Vonnegut preferido

Nunca he sido muy capaz de dar respuesta sincera a la pregunta «x favorita», que tantas veces se hace en las entrevistas más patateras: «flor favorita», «color favorito», «catástrofe favorita». No tengo nada favorito, tengo decenas de preferencias que se abren y se cierran, crecen y decrecen, recuerdo u olvido. Tengo, sobre todo, obras y personas que amo.

Hoy, sin embargo, he leído en BABELIA un artículo de Laura Fernández titulado «Aprenda a escribir con Kurt Vonnegut». y al final me he preguntado si no estaré ocultándome la realidad, si no será que sí, que sí tengo, por lo menos, escritor favorito. Sus muchos libros me parecen buenísimos, algunos y no muy buenos, otros, e incluso malos, dos o tres; pero él es siempre Vonnegut, el escritor que trabaja la literatura con las manos, que la siente hasta en los dedos de los pies, que solo tiene cabeza para los mundos que va creando, que, además, y para colmo de bienes, me habla de ser humano a ser humano. No de escritor a ser humano; de ser humano a ser humano: esta es mi experiencia, la convivo contigo.

Y al considerar esto último descubro, a mis ochenta años casi cumplidos ya, el motivo de que me repugnen tanto los escritores, los poetas, los escribidores varios, que se pasan los días y las noches proclamándose tales y que solo escriben como tales y que nunca me suenan a personas cuando se expresan. Los hay a almanta.

Si yo pudiera enseñar a escribir, quizá resumiera mi lección en un solo consejo: «Nunca escribas como escritor; solo como ser humano; la escritura es una herramienta de expresión que debes dominar, pero no un fin».

Uf.