Ramadán (رَمَضَان)

Nos sentábamos, Si Hamed y yo, en el borde de la acequia, donde las patatas, cerca de la noria y de la alberca, y esperábamos el cañonazo, mirando la luz vibradora del crepúsculo en el cielo. Tras el eco denso del estampido, Si Hamed destapaba el recipiente de la hharira (حريرة), revolvía un poco, y me permitía cargar la primera cucharada. Recuerdo exactamente el sabor. Exactamente.

Yo no estaba en ayunas, pero qué importaba.

Lo de Liverpool

Yo recuerdo, porque las viví en directo por la tele, anécdotas futbolísticas que casi nadie recuerda ya. Por ejemplo: el Barcelona, con la eficaz ayuda de un árbitro inglés cuyo nombre no he olvidado, impidió que el Real Madrid ganara su sexta Copa de Europa consecutiva. Todavía jugaba Ramallets, uno de mis ídolos juveniles, el gato con alas, lo llamaban. Y fue precisamente él, Ramallets, en un patético fallo, quien provocó la derrota del Barça en la final contra Benfica. Repito: la vi en directo.
     El llamado Barça lleva siendo mi derramasolaces futbolístico desde que llegué a España, desterrado de mi Tánger, en 1958. (Allí, naturalmente, mi equipo era la Unión Deportiva España, cuyo último guardameta, por cierto, fue Munárriz, padre de Miguel Munárriz, persona literaria de la actualidad).
     Pero, precisamente por eso, no concibo mi existencia futbolera (muy poco apasionada: lo confieso) sin ese enemigo tan fuerte, tan temible, tan deliciosamente detestable, tan nutrido siempre de jugadores magníficos, desde (para mí) los hermanos Gonzalvo, Basora, César, Kubala, a los actuales Xavi Hernández, Iniesta, Busquet, Piqué, Messi, quizá lo mejor que han tenido nunca.
     Había dado por supuesto que ganarían este año la Champions, Y, de veras, me ha dolido su derrota en Liverpool. De veras.

Tal vez vivir: La foto que no hice en Almería

La Editorial Universidad de Almería ha publicado un libro titulado Tal vez vivir [1]. Es una antología de mi obra poética preparada con tenacidad y paciencia y hondura por Isabel Giménez Caro, profesora titular de Literatura de la UAL, tras haber leído prácticamente todos los versos, y gran parte de las prosas que he publicado en mi vida. No me considero digno de semejante esfuerzo (dos años estuvo en ello), y mi única reacción posible es agradecerlo.

Yo no tengo tan buena opinión de mí mismo como la que Isabel expresa en el prólogo, pero no hay escritor que no reciba encantado la atención de un buen lector.

La obra fue presentada el viernes pasado, 3 de mayo de 2019, en una carpa de la Feria del Libro de Almería, en la Plaza de la Catedral, con el recinto lleno y con abundante firma de ejemplares al final. Habló primero José Manuel de Amo ―profesor titular de Didáctica de la Lengua de la UAL―, luego Isabel, y luego solté yo unas cuantas ocurrencias y leí varios poemas.

Lo que me habría gustado de verdad es haber tomado una foto del público desde mi posición, pero no se me ocurrió en el momento. Allí estaban nada menos que mi mujer, mi hijo Ramón y Áurea, su mujer; mis nietos, Yago y Alberto (con cara de asombro y perplejidad: qué diablos hará Opa ahí arriba). Solo me faltaba mi segundo hijo, Yago, que había quedado en Pozuelo cuidando el fuerte y atendiendo a su trabajo.

Todo fue muy bien en la presentación, la gente pareció divertirse ―o disimuló hábilmente el aburrimiento―, hubo más preguntas de lo habitual en esos actos, disfruté la muy amable generosidad de Isabel y de su entorno, fue para mí un festival de dopamina.

Lo único que lamento es no haber hecho esa foto.


[1] Como mi novela de la adolescencia, la que escribí a los diecisiete años, que no es publicable, e inédita quedará.

Contra agitprop poderosa, gobierno de los impoderosos

Somos usuarios de medios de comunicación (de agitación y propaganda, deberíamos llamarlos) que solo sufragamos en muy pequeña parte, cuyo coste es enormemente superior a lo que pagamos por ellos. Si los canales de televisión, las emisoras de radio, los periódicos, etc. (largo etcétera tecnológico), nos cobrasen por sus servicios lo que cuesta proporcionárnoslos, de ningún modo podríamos comprárselos. O solo podrían comprárselos los ricos, que en realidad son quienes los pagan ahora.
     Lo que esto quiere decir es tan obvio que lo olvidamos (sí: tenemos una facilidad grandísima para olvidar lo obvio): toda la información que recibimos está pagada por los más poderosos, que la adaptan a sus fines.
     La agitprop ha existido desde el principio de los tiempos, pero la tecnología la ha hecho incontrolable, por no decir ominipotente. Uno de los más principales objetivos de los ciudadanos impoderosos debería ser: encontrar el modo de anular esta arma, esta Gran Berta de los poderosos.
     Mientras no lo consigamos, el mejor paliativo —el único, tal vez— será que mantengamos a la izquierda en el gobierno con nuestros votos.

