: bandera y bando son palabras emparentadas [la Academia se contradice al respecto, en sus entradas].)

La protesta contra el Gobierno se ha envuelto en la bandera constitucional. Los partidos progresistas tienen ante sí el desafío de recuperar un símbolo que se ondea en su contra y cuyas connotaciones históricas siempre suponen un escollo.

Información sobre este sitio web

PUBLICO.ES

La izquierda, ante el reto de recuperar la bandera de España que ondea en su contra

No basta con la cultura

Soy lector empecinado, pero sin noción religiosa de la lectura. No creo que leer salve de la necedad, ni del egoísmo, ni de la falta de solidaridad humana, ni de las concepciones monstruosas de la sociedad. Conozco excelentes lectores, personas de muy buen criterio literario, cuyas actitudes y comportamientos vitales son absolutamente despreciables.

Sospecho, incluso, que la cultura pueda ser dañina para algunas cabezas, porque su selecto proceso de adquisción y posterior empleo nos suelen provocar una grave soberbia: soy superior, pertenezco a una minoría de uno, no estoy sometido a las leyes, hago y digo lo que me da la realísima gana. Dos o tres (por lo menos) intelectuales españoles de gran prestigio y desprestigio (1) encajan bien en esta descripción.

Más que cultura, creo que los seres humanos necesitamos formación en los principios básicos de convivencia: respeto de las personas y de las normas pactadas, solidaridad, compasión, captación y comprensión de los sentimientos ajenos, control de la tendencia natural al abuso, noción de la vida como obra colectiva… Tantísimos (2).

Pocos de los cuales se adquieren leyendo libros maestros, ni escuchando músicas maestras, ni mirando cuadros maestros (3). Todo eso es placer personal.

(1) Estas personas, por lo general, son admiradas y detestadas a partes casi iguales.

(2) No sé si alguien habrá elaborado alguna vez una lista de los principios básicos de convivencia deseables.

(3) Menos aún entregándole la cabeza a la droga llamada poesía, fuente indudable de placer, cuando es muy buena (no suele serlo), pero causa también de un grave síndrome de pérdida de contacto con la realidad, perfectamente descrito en uno de los versos más ilusos jamás pergeñados: «La belleza es verdad, la verdad belleza… eso es todo lo que sabes del mundo, y todo lo que necesitas saber» (John Keats lo expresa con rotunda elegancia, pero la equiparación entre belleza y verdad ya está en Platón.)

Elena Pallarés recién conocida

Cuánto ignoro. No hay día en que no me asombre (y avergüence) mi ignorancia (que también es placer, porque promete que no me aburrirá la vida, por menos que la viva).

Hoy se me ha revelado, tempranito, un desconocimiento fuerte. Por casualidad, entro en la página de Antón Castro y leo DOS POEMAS DE ELENA PALLARÉS. Son tan buenos, que me remiten de inmediato a Google. Bien. He aquí una poeta desmesuradamente poeta cuya existencia desconocía.

De todas las palabras que dijiste
sólo recuerdo la palabra
adiós y el gesto de tu mano.

Buscaré sus libros.

ANTONCASTRO.BLOGIA.COM

DOS POEMAS DE ELENA PALLARÉS | Antón Castro

Androides letales

Dicen por ahí —y no sin claros indicios para decirlo— que Trump es un androide creado por los chinos para arruinar a los Estados Unidos. Los americanos lo saben, pero no encuentran el modo de desactivar al muñeco… Tampoco cabe descartar que haya por ahí otros androides, pero made in USA, en otros países. Aquí, sin ir más lejos.

