Al éxito por la obviedad

Hace ya muchos años —veinte, treinta—, Francisco Umbral tuvo uno de sus frecuentes episodios de crueldad vengativa y dijo de un poeta —enemigo suyo por alguna umbralina razón— que poseía el «don de la obviedad». El trallazo era injusto, pero casi genial, como correspondía al enorme talento peyorativo de su autor. Desde que leí aquello me viene interesando el tema de la obviedad, porque se me hizo obvio que sin talento para percibirla y comunicarla al lector no hay éxito posible en el campo de la literatura actual. Dos casos de difusores magnos de la obviedad, o tres: TACHADO POR LA AUTOCENSURA.