Hespaña, con hache

Hay que empezar a distinguir: a partir de ahora voy a escribir Hespaña, con hache (decisión etimológicamente correcta, por cierto), para distinguirla de España, territorio irrecuperable de la contrarreforma española. En serio. Llevo tiempo pensando que deberíamos habernos exiliado todos —los izquierdosos devotos del cambio hacia el progreso, quiero decir— a México, por ejemplo. Seguro que allí les sobra terreno que ceder para que nos organicemos los 20 o 30 millones de hespañoles.
Porque esto, aquí, no parece tener arreglo.

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SILENCIO. Poema último

Y SILENCIO (BIS)
Está también el placer
malvado y miserable
del silencio

Bueno, pues este es el último poema que he escrito y también el último de TAL VEZ VIVIR, la egregia antología de mi poesía que ha compuesto Isabel Giménez Caro para la Editorial Universidad de Almería.

Me ha venido el capricho de presentarlo en traducción a ocho idiomas, y ¿quién soy yo para negarme un capricho, a estas alturas?

[Por cierto que ya pueden ustedes comprar el libro en esta dirección:

http://www.diegomarin.net/ual/es/poesIa/948-tal-vez-vivir-9788417261504.html ]

SILENCI (BIS)
Hi és també el plaer
malvat i miserable
del silenci

ETA ISILTASUNA (BIS)
Plazera ere badago
Gaizto eta miseriazkoa
Isiltasunarena

E SILENCIO (BIS)
Hai tamén o pracer
malvado e miserable
do silencio

UND SCHWEIGENS (BIS)
Auch gibt es die Freude
böse und niederträchtig
des Schweigens

ET SILENCE (BIS)
Il est aussi le plaisir
méchant et misérable
du silence

AND SILENCE (BIS)
Wicked and miserable
There is also
The pleasure of silence.

E SILENZIO (BIS)
C’è anche il piacere
malvagio e miserabile
del silenzio

E SILÊNCIO (BIS)
Ha também o prazer
maligno e miserável
do silêncio

[Se agradecerían versiones en otros idiomas.]

Matar y rematar al mensajero

Lo de Assange viene a confirmar la milenaria costumbre de matar al mensajero cuando trae malas noticias. Se ha hecho siempre, es la costumbre, qué remedio. Hasta hace treinta o cuarenta años, aún éramos muchos quienes aceptábamos que la humanidad estaba mal hecha y que nuestro principal objetivo era mejorarla, ya fuera de golpe —¡viva la Revolución!—, ya fuera poquito a poco, con paciencia. Parece que ahora solo quedamos unos pocos con esa ilusión. Ahora lo que priva es reforzar lo de siempre y seguir tan brutos como llevamos milenios siendo.
Pues vale. Enohorabuena.

A la cárcel, por ahora

Tal vez vivir 2.0: Cubierta de la antología y primer poema

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Este es el primer poema que Isabel Jiménez ha incluido en su antología de mi obrísima poética, titulada, como ya sabemos, Tal vez vivir.

     ADIÓS tiene sesenta y un años, o los cumplirá el próximo mes de agosto. Está escrito unos días, quizá unas horas antes de que saliésemos de mi Tánger para siempre. [Sí, he vuelto tres o cuatro veces a Tánger, desde entonces; pero nunca a MI Tánger.]

Adiós

Andrajoso de nubes,

el cielo mira al suelo.

Viejo Cronos,

con su reloj de lágrimas. Me marcho.

Ninguno de estos versos me ha servido de nada.

He intentado quedarme

con Aisha Qandisha.

He intentado perderme

por el sendero rojo entre chumberas.

He intentado arbolarme en eucaliptos.

He intentado esconderme

en una de mis tumbas.

Es inútil. Me marcho.

Viejo cielo andrajoso.

                                                       [Tánger: agosto 1958 [1]]


[1] Yo conocí a Aâisha Qandisha عيشة قنديشة. Era una mujer bellísima, con los ojos como universos oscuros, con el pelo derramado en negro, con zara­güelles de seda cremosa, va­po­rosos, y patas de cabra. Vivía junto al arroyo, en el Had de la Gharbía, en la zona donde se ayuntaban las fuerzas vivas cuando to­caba cir­cuncisión. Dos o tres veces me escapé de casa por la noche, me aposté detrás de unos palmitos y estuve esperando que apareciese. Apareció. Afortuna­da­men­te, nun­ca me quiso ver: me habría secuestrado, como siem­pre hacía con los jóvenes va­ro­nes que se cruzaban en su camino, y ahora estaría yo en alguno de sus pa­lacios de agua, aten­diendo sus caprichos de ninfa (hay peores destinos, ya lo sé).

