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Homenaje a Cataluña

Yo no sé qué piensan los independentistas catalanes de Salvador Espriu, pero sí sé que su La pell de brau fue, a principios de los setenta, una lectura que me estremeció las ideas y las sensaciones, y que supuso la principal y más clara influencia en mi primera obra publicada, Cantata Soleá (Hiperión, 1978).
     Antes y después he sido lector frecuente de los poetas catalanes. A partir de mi primera estancia en Ibiza, en 1965, me puse a estudiar catalán (ibicenco, si quieren ustedes: en un manual que encontré en la casa de Talamanca de la familia de poeta Antoni Marí), por amor a la isla y por el acervo cultural de la lengua. Seguí también a Els Setze Jutges, impulsores de la Nova Cançó: Delfí Abella, Francesc Pi de la Serra, Enric Barbat, Xavier Elies, Remei Margarit, Guillermina Motta (de quien no me enamoré perdidamente porque no me pillaba cerca), Maria del Carme Girau, Martí Llauradó, Maria Amèlia Pedrerol, Joan Ramon Bonet, Joan Manuel Serrat, Maria del Mar Bonet, Lluís Llach y Rafael Subirachs, el propio Raimon. Me supe de memoria canciones y poemas.
     [Nunca me atreví a hablar catalán, sin embargo. O solo una vez. Estábamos cenando todos una noche en el restaurante granaíno que durante un tiempo llevó Pepe Boloix en Madrid, cuando se me ocurrió decirle una frase en catalán a Laura Franch. Y ella me contestó, en castellano, que tenía acento portugués. Viva Portugal, también, desde luego, pero el acento… ]
     [Por otra parte, siempre he defendido que los españoles deberíamos entender todas las lenguas romance (el eusquera es harina de otro costal) que se hablan en España y utilizar cada uno la nuestra en todo momento, sin pretender que el interlocutor la utilice también. Me pasé cerca de diez años trabajando con portugueses por ese sistema: ellos me hablaban y me escribían en portugués y yo les hablaba y escribía en castellano. Ningún problema, nunca.]
     Que los catalanes dejan de ser compatriotas míos, que se me vuelvan extranjeros, sería como si me arrancasen grandes espacios de la memoria.

[…] recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l’aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l’ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat.

La difícil y merecida libertad.

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  1. 2017/09/30 en 17:15

    Diste en el clavo, Ramón.

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