Pero ¿cómo puede morirse Juan Marsé?

Creo que es el único escritor cuya obra he ido leyendo entera, libro por libro, según la publicaba, desde Encerrados con un solo juguete (que compré en el Café Gijón de Madrid, cuando lo vi en el exhibidor que entonces tenía instalado el cerillero, junto al puesto de tabaco) a lo último de lo último, más difícil de seguir, porque las publicaciones se le dispersaron un poco. No me habría importado ser amigo suyo, pero no lo fui. De hecho, solo coincidimos en dos ocasiones, y ello, seguramente, sin que él se enterara de mi presencia. La primera fue en una taberna de la calle de la Ballesta adonde nos llevó Javier Rioyo tras no sé qué presentación en la Feria del Libro. La segunda en el Cock de Madrid ―templo sustituto de la progresía literaria tras el abandono de Boccaccio―, una noche, estando él en compañía de Vila Matas, Eduardo Mendoza, Javier Cercas, puede que algún otro. Recuerdo que me presentó Vila Matas al grupo, que me senté con ellos y que no dije una sola palabra, ni me enteré de nada de lo que ellos decían, por el ruido ambiental. Poco tiempo, después, un Sant Jordi, me encontré en Barcelona con Javier Cercas, y no lo reconocí, y el hombre se enfadó conmigo, con mucha razón.

            Pero Marsé. Para mí, con poca duda, el escritor español más representativo y con mejor talento de nuestra época. Su muerte deteriora la vida.

Autor: RamónBuenaventura

Spanish writer

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