El sendero rojo entre chumberas llevaba a la ciudad romana de Ad Mer­cu­ri, que se cocía al sol, olvidada, a poca distancia de casa, en el Had, y era mía. Una noche me perdí en el alcantarillado, y me salvó la luna ge­nerosa llena. Mi padre y yo recogimos monedas, que él guardaba en un frasco de cristal, en su despacho de la Intervención. Acabó entregándoselas a alguno de sus superiores, y vaya us­ted a saber dónde irían a parar.

Y, bueno, repito: todo aquello era mío.

Tal vez vivir 2.0

Todavía no tengo la cubierta, de modo que no puedo reproducirla aquí, pero quiero ir anunciando que el próximo viernes 3 de mayo se presentará en la Feria del Libro de Almería un libro titulado Tal vez vivir. Curiosa coincidencia: así se llamaba una novelita que escribí a los diecisiete años, mientras me echaban de mi tierra internacional de Tánger, haciéndome elegir entre seguir viviendo en otro sitio o interrumpir mi existencia por un procedimiento muy «rebelde sin causa» (no: Tal vez vivir 1.0 no se publicará nunca, jamás de los jamases: es malísima).
     Tal vez vivir 2.0 es obra de Isabel Jiménez Caro, profesora de la Universidad de Almería, y contiene una antología de mi obra poética. Lo mejor es el prólogo, sin duda. Los poemas… Qué quieren que les diga: espero que alguno de ellos signifique algo para alguien.

(No, no podré fletar autobuses para que mis hordas de admiradores asistan a la presentación almeriense. Lo siento. Smile )

Carmen de Burgos: LOS TRES LIBROS DE ANA DÍAZ

La gran y casi única especialista en Carmen de Burgos es Concha Núñez, que la tiene muy bien estudiada y expuesta, y que hace unos meses protagonizó en Almería las celebraciones por el 150º aniversario de la  tremenda escritora rodalquilareña. (Sí: tremenda escritora, maestra de un castellano comparable, quizá con ventaja, al de Valle Inclán, y dueña de un desparpajo social y político que la mantuvo en el candelero literario durante los decenios previos al triunfo de la España retrógrada en 1939, pero que le granjeó el consiguiente ninguneo franquista de todos sus libros y artículos. Fue, como tantos españoles y tantas españolas de aquellos años que Franco y sus secuaces extirparon de nuestra Historia, una rotunda partidaria de la imprescindible revolución. Todavía pendiente en demasiados aspectos, por cierto. Muy en peligro, ahora, si en las próximas elecciones se apoderan  del timón los tres partidos más reaccionarios que hemos tenido en España no ya desde la muerte de Franco, sino desde los años cincuenta del siglo pasado —cuando no había partidos, pero sí grupos que se disputaban el ejercicio del poder.)
     Sin detrimento de los méritos de Concha Núñez, Jesús Munárriz publica ahora en su Hiperión Los tres libros de Ana Díaz, tres novelas que hasta ahora no se habían atribuido a Carmen de Burgos y que, sin duda alguna (Munárriz lo demuestra a satisfacción en el prólogo), son de su autoría.
     Es una obra de las que vale la pena mantener en la mesilla de noche, créanme. Lectura instructiva y deliciosa.

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Votar por la justicia, desde el desprecio por los políticos

No hay ningún político español que no me ponga de mal humor: algunos con solo verlos mancillarme la pantalla con sus jetas, otros con sus palabras, ora huecas, ora necias, ora mentirosas. Ante las nuevas elecciones, mi verdadera duda podría ser: por qué votar a ninguno de ellos, por qué no mandarlos a todos a tomar por donde prefieran. Votaré, no obstante, en contra de la derecha, más que a favor de la izquierda. Cierto que de esta no cabe esperar grandes mejoras; no  menos cierto que de la derecha, en cambio, sí cabe esperar grandes peoras. Sobre todo, en lo social, en todo lo relativo al Estado de derecho y las libertades cívicas. Lo económico me preocupa menos, porque la experiencia de los últimos años nos ha enseñado algo que casi nadie expresa, pero que se me antoja importantísimo: en realidad, la economía no depende de los políticos ni de quién gobierne; depende de los ciudadanos. Si España ha salido, en parte, de la reciente crisis, no ha sido desde luego por los incompetentes que la gestionaron y contribuyeron a crearla; ha sido por el esfuerzo y el sacrificio de muchos.
Votaré, pues, por la justicia. Desde el desprecio ya irreversible a todos los políticos.

