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Apunte sobre la pequeña historia de la Nueva Atlántida, la Ciudad Internacional de Tánger

Tánger en dos fases

El Tánger legendario empezó quizá en los años treinta del siglo pasado, con largos antecedentes; se afianzó durante la guerra ―a pesar de la ocupación española de 1940 a 1945―; y fue añadiendo coplillas a su romancero hasta bien entrados los sesenta, a pesar de que ya en 1958 había perdido su condición de ciudad internacional. En este proceso hay dos fases perfectamente diferenciadas:

Durante la primera, que se prolonga hasta finales de los cincuenta, Portada Tánger 16-24Tánger es una ciudad española casi como otra cualquiera, salvo el pequeño detalle de que allí no mandaba España (a pesar de su peso demográfico), ni estaban mermadas las libertades, ni había escaseces, sino al contrario; es decir: salvo el pequeño detalle de ser un paraíso de tolerancia religiosa (muy controlada y sin intercambio ni apenas convivencia), de modos de vida distintos e incompatibles (que sucedían en paralelo, sin gran convivencia, tampoco), de apertura a las manifestaciones creativas y culturales de Occidente (a las películas y los libros prohibidos en la península), y de indiferencia política (todo el mundo miraba hacia otro lado en esta materia, aunque, claro, las autoridades y personalidades españolas fueran franquistas sin opción posible y las restantes autoridades y personalidades procedieran todas de países donde regía la democracia. (Como habrán observado, se me olvida la población marroquí, muy mayoritaria, pero sin apenas presencia protagonista o de mando en la marcha de la ciudad.)

Durante la segunda fase, a partir de la independencia de Marruecos (1956) y, sobre todo, de la eliminación de la mejor esperanza que albergábamos los tangerinos (a saber: que el sultán respetase nuestro estatuto internacional), empiezan a exiliarse los europeos y los sefardíes, la ciudad va marroquinizándose progresivamente y se pone en marcha la mitificación de unos cuantos residentes que llevaban allí algunos años sin que nadie les hiciera un caso especial: los escritores y artistas diversos procedentes en su mayoría del mundo anglosajón, encabezados por Paul Bowles, que contó con la inestimable colaboración pagada de unos cuantos talentos marroquíes indiscutibles y de algún que otro español (entre los que destaca, sin duda alguna, Emilio Sanz de Soto, que antes había tenido serios problemas de ostracismo, porque las fuerzas vivas españolas no podían aceptar su homosexualidad). Esta fase de la leyenda tangerina ocurre, repito, en los años sesenta, y no tiene ya nada que ver con el Tánger del Estatuto ni, en realidad, con el propio Tánger: sus protagonistas eran todos forasteros, sin vinculación con la ciudad, permanentemente reunidos entre ellos, sin más contactos con los tangerinos que los inevitables cuando se vive en en las mismas calles ―y los evitables pero no evitados.

Francisco de Asís Serrat y Bonastre
Tánger 1916-1924: Radiografía de la ciudad del Estrecho en vísperas del Estatuto
Edición e introducción de Bernabé López García

Lo más destacable de este libro es que no se aplica a ninguna de las dos fases de la leyenda tangerina, sino a una época anterior, un agitado periodo de empujones y carreras y malicias entre las «grandes potencias» para ver cuál de ellas ejercía el poder en Tánger tras la entrada en vigor del Estatuto internacional (1923-1956). Y lo que mejor ilustra es la ya tradicional y al parecer incurable torpeza de los gobiernos españoles en todo lo tocante a Marruecos. Nunca pudimos con los franceses (que, a pesar de su escasa presencia en la ciudad, acabaron apoderándose de casi todos los mecanismos de mando y control), como tampoco podemos ahora, en el terreno diplomático, económico, social, con las autoridades marroquíes. Nunca acertamos en nada, a pesar de las grandes dosis de buena voluntad que pusieron en el asunto muchos, muchísimos españoles afincados en Marruecos.

Serrat y Bonastre no es un literato, pero tiene vis descriptiva, y el panorama general que hace del Tánger en que residió durante ocho años ―de sus personajes, de su ambiente, de sus tejemanejes―no solo resulta creíble, sino sobre todo muy importante para comprender lo que sucedió después. Es lectura justa y necesaria para todos los interesados en la historia más corta de la Historia, es decir el nacimiento, desarrollo y desaparición supitaña de la Ciudad Internacional de Tánger.

Por otra parte, sería erróneo no avisar al lector de que en este caso la arraigada costumbre de saltarse los prólogos no debe prevalecer. La introducción de Bernabé López García (que, con tenacidad, trabajo, profundidad de análisis, paciencia y, me atrevo a añadir, considerables dosis de amor a la ciudad, ha acabado por convertirse en la máxima autoridad española en temas tangerinos) es absolutamente indispensable para la buena asimilación del libro, por no decir que en realidad es más apreciable aún que el texto de Serrat y Bonastre. Léanla todos.

Tangerinos y tangerinizados.

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  1. Alberto Mrteh
    2017/07/18 en 19:11

    Gracias por el descubrimiento.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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