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Tribus

Hay una modalidad de satisfacción humana cuyo nombre ignoro: cuando alguien de nuestra tribu hace algo bien ―destacar, sobre los demás, en lo que sea―, nos sentimos confirmados. ¿En nuestra adscripción al grupo, en lo positivo de las diferencias con las restantes tribus? ¿En nuestra ¿superioridad?? Es una inclinación profundamente enraizada en el yo social (o tribal), muy difícil, por no decir imposible de contrarrestar. Funciona por redes capilares, además: de lo español en general podemos llegar a la más diminuta aldea conquense en particular (pongamos por caso). Si nací en esa aldea, el éxito de cualquier paisano o paisana míos me alegrará o me confirmará más que el éxito de alguien nacido en otro sitio.

Yo nací en 1940 en el Tánger Internacional, y mi tribu inicial ―integrada por personas de origen europeo nacidas o asentadas en mi ciudad― dejó de existir tras la diáspora tangerina, hace ya mucho más de medio siglo. No sé cuántos de sus miembros quedaremos vivos. Y, sin embargo, yo sigo integrado en ella, sigo interesándome en cualquier cosa que la afecte (libros, artículos, películas, comentarios en redes, fotos viejas, fotos nuevas de lugares viejos, nombres olvidados, yo qué sé), sigo incluso atento a cualquier rebrote de nuestra identidad que se produzca (es decir: a cualquier persona en quien detecte una tendencia a identificarse con «nosotros» desde un Tánger que ya no guarda relación alguna con el «nuestro»).

No me parece que este yo tribal sea malo per se, pero tampoco podría negar que su primera y más frecuente consecuencia ―la de sentirnos superiores a los demás y, por consiguiente, autorizados a dominarlos, imponerles nuestro modo de vida, incluso exterminarlos, si es menester― ha traído y sigue trayendo catastróficos males a la Humanidad. Seríamos, seguramente, mucho más sosos y mucho menos divertidos si todos nos integráramos en una tribu planetaria; no habría campeonatos del mundo de fútbol, pero también nos mataríamos muchísimo menos.

Volvemos, sin embargo, una y otra vez, al principio esencial de la filosofía más profunda: lo que no pue sé no pue sé y ademá é imposible.

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