Flamencos contra la mera idea de España

Cuenta Rodrigo Díez del Canchal en El último negro (Madrid, Alianza Editorial, 2005. VI Premio Fernando Quiñones de Novela):

«Una vez, una flamenca morena, de ojos rene­gri­dos, más paquistaní que latina en el aspecto, me explicó, durante un cóctel bru­selense de pre­sentación de un vino de Jerez, todas y cada una de las barbaridades que los españoles habían cometido en Flandes ―«son un pueblo de brutos», me decía, una y otra vez―, hacién­dome ver, de paso, con algo parecido a un or­gu­llo incongruente, que su color quebrada proce­día de una tatarabuela violada por algún gañán extremeño (luego supe que los extre­meños de aquella época eran casi todos rubios, qué cosas). También me contó una cruenta visita de los Reyes Católicos a la zona, acompañada de muy rigurosas degollinas. Lo relataba con tanta vehemencia, con tamaño realismo, que me dejó tambaleantes las nociones de Historia. ¿Estuvie­ron en Flandes Isabel y Fernando? No, claro que no, por supuesto que no; pero ella, la fla­men­ca de tatarabuela violada, se lo creía. Cuan­do le comuniqué (sonriente) que la comprendía muy bien, porque yo era español, y viéndola me es­taba viniendo ganas de repetir, a título con­me­morativo, la hazaña de mi antepasado ibé­rico, la buena mujer supo tirar de sus reservas de edu­cación burguesa y dedicó la media hora siguiente a pedirme perdón por su falta de tacto. No tuve tiempo de redondeármela, porque me estaban esperando, a las ocho en punto de la tarde, para una degustación de catorce o quince de las qui­nientas y pico cervezas distintas que los belgas dicen producir.»

Y ahora llega la demostración:

https://elpais.com/cultura/2019/03/11/actualidad/1552300345_294295.html#?ref=rss&format=simple&link=guid

Pero esta leyenda colectiva holandesa facilita que muchos flamencos belgas apoyen con entusiasmo cualquier cosa que pueda perjudicar los intereses y la propia noción de España. Es así, qué le vamos a hacer: no tiene rápido arreglo.

Mala postvida, Michael Jackson

Jamás entró el llamado Michael Jackson en mi hit-parade de preferencias o placeres musicales, pero lo que están haciendo ahora con su postvida las jaurías submediáticas me parece de un cinismo pirotécnico. ¿Acaso no ha sabido todo el mundo, en todo momento, que ese transformista dancicantarín era un pedófilo activo y pertinaz? ¿A qué viene ahora montar el escándalo, como si acabásemos de enterarnos? Aburren.

La cultura del Renacimiento en Italia

Alguien me pregunta por los libros más importantes de mi vida. La primera respuesta que me aparece en la cabeza es «ninguno», porque no detecto influencia de ningún libro concreto ni en mi forma de ver la vida ni en mi forma de vivirla. De pronto, sin embargo, reconsidero: sí, sí que hay por lo menos un libro que me reorientó en un momento clave: LA CULTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA, de Jacob Burckhardt (1818-1897), un clásico que me pasó de su biblioteca mi abuelo Alberto España cuando yo tenía 17 años, o quizá ni eso. El Renacimiento fue la primera gran rebelión de los europeos contra la cultura oficial, impuesta y controlado por la Iglesia mediante esa arma de exterminio mental llamada religión. Yo necesitaba una pauta para superar otra aplastante cultura oficial, la del franquismo y, otra vez, la Iglesia; de ese libro, combinado con la libertad ambiental de mi Tánger Internacional, la obtuve…

28 de abril de 2019: elecciones generales en España

El derrumbe de Podemos, implacablemente provocado por un amante de sí mismo llamado Pablo Iglesias, solo deja a la izquierda una esperanza: que el 28 de abril el PSOE obtenga mayoría absoluta, o casi. No hay ningún otro modo de evitar que la TriDerecha esté gobernando ya el próximo verano, con las feísimas consecuencias para España fácilmente previsibles. No soy ningún enamorado de Sánchez. Conozco todas las acusaciones que se le hacen y pueden hacérseles a él y a su partido desde la propia izquierda. No voté PSOE en las últimas ocasiones.

Pero ahora, en este momento, en esta coyuntura, no reconozco ninguna otra posibilidad realista de evitar el desastre ultraderechoso que se nos viene encima. Esa es la prioridad absoluta. Votaré PSOE el próximo 28 de abril. Luego, si hay suerte y los españoles despiertan de su alucinación política colectiva, ya veríamos el modo de mejorar la gobernanza.

Repito: votaré PSOE el próximo 28 de abril.