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Fabricación del alma

2018/06/10

Hace muchos milenios, cuando emprendimos nuestro inacabado y quizá inacabable intento de comprender la vida ―la realidad, el mundo, el universo―, los seres humanos llegamos a la conclusión de que teníamos un alma, además de un cuerpo cada uno. Lo fácil, claro, era dar por supuesto que esa alma venía de fábrica, que un dios o un misterio nos la añadía en algún momento de nuestra gestación, o en el propio parto, o cuando fuera. Ahora sabemos que nadie nos regala nada, que el alma hay que hacérsela, que la vida humana quizá consista, porque así nos lo hemos impuesto, en irnos creando un alma.

Sí, ya sé: un alma que al final se desvanece en la nada y solo queda, a retazos, a recuerdos sueltos, en la memoria de quienes nos conocieron y quizá nos amaron.

La vida, como el regreso a Ítaca, es el viaje, el modo en que vamos haciéndonos hasta morir. En otras palabras: el modo en que nos acoplamos a nuestra noción de la especie humana, el modo en que la mejoramos siendo.

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  1. Alberto Mrteh
    2018/07/09 en 15:40

    Esta entrada tuya, Buenaventura, me ha emocionado.
    Te leo con otros ojos desde que Rojas-Marcos me habló de ti.
    Un fuerte abrazo.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    • 2018/07/10 en 05:25

      No sé con qué ojos me leerías antes, pero agradezco el cambio. Abrazo.

      • Alberto Mrteh
        2018/07/10 en 08:59

        Intentaré explicarlo con una frase de película:
        “Caballeros, contaban con mi curiosidad, pero ahora tienen mi atención.”

  2. Juan
    2018/06/10 en 15:27

    Es esa la forma de expliarlo. Da ganas de vivir.Un abrazo y siga escribiendo.

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