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Maestra de títeres

Ya habrán observado ustedes que no suelo hablar de libros actuales, ni en este Librillo ni en Facebook. Es actividad que me granjeó, en tiempos (cuando colaboraba en DISIDENCIAS, el suplemento literario que mantuvo DIARIO16 en los años ochenta), sañudos enemigos; por insensato e imprudente, sin duda. Así, en términos generales, lo mejor es que un escritor reduzca al mínimo menos grosero sus menciones públicas de otros autores contemporáneos. Hablar bien se toma por adulación interesada o por amigoteo. Hablar mal, por envidia. O sea: chitón.
     Voy a hablar hoy de Carmen Posadas, sin embargo. [En la cual se dan dos circunstancias que aconsejarían mi silencio. Primera, que es muy (muy) amiga mía. Segunda, que tiene (mucho) más éxito que yo como escritora.]
     Ocurre, sin embargo, que esta nueva novela suya ―La maestra de títeres―, apenas publicada, me ha conquistado el ánimo. Carmen es, obra por obra, una fabuladora habilísima, capaz de montar y sostener las historias más difíciles de contar sin incurrir nunca en disparate ni dar la impresión de que no ha puesto el suficiente empeño; sin perderse en divagaciones ni anécdotas de relleno. Tuvo bastante razón Manuel Vázquez Montalbán cuando, a raíz de la publicación de Cinco moscas azules en Alfaguara, la comparó con Balzac. Son palabras mayorcísimas, sí, pero es cierto que en la obra de Carmen aparece con frecuencia un impulso de Comedia Humana que la separa de la mera narración entretenida: el afán de ser testigo, de contribuir al conocimiento de las realidades sociales y a su valoración.
     La maestra de títeres expone varios decenios ―desde los arranques de los años 50 a la actualidad― de alto famoseo madrileño-marbellí, digámosle aristocrático, con la deseable falta de caridad y sin la menor saña: así os conozco, así os cuento. Dirán ustedes: ¿y a mí que me importa el famoseo aristocrático madrileño? Pues miren, sí (y por ahí es por donde me conquista el ánimo a mí): importa, porque leyendo la novela se da uno cuenta de que este entramado social de damas y caballeros, pollos pera y señoritas finas, chupópteros variados, folclóricos y folclóricas, criadas, chóferes, ha sido tan determinante en nuestra historia reciente como cualquier otro grupo social mejor o peor visto. Uno de los corazones de España latió durante muchos años en la calle Serrano de Madrid.
     El enorme mérito de La maestra de títeres consiste en convertir en Comedia Humana una trenza de historias que, con otra enjundia, podría perfectamente haberse publicado por entregas en la revista HOLA, con las fotos correspondientes. Y, a la vez, en contraponer a este corazoneo malvado la presencia y protagonismo de otros personajes que, de manera sorprendente, se las apañan para mantener una nobleza humana.
     En serio: léanla.

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