El Gobierno y la Bestial Oposición

Si esto fuese lo que los intoxicadores dicen que es (una dictadura comunista con concesiones prácticas al capitalismo, como China, o una dictadura UPcomunista enloquecida como Venezuela), el gobierno nos diría lo único sensato que en este momento podría decir cualquier gobierno: QUÉDENSE EN CASA, PORQUE NO SABEMOS CONTROLAR EL VIRUS DE OTRA MANERA. Pero no. Esto es una democracia occidental, y el gobierno español, como el de todas las demás democracias occidentales, está obligado a reconocer nuestro derecho a comportarnos como nos dé la realísima gana, con un poquito de control (eso sí). La Brutal Oposición, además, se ocupa de proclamar en todo momento ese supuesto derecho, llegando incluso a acusar al gobierno de estar asesinando a miles de españoles por culpa de las medidas adoptadas.

La verdad es que no sé cómo duermen por la noche, ninguno de ellos. Ni el gobierno, por la horrorosa tarea que le ha tocado desempeñar, ni la Bestial Oposición (aunque también sea cierto que las bestias no suelen padecer de insomnio ni de conciencia).

El irlandés de Escocia

Jameson es el whisky que un servidor de ustedes lleva consumiendo normalmente (con incursiones más caras de vez en cuando, según capricho y regalos) desde hace ya mucho años, aunque ahora la duración de las botellas se me haya alargado muchísimo. Es el whisky irlandés por antonomasia, tiene un saborcillo especial y no se pasa de precio. Lo que yo no sabía ―acabo de enterarme― es que el fundador de la destilería, John Jameson, no era irlandés. Nació en Escocia, en 1740, y no se trasladó a Irlanda hasta los treinta y tantos años. Ya ven. Qué raro destino nacional.

Titulares contra recientes en Facebook

Por motivos que resulta difícil comprender, Facebook se empeña en hacernos ver POR DEFECTO los titulares que la propia maquinaria del sistema escoge. De ahí que muchos de ustedes solo vean los posts de unas cuantas personas. La solución es muy sencilla: pásense a «Ver historias más recientes». Para hacerlo hay que pinchar en «Últimas noticias» y marcar «Más recientes». [En el móvil, las tres rayitas y lo mismo: «Más recientes».] Pruébenlo.

Lo malo es que la opción «Titulares» se restablece en cuanto recargamos la página.

Una solución consiste en instalar en el navegador la extensión Social Fixer, que, entre otras muchas opciones, ofrece la posibilidad de hacer permanente el acceso a las «Últimas noticias». Es lo que yo he hecho.

Carta no suficientementa abierta a los mamarrachos y mamarrachas de las cacerolas

Otro de los textos sensatos que escriben quienes saben más (que yo, sin duda) y que apenas se leen. Este es de Agustín Estrada Peña, Catedrático, Departamento de Patología Animal – Área Sanidad Animal – Facultad de Veterinaria – Universidad de Zaragoza.

Queridos conciudadanos de la cacerolada de las 9:00 PM:

Pretendo escribir unas líneas a vosotros, los que hasta hace un mes erais expertos entrenadores de fútbol, a la par que avezados especialistas en mecánica de coches, y en las últimas semanas sois expertos en pandemias. A vosotros, quienes no tenéis ni idea de qué es R0 pero lo manejáis con soltura mientras la familia cena. A vosotros, que no sabéis distinguir entre letalidad y mortalidad, pero no os importa, porque lo verdaderamente serio es mostrar la indignación de la ciudadanía.

¿Por qué el gobierno ha actuado tarde?

Por la economía. Si se cierra un país a todo tipo de actividad económica porque hay cuatro personas que tosen mucho, y nada más, la caverna mediática hubiera condenado a los responsables con el estigma de “quieren destruir el país”. Se esperó hasta que se comprobó que, realmente, la cosa iba en serio y que había que tomar medidas. Hubo en momento en que los datos pintaron realmente feos, y ahí (tarde) se comenzó a actuar. Se actuó tarde por dos razones. La primera porque es un nuevo virus. Aunque seáis expertos en pandemias, no tenéis ni idea de qué son los segmentos S, M, y L de un virus y cómo se recombinan. No os lo voy a explicar aquí, pero debéis de saber que aparecen virus nuevos de los que no tenemos ni idea de cómo funcionan. Es como si estáis en el bosque y no sabes si estáis viendo enfrente de vosotros un mirlo o un feroz oso. No sabéis cómo se comporta. Mejor esperar a ver qué hace. Y eso hicimos.

