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Sensatez, negociación y pacto

2015/09/27

Perdonen el quizá disparate, pero estoy pensando, en esta mañana jove i bonica, que en España la democracia solo sirve para medir las fuerzas, no para gobernar. Tras toda una Historia de sociedades uniformes, de vivir en tribus agrandadas (como sigue viviendo la mayor parte de la humanidad), a lo largo del siglo XIX los occidentales empezamos a vivir, por obligación, porque no nos quedaba otra sin romper los países, en sociedades cada vez más heterogéneas, y no solo en lo pintoresco o folclórico, sino en lo profundo, en el modo de entender y de vivir la vida. Nuestra reacción primera ante la novedad consistió, casi en todos los casos, en el empeño pertinaz y muchas veces sanguinario de eliminar al oponente, en un feroz intento de recomponer la homogeneidad. No hace falta buscar ejemplos en tierra extraña: nuestra guerra de 1936-39(75) es de exterminio; el objetivo no consiste solo en imponer unas ideas, sino en exterminar o expulsar a todo el que no las comparta. De ahí las bestiales matanzas de posguerra.
      No obstante, los denodados esfuerzos por eliminar al oponente no han dado resultado en ninguna parte, ni en la brutal España de Franco ni en los brutales regímenes autodenominados comunistas (que para mí —apúntenme otro disparate— son o fueron más bien modalidades del fascismo, con su culto del jefe y de las minorías selectas con derecho a mandar). Una y otra vez, las elecciones libres demuestran que todos los países occidentales están divididos, como mínimo, en dos partes que conciben la sociedad de maneras muy distintas, por no decir incompatibles, y que pesan más o menos lo mismo, con variaciones periódicas en la mayoría y, por tanto, en el gobierno. Lo asombroso, en el caso de España, es que persista el ansia de eliminar al oponente, tanto en la Derecha monolítica que representan el PP (versión «heavy») y Ciudadanos (versión «light») como en buena parte de la izquierda fragmentada que ningún partido consigue representar. No tengo herramienta que me permita medir la penetración de la sensatez en uno y otro lado, pero no parece muy grande. Unos y otros dan la impresión de seguir empeñados en excluir al oponente. Estos cuatro años de gobierno del PP han sido ejemplares, y no me refiero al entusiasmo con que se impusieron las medidas económicas más dañinas para los débiles, sino más bien a la aplicación sistemática de toda una estrategia de cambios legales destinados a regular la sociedad según las normas más conservadoras de los sectores más conservadores del país, con especial énfasis en la enseñanza.
    
Dicho de modo más simple: aquí tendemos a gobernar como si no existiera un 49% de los españoles que no está de acuerdo con nosotros. Siempre nos faltó la noción del pacto, es decir de la verdadera democracia, que no consiste en imponer nuestros principios porque hayamos ganado unas elecciones, sino en arbitrar la convivencia, en establecer un denominador común estable y duradero. Como, por ejemplo, el que tienen en Francia (y puede que esté estropeándose ahora, pero ese es otro tema).
     La democracia no puede ser una alternancia de absolutismos.
     En esta mañana jove i bonica, quiero sensatez, negociación y pacto.

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  1. 2015/09/27 en 11:51

    Pues sí, Ramón, tiene usted toda la razón.
    Yo desde que vi la serie Borgen, sobre el funcionamiento de la política danesa, he encontrado el modelo democrático que me gustaría para España (obviamente se la estoy recomendando).
    ¿Quimeras? Quién sabe.

    ¡Un saludo!

    • 2015/09/27 en 12:48

      Pues no sé, Carmen, porque no he visto Borgen; pero supongo que en Dinamarca no estará tan arraigada como en España la costumbre de exterminar al adversario. 🙂

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