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A propósito de Lula da Silva

2017/07/15

Entiéndase que esto no es un intento de defender al ex presidente brasileño Lula da Silva, cuyos hechos y decires solo conozco superficialmente. Lo único que quiero señalar a su respecto es que en Brasil, más aún que en España (y ya es decir), la Justicia padece bajo el poder del Ejecutivo y, por consiguiente, no creo en ella. No sé si Lula habrá incurrido en las corrupciones que se le achacan. No me sorprendería que sí, que fuese culpable, porque apenas quedan políticos que no sean culpables, en este mundo. No puedo, sin embargo, conceder la menor credibilidad al tribunal que acaba de condenarlo a unos cuantos años de cárcel.

Y esta insuperable desconfianza mía en la Justicia me entristece la calurosa mañana del 15 de julio de 2017. Con la canícula reventona.

Cierto que ningún sistema puede garantizar o controlar totalmente la equidad de los jueces. Los jueces son personas, tienen sus propias ideas, sus inclinaciones naturales o adquiridas, sus propios alcances culturales y sociales, sus prejuicios, sus veleidades. De ahí las diversas vías previstas para enmendar sus sentencias, mediante un sistema de apelaciones que, en última instancia (nunca mejor dicho), puede llegar hasta los más altos tribunales, donde nunca decide una sola persona, sino un equipo más o menos equilibrado de juristas experimentados. Es un mecanismo frágil, muy propenso a la avería, pero a los seres humanos no se nos ha ocurrido todavía ninguno mejor. Y podría funcionar sin demasiado daño.

Pero.

Si es el Ejecutivo quien nombra a los jueces clave para las posiciones de control y, además, impone las sentencias… Apaga y vámonos. Hemos liquidado la Democracia. Sería más eficaz y más barato que el Gobierno decidiese directamente, sin disimulo ni rebozo.

Repito: no sé si Lula habrá cometido los delitos que se le achacan; pero no logro creer que su culpabilidad o inocencia haya sido debidamente juzgada por el tribunal que lo ha condenado.

(Conste que esta situación no es nueva para mí. He vivido 35 años y cinco meses bajo Franco, cuyo Régimen tenía establecido un sistema legislativo prácticamente idéntico al actual, en la estructura y en los principios, en el proceso y en las garantías. La enorme «pequeña diferencia» era que los jueces no podían tomar ninguna decisión que no le pareciera bien al Gobierno.

Entonces éramos conscientes de vivir en una Dictadura, sin embargo, y no esperábamos justicia, sino cambio. Ahora somos demócratas, oiga.

Y estamos tristes por la Justicia.)

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  1. Ramoon
    2017/07/15 en 11:46

    Totalmente de acuerdo en su “juicio” de valor. Se me ocurre añadir, solo: ¿Lo del 15 de octubre es por la cercanía de la deseada revolusiooom, o por el mismo empalmamiento de los termómetros? Jejei, qué calufa. Un abrazo (esta vez frío, en vez de caluroso)

    • 2017/07/15 en 12:17

      Pues ha debido de ser por la calorina, sí. No me di cuenta hasta que me avisó mi mujer de que había puesto octubre. Lo he cambiado, claro.

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