La segunda es porque los chinos mintieron. Desde el principio. Esto sí que os lo voy a explicar porque es adecuado para los especialistas en pandemias. Desde aquella epidemia de SARS en China, existe un sistema de vigilancia temprana y de alerta rápida en el país. Cada vez que se detecta un caso de neumonía “extraña” se debe comunicar a Pekín (perdón, Beijing). Pero eso acarrea ceses fulminantes y esas cosas de los chinos, y los responsables de sanidad de Wuhan decidieron que estaban mejor callados. Hubo un día que se les fue la cosa de las manos.

Os diré que el primer caso declarado es de finales de noviembre de 2019, por lo que el virus, con lo que sabemos hoy, podía estar circulando ya entre agosto y septiembre. La comunidad científica admite hoy que todas las cifras de infectados y fallecidos son falsas. Se ha calculado comprobando el tiempo que han funcionado las incineradoras de Wuhan en los últimos meses. Es decir, estábamos ciegos ante lo que nos venía.

¿Por qué hicimos mal el cierre de fronteras?

Porque es un virus diferente y no sabíamos que estaba ya “dentro”. Como sois especialistas en pandemias (reconvertidos de entrenadores de fútbol) podéis consultar nextstrain.org/ncov y comprobar que la introducción del virus se produjo en Europa en algún momento de Navidad, procedente de Shanghai, con dudas acerca de si fue en Reino Unido o en Islandia. Sí, Islandia, la gente también viaja allá. Navidad. Vosotros estabas discutiendo con el cuñado mientras ese virus entraba y luego os daría mucho juego de conversación con la familia. Pensadlo otra vez: Navidad. Aquí empezamos a preocuparnos en marzo, cuando el virus se había amplificado y nos dimos cuenta.

¿Por qué no hemos hecho pruebas rápidas? Antes que nada, todos estáis manejando las siglas PCR como si fueran algo normal en vuestras vidas. Debéis de saber que en condiciones óptimas una PCR suele llevar unas 4 horas de tiempo y costar unos 40-50€. El hecho de que se estén realizando unas 20.000 diarias en España (a día de ayer, 5 de abril) os dará una idea del esfuerzo. Si además os cuento que un termociclador (permitidme que introduzca una palabra nueva a los expertos en pandemias, pero es el cacharro que se usa para hacer una PCR, no sirve la sartén de vuestra casa) cuesta unos 10.000€, os daréis cuenta del esfuerzo.

Todos estáis hablando de las «pruebas rápida» (me niego a llamarlas «test», yo escribo en castellano) pero aún pensáis que se trata de una especie de magia que apunta a un individuo y aparece una luz roja. Pues no. Hay dos tipos. Una intenta detectar los antígenos del virus. En otras palabras, el método intenta encontrar si hay proteínas del virus en una persona. Pero el Centro Nacional de Microbiología comprobó que la sensibilidad era de un 30%. Es como si en un control de alcoholemia de la Guardia Civil se escapa el 70% de los borrachos. ¿Verdad que no sirve para nada? Por eso se devolvieron. Pero, claro, el Ministro es un torpe. Después se ha venido trabajando con pruebas que permiten conocer si una persona ha desarrollado inmunidad al virus. ¿Para qué? Ahora sabemos que antes de que una persona desarrolle inmunidad, puede llevar 5-7 días transmitiendo el virus. Estas pruebas nos dirán quienes han estado en contacto con el virus. Estas pruebas rápidas nos darán datos acerca de la infección intra-domiciliaria. Poco más.

