Lo que cuesto

¿Debería darme vergüenza? Tengo cinco prótesis, cinco añadidos artificiales a mi cuerpo serrano: una cadera artificial de titanio; dos audífonos (uno para cada oído, claro); una pieza dental superior; una pieza dental inferior… O no, perdón: son siete añadidos, porque también me sustituyeron por sendas lentes artificiales los cristalinos pochos de ambos ojos, tras operarme de cataratas.

Y para qué hablar de las medicinas, que también son unas cuantas, ni de los quince mil y picos euros al año de la pensión.

Les voy costando a ustedes una pequeña fortuna, queridos y generosos compatriotas

Hace dos o tres años, un médico usaíno de cierto prestigio publicó en una revista de su gremio una propuesta pelín swiftiana, y lógica por ende: que se nos retiren las ayudas médicas a todos los que rebasamos los 75 años, dejándonos a nuestra albur. Si aguantamos, pues muy bien. Si no aguantamos, pues hale: a morirse, que es lo que toca a estas edades (pongamos que se nos reconociera el derecho a algún tratamiento paliativo, en todo caso).

No voy a ser yo quien lance tan despiadada proposición, pero sí quiero dejar aquí constancia de que me siento muy culpable. No valgo lo que cuesto.

4 Comentarios

  1. ¡Bravo! Me encanta tu mala leche.
    Nos estás saliendo carísimo, no sé si nos compensa.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

  2. No estoy de acuerdo: ¿y lo que nos has dado? Yo me he criado (perdóname el tú) con tus traducciones de Rimbaud, y si conozco a una señora llamada Sylvia Plath es exclusivamente gracias a ti (por cierto, hermosa presentación la que me hiciste en un tomito ya gastado, por releído, de la colección Hiperión). Por no decir que eso me llevó a obras tuyas donde no eras solo feliz intermediario, como los poemas de ‘Eres’ o los relatos de ‘La memoria de los peces’ (narraciones deliciosas con notas casi tan deliciosas).
    Estoy por decir que eres injusto, y que a los que amamos las palabras bien dichas –las tuyas o las que nos has hecho entender de los otros– nos has salido muy barato. Pero mucho, Ramón. Un abrazo.

  3. Me parece muy loable tu sentimiento de culpa (o creo que más bien vergüenza) por sentirte una carga para la sociedad, pero como empecemos a medir todo únicamente por el dinero, mal vamos.

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