Inicio > General > ABSOLUTAMENTE MODERNO (RIMBAUD) (refrito con algún interés actual, dado el pujante renacimiento de la poesía casposa y vetusta y cursilísima)

ABSOLUTAMENTE MODERNO (RIMBAUD) (refrito con algún interés actual, dado el pujante renacimiento de la poesía casposa y vetusta y cursilísima)

2015/08/15

Artículo publicado en EL  MUNDO de Madrid el 24 de octubre de 1991

Absolutamente Moderno

Perdóneme usted, señor, pero no tengo ganas de vivir este ar­tí­culo. Es molesto, pesado, aburrido, imposible. Ni siquiera sé en qué idioma escribirlo. Habrá en él una palabra clave sobre cuyo sentido tendríamos que concertarnos a priori. Y no po­dre­mos. ¿Qué entiende usted por «poesía»?

Yo, en este momento, nada. Ni si­quie­ra me vale el término como arcaísmo otrora utilizado para des­cribir cierta actividad artística consistente en … (sus­titúyanse los puntos por la definición que cada cual prefie­ra). Afirmo, con toda la rotun­didad que el aburri­miento me per­mi­te (poca, pues), que ya no podemos saber en qué consistió la poesía. Sólo comprendemos su retórica, hoy, a medio siglo de su muerte: los trucos de su len­­guaje; el verso, la rima, la me­táfora. ¿Para qué servía, sin embargo? O, perdón: ¿para qué servía a quién? ¿Cómo fue el ser humano antes de que llegára­mos nosotros y nos saliéramos de todas las tradiciones vigentes?

Arthur Rimbaud, poeta (?), quería ser «absolutamente mo­der­no» (él lo dijo: il faut être absolument moderne) y creyó en la poesía como herramienta. Ojo, no nos perdamos. Para ser ab­so­lutamente moderno hay que nacerse absolutamente nuevo. Y un método para inventar el hombre nuevo estriba en asimilar la esen­cia de la realidad mediante el adecuado uso de la poesía. Acceso directo, teléfono rojo con la belleza. Perdón: la Be­lle­za. Pero, por favor, insisto: no la cursi belleza de la lí­rica putativa que hoy practicamos; la belleza-herramienta, la belleza que subsana, por ejemplo, las averías del mundo ex­te­rior. Poeta = fontanero. Y elijo bien la palabra: hombre que conoce las fuentes de la vida y nos conecta directamente con ellas, por privilegio de su genio. Dígame usted si cabe en cabeza humana semejante disparate.

Cupo, al parecer. En dos palabras: al principio, está claro que la poesía fue mnemotecnia. Homero, bien aprendido de me­mo­ria, enseñaba todo lo que el hombre sabía, práctico y ético, desde cómo cargar un navío a cómo comportarse en un almuerzo con convidados de postín. Luego, se pierde la práctica y queda la ética: hasta el siglo XVIII, los poetas explican cómo ser para estar en la tribu sin ofensa para nadie. Pero llega la ciencia y se acabó. La vía oral (poética: ritmo, rima) queda aniquilada por la escrita. En lo político, la democracia, la ocu­pación del poder por el «pueblo», que no lo recibe de «Dios», sino de la aceptación colectiva. En lo ético, los có­digos. Y la ciencia desmonta, uno por uno, todos los en­sue­ños no repetibles en condiciones de la laborato­rio.

A principios del XIX la poesía tendría que haberse apuntado al paro con la correspondiente resignación. Pero sus practi­cantes se defienden apelando a lo único que les queda: la magia. Sí, de veras, la magia, la invocación de la lógica irra­cional. ¿De modo que la realidad no puede aprehenderse ni expresarse por medio de la poesía? Muy bien: pues entonces la realidad no existe, o no es sino plano inferior, subhumano, de lo total. Por arriba, únicamente accesible al poeta, está la Esencia. En dos versos pone Keats el lema eficaz de esta nueva mente contracientífica: «la Belleza es la Verdad, la Verdad es la Belleza; eso es todo lo que necesitas saber».

El Poeta recupera su Privilegio: sólo él accede a los planos superiores, sólo él posee la clave de expresión, el modo de transmitir sus visiones a los restantes (humildes) seres humanos. No me vengan ustedes con ciencias y demás hor­teradas por el estilo. La Belleza es la Forma y es la Norma. Y yo, poeta, soy el Vidente, es decir: el Dictador.

¿Cretineces insostenibles? Y usted que lo diga. Pero Rimbaud se las creyó. A juzgar por su biografía, él ha sido el único poeta de talento, en toda la historia moderna, que se tragó sus propias religiones. Cuando llega a París desde su pueblo, paletillo de diecisiete años escasos, viene a ocupar un trono. (No único, entiéndame usted: cada gran poeta tenía su trono en la Roca, en lo alto del despeñadero.) Viene a ejercer su dictadura de Vidente. Y los demás a fastidiarse.

No se fastidiaron. Los demás son más, y nunca se fastidian. En solo dos años, Arthur Rimbaud pasa de ser llevado a hombros tras la lectura pública de un poema (no cualquiera: «Le Bateau ivre», una de los máximos de la poesía francesa, escrito por un chavalín imberbe) a tenerse que marchar de París porque nadie le descorría un cerrojo. No fue solamente el escándalo de sus relaciones homosexuales con Verlaine. Eso no habría im­portado tanto. Fue que el niñato era un chulo insoportable, mal­educado, grosero, sucio, carente de sensibi­lidad. Había es­crito: «por delicadeza / me quedé sin vida». Era falso. Be­llí­simo, pero falso. Por ahí se le derrumbaron los mundos.

Por ahí se calló. En eso hay que admirarlo. Fue absoluta­mente moderno, comprendió el fallo de su ilógica, y dejó de practicarla. Con la poesía no iba a crear ningún hombre nuevo, porque sólo se leería lo que el hombre de siempre aceptase. Con la Belleza no iba a arreglar ninguna avería. Emigremos, pues: vamos a