¿Por qué es distinto este virus, por qué no hay respiradores?

Sabemos hoy que el virus se multiplica en la garganta a niveles simplemente brutales. En aproximadamente un 30% de las personas (pero también hay diferencias genéticas) el virus puede pasar al pulmón. No sabemos por qué, pero las células que se encargan de nuestras defensas, al ver la inmensa carga vírica, sueltan toda la artillería. Un gin-tonic está bien, pero ocho son demasiados. Aquí pasa lo mismo. Los enfermos graves lo están porque su sistema inmune se ha pasado de la raya.

Oh, los respiradores. Vale, os lo explico. Seat, Ford, Volkswagen fabrican coches al ritmo que saben que se van a vender. Lo mismo con los respiradores y las mascarillas. La fábrica produce sus artilugios al ritmo que se van a vender, y no invertir más dinero en cosas que no tienen salida. Yo no puedo ir a Seat y decirles “mañana quiero 30.000 coches”. No se pueden hacer. Pues es lo mismo. Pero, claro, el ministro de Sanidad es un torpe porque así lo han decidido los ex-entrenadores de fútbol.

¿Y qué hay de los modelos?

Mi frase favorita es la de un premio Nobel de Economía, quien dijo «si torturas suficientemente a los datos, puede que terminen confesando». Quienes hayan leído los informes del Imperial College (lo que proporciona un grado supremo de Experto en Pandemias) habrán constatado que en España “debería haber” entre 2 y 20 millones de infectados. Vamos a volver a leerlo. Es como si vas a la frutería y preguntas por el precio de los tomates. Y te contestan que están entre 2€ y 20€ el kilo. Eso ha hecho el Imperial College. Quien crea ciegamente en eso acaba de obtener el diploma de pajero mental supremo. Repito, no tenemos ni idea acerca de cómo funciona este bicho, y nuestras estimaciones son eso, estimaciones algo laxas.

¿Qué va a pasar?

No lo sé. Si lo supiera ya sería entrenador de fútbol. Pero pienso que la humanidad va a tener una pandemia que se extenderá por todo el planeta, que todos nos acabaremos infectando y que quizás (o no) tengamos inmunidad o se convierta en una vacuna que haya que incluir todos los años en el calendario vacunal. Aquí tengo dos cuestiones. La primera, que nadie piense que una vacuna se hace en un mes. Cuando empiecen a morir voluntarios en las pruebas vacunales, también criticaréis la vacuna y lo demostrareis con otra cacerolada. La segunda, pensad en África y en América. Allí no hay una sanidad como en Europa. Vamos a tener olas de infección secundaria y terciaria por un largo tiempo. Es lo que tienen las pandemias. Pero eso ya lo sabíais, expertos en pandemias.

Espero que, con estas explicaciones simple, aptas para ex-entrenadores de fútbol, os lo penséis dos veces antes de la siguiente cacerolada. Un comentario final: el Capitán «a posteriori» es un personaje que ya existe en South Park. La mayoría de vosotros sois capitanes «a posteriori», y no ayudáis. Quizás vuestros hijos queden impresionados, nada más.

Profesor Agustín Estrada-Peña

Bulería

El bulo más bulero de la facción bestial del PP. [Quiero creer, porque necesito creerlo, que existe una facción sensata, que habrá peperos que se lleven las manos a la cabeza ante el cerrilismo de Casado y de su pérfida maestra y protectora, doña Esperanza Aguirre.]

Las políticas de ajuste, de las que ahora reniega el PP, redujeron los presupuestos destinados a salud en casi 40.000 millones de euros, que están muy lejos de recuperarse con las subidas de los últimos años

PUBLICO.ES

El bulo de que los recortes en la sanidad son un bulo

Las políticas de ajuste, de las que ahora reniega el PP, redujeron los presupuestos destinados a salud en casi 40.000 millones de euros, que están muy lejos de recuperarse con las subidas de los últimos años