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¿Qué hacemos con el alma, qué hacemos con el agua?

2016/01/18

El otro día, en un programa de televisión llamado EL HORMIGUERO, su «conductor», Pablo Motos, dando instrucciones a un colaborador, le dijo que procurara derramar «el menor agua posible». Unos días más tarde, vi en un periódico (no apunté cuál) la frase «nuevo área de servicio en la [nombre de una carretera]». Dos gruesos disparates, porque «agua» y «área» son nombres femeninos en español.
     Algunos nombres que empiezan por la vocal a (agua, área, águila, alma, etc.) llevan en castellano un falso artículo masculino «el», por una de esas catástrofes sin arreglo posible que a veces sufren los idiomas. Explicado de modo simple:
     Nuestros artículos determinados proceden de las formas latinas ILLE e ILLA. La e de ILLE se pierde con el uso y tenemos IL, que luego se convierte en EL. La i de ILLA se pierde con el uso y tenemos LA. Pero. En algunas palabras que empiezan por a —no en todas, ni mucho menos—, lo que se pierde no es la i, sino la a (que queda absorbida en la vocal inicial), y ya tenemos el lío montado: EL AGUA, EL ÁREA, EL ÁGUILA, EL ALMA.
     Este disparate de la lengua, irremediable, nos lleva a los hispanohablantes a un buen montón de confusiones. Decimos, por ejemplo, ESTE AGUA, en lugar de ESTA AGUA (así, en el refrán, NUNCA DIGAS DE ESTE AGUA NO BEBERÉ aparece en Google con la misma frecuencia que DE ESTA AGUA NO BEBERÉ). Y hacemos multitud de concordancias absurdas como la Pablo Motos y el periódico más arriba citados.
     Cabe suponer que con el paso de los años alguna de estas palabras cambie «oficialmente» de género y el error actual se convierta en corrección. Hoy por hoy, decir «el menor agua posible» es una burrada del mismo calibre que «este agua está muy bueno» o «Messi pisa el área colchonero».
     Lo peor es que no hay regla alguna que pueda aclarar al hispanohablante (no digamos al extranjero) esta anomalía del lenguaje. A mí, al menos, no se me ocurre cómo explicarle a alguien, en términos útiles, por qué en EL ALMA el sustantivo es femenino y en EL AMOR el sustantivo, que también empieza por a, es masculino.
     Resignación.

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