Mitades incompatibles de un país sin montar

Uno de los muchos y muy graves problemas de España como país es la falta de un pacto de convivencia: nuestra política siempre ha consistido en eliminar el adversario, mandarlo al exilio, matarlo, amontonar sus huesos en fosas comunes, borrar incluso su recuerdo; jamás en pactar un modo de convivencia. Nuestra llamada «derecha» (que es de hecho un avatar del capitalismo absoluto) solo tolerará una izquierda inoperante, es decir una izquierda que sostenga la ficción democrática pero que en realidad no haga nada demasiado perjudicial para los intereses de quienes llevan siglos manejando con toda soltura el corrompido cotarro*. La izquierda, por su parte, solo toleraría (utilizo el condicional porque en realidad la izquierda que propugna cambios sociales fuertemente contrarios a los intereses del capitalismo absoluto nunca ha gobernado en España) una derecha callada y aguantona.

Nadie quiere ningún pacto, si pacto significa hacer alguna concesión al adversario.

No parece, pues, que tengamos buen arreglo, que podamos llegar, algún día, a constituirnos en un país vertebrado.

De modo que, lamentablemente, solo me queda un motivo para preferir un gobierno de izquierdas: que su acción sirva para frenar en parte, algo, aunque solo sea un poquito, la tendencia al abuso absoluto que manifiesta nuestra derecha**.

* Otro problema: el «cotarro» ―el país― es obra del absolutismo monárquico, de las decisiones e intrigas palaciegas: en su creación no intervino en ningún momento la inexistente voluntad popular. (Sí, inexistente: el «pueblo» informado, capaz de crearse una voluntad y tratar de aplicarla, no ha existido nunca, en ninguna parte, y menos en España.)

** En cuanto a un eventual «abuso absoluto» de la izquierda, no creo que deba preocuparse nadie: es tal el desequilibrio de poder real ―a favor de la derecha― que semejante posibilidad no existe: acabamos de ver lo que pueden hacer los poderosos para anular por completo el supuesto intento de revolución de Pablo Iglesias.