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Voto levófilo

2015/12/14

Me temo que en lo económico nuestra independencia está total y, por el momento –a falta de Gran Revolución–, irrecuperablemente perdida: las corporaciones detentan (sí: detentan, miren el diccionario) un poder absoluto originado en su riqueza absoluta. En ese aspecto, da igual quién gobierne, izquierda, derecha, o los pulcros muchachitos de la yenka naranja.
Ahora bien: el gobierno de las corporaciones nos presenta una pequeña ventaja que podríamos aprovechar. Es verdad que no nos tolerará ninguna medida de ningún tipo que perjudique sus intereses, pero también es verdad que las sociedades anónimas u ónimas no tienen religión ni principios morales ni nada parecido, y les da exactamente igual lo que hagamos con nuestras almas y nuestros cuerpos, con tal que consumamos lo que hay que consumir. Quiero ello decir que en el ámbito social pueden ser más tolerantes que en el económico, y que quizá admitiesen algunas mejoras que a la derecha ni se le pasan por la cabeza: afirmación del Estado laico y control de los abusos eclesiales, protección de los ciudadanos menos favorecidos, corrección de algunas desigualdades, eliminación de las peores medidas jurídicosociales impuestas por el PePerío durante los cuatros devastadores años de su Mayoría Absoluta.
Dicho de otro modo, y llámenme ingenuo: por eso prefiero que gobierne la izquierda a partir del 21 de diciembre de 2015; y porque soy un hombre de izquierda sin partido, claro. Sin partido.

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  1. Juan Carlos García
    2015/12/19 en 17:58

    Cuando George W. Bush fue elegido presidente lo primero que hizo, nada más jurar ante el altísimo con su mano puesta allí donde el «conservadurismo compasivo» pierde su casto nombre, fue regar con miles de millones de dólares al gran capital norteamericano.
    Un reconocido intelectual levófilo se preguntaba, desde las páginas de El País, si no tendría razón el nuevo presidente y el enriquecimiento de los más poderosos acabaría cayendo como lluvia fina sobre los desheredados de la tierra de las oportunidades.
    El resultado lo conocemos, se obró el milagro, llovió, pero hacia arriba.

    • 2015/12/19 en 23:50

      Bueno, la idea de que la riqueza va bajando de los ricos a los pobres gracias a las políticas liberales es bastante más antigua que eso. Inverosímilmente, aún perdura, a pesar de que la teoría no se ha cumplido nunca, en ninguna parte. Saludos.

      • Juan Carlos García
        2015/12/22 en 01:39

        Muy Señor mío.
        El dinero no da la felicidad pero coloca a unos cuantos ultraderechistas en el legislativo. He contado unos cuantos, de los duros. Vienen tiempos difíciles, vuelve «el hombre».
        Como el yihadista que puede tomar unos whiskys o comer cerdo, el dinero adopta variadas formas, y puede consentir que alguien tenga debilidad por la trabilla italiana, otro sea el timonel en un barco pirata, ella tenga una orientación sexual dudosa, o aquel se divorcie unas cuantas veces. Todos somos pecadores. Lo que el dinero no consiente es que su destino sea distinto al que debe ser. Así tenemos en la cárcel a esos que se quedaron con una parte de lo que no les correspondía, que no lo destinaron al fin establecido: Perpetuarse en el poder.
        Conocer los designios del DINERO no resulta difícil, bastaría con que se hiciese pública la agenda del Presidente del Gobierno.

  2. 2015/12/14 en 09:03

    Reblogueó esto en Naufora IIy comentado:
    Voto levófilo (sí: laevos es izquierda en latín; y philo ya saben ustedes).

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