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Todos culpables, todos condenables

2016/03/25

La falta de experiencia y/o sentido común de muchos, de demasiados políticos de la izquierda española los está llevando a deleitarse en el disparate permanente. Es verdad que el terrorismo «islámico» procede, en gran parte, de errores, abusos y pésimas decisiones de los Grandes Potencias occidentales. Es verdad, también, que este terrorismo solo nos despierta la atención cuando estalla en uno de nuestros países, y, en cambio, se nos escurre por la conciencia abajo, sin romperla ni mancharla, cuando sucede (casi todos los días) en Asia o África, con resultados más letales y más dañinos en general que en Europa. Es verdad que el enfrentamiento entre el Cristianismo y el Islam empezó en el siglo VIII, cuando el Islam se lanzó a ocupar grandes territorios cristianos e imponer en ellos su fe y su forma de vida (como antes había hecho el Cristianismo en los territorios paganos, por procedimientos quizá más sutiles, pero no menos violentos), y es verdad que desde entonces estamos en guerra casi continua, aun ahora, cuando el Cristianismo ha perdido gran parte de su poder en Occidente… Olvidamos con demasiada facilidad que la derrota de Turquía en la primera guerra mundial, combinada con la decisión de las Grandes Potencias de apoderarse del norte de África, puso en manos occidentales gran parte del mundo islámico, que desde luego no supimos gestionar con lógica y realismo, sino con miramiento casi exclusivo de nuestros propios intereses. Es verdad que Occidente implantó el caos en el mundo islámico y y es verdad que el mundo islámico tiende por sí mismo al caos y es verdad que las situaciones que se han ido creando a lo largo de los decenios, en la segunda parte del siglo XX y en las primeras décadas del XXI solo podían sostenerse por la fuerza. Y es verdad que la fuerza no solo ha fracasado (en Afganistán, en Iraq, en Palestina, en Libia, en Siria, en todas partes), sino que ha contribuido a agravar todos los problemas y, desde luego, a fortalecer el terrorismo. Es verdad, en resumidas cuentas, que Occidente es tan culpable del terrorismo como los países árabes, incluido, sobre todo, nuestro principal aliado, es decir Arabia Saudí. Es verdad casi todo lo que ustedes quieran, como siempre ocurre en las coyunturas de alta complejidad.

Pero no es menos verdad que tras los ataques de Bruselas lo único que se le pedía a la izquierda española era que se uniese a una declaración de condena de los hechos, que son condenables per se, con independencia de sus causas cercanas o remotas. No era pertinente, ni venía a cuento, ni provoca la simpatía de los ciudadanos, salirse por peteneras como se han salido con sus reservas terminológicas (condenar es de derechas, al parecer; la izquierda solo rechaza: píllenme esa mosca por el rabo) y sus repartos de culpas. Sí, ya lo sabemos: Occidente es tan culpable como el Islam; pero eso no quiere decir que matar seres humanos esté justificado y no sea condenable.

No les sobraría a ustedes un poco de prudencia política, señores, un grano de astucia. Están estropeando con la patas traseras el bonito y esperanzador proyecto de izquierdas que pusieron en marcha hace dos o tres años. Piensen antes de hablar. Sitúense a la altura de lo que muchos esperamos de ustedes y no vamos a seguir esperando si se empeñan en en estas sandeces.

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  1. Enrique J.
    2016/03/28 en 22:34

    A mí me parece que Podemos ha condenado los atentados de forma igual de contundente, si no más, que el resto de partidos a los que, por otro lado, les importa un carajo quién muere o cómo muere mientras no sean ellos o no puedan utilizar a las víctimas para colgarse la pertinente medalla. Porque está muy bien eso de que Occidente también sea culpable, etc pero, hombre, como occidental qué alguien me explique qué responsabilidad tengo yo aparte de no tener el poder real de evitar que mis gobiernos, y los partidos que los controlan, que luego, eso sí, lo sienten mucho todo y son mucho «Je suis», destruyan Iraq. Y digo Iraq por decir el más obvio. Así que, claro, que el PSOE o el PP condene los atentados de Bruselas y tenga el coraje de pedir adhesiones a su declaración y acusar a quien no participa de la misma de, madre mía, apoyar el terrorismo islámico, me hace troncharme de la risa y desear que los terroristas les metan a ellos un petardo por el culo. A partes iguales. Porque, al final, soy yo el que usa el autobús o el metro que va a explotar para ir al trabajo, no ellos. Y soy yo, y no ellos, el que paga los desastres de sus negocios. Así que, personalmente, a estas alturas de la historia, o de la Historia, como que me la sudan este tipo de condenas o de poses. Porque, mira, estoy harto, cansado, furioso de que insulten mi inteligencia a todas horas, en todo momento y por cualquier motivo. ¿Falta de astucia para engañar o convencer a una cuadrilla de ciudadanos ignorantes a los que, a lo mejor, deberíamos reeducar en una guardería? Seguramente. ¿Y, qué le vamos a hacer?

  2. 2016/03/25 en 11:21

    Un artículo lúcido y brillante que debería leerse pausadamente párrafo a párrafo.

    Sobre todo debería llegar a aquellos a quienes va dirigido.

    Es el análisis que me hubiese gustado escuchar en televisión o en la prensa. Últimamente ha sido patético presenciar los comentarios en directo del presentador de ARV en París y Bruselas. Son tan literales y carentes de profundidad que dan vergüenza ajena.

    Habría añadido algo más sobre el debilitamiento del papel de los Estados en la narrativa que desplegamos para comprender lo que está ocurriendo en el mundo. Pero son matices.

    Gracias y un abrazo.

    Eugenio.

  3. 2016/03/25 en 10:50

    Quizá se trate de algo relacionado con el “valor de uso” y el “valor de cambio”. Unos pocos días antes del atentado de Bruselas en otro atentado similar en Ankara morían un número parecido de personas. A nadie se le han exigido condenas por aquel atentado. Debe de ser que el “valor de cambio” de los muertos turcos es muy inferior al de los muertos belgas. El “valor de uso” es el que se desprende de cómo utilizamos a los muertos para nuestros fines: sentirnos libres de culpa, defender nuestros privilegios, afianzar nuestro poder, conservar nuestro bienestar, reforzar nuestra seguridad…

    • 2016/03/25 en 12:47

      Sí, es uno de los aspectos importantes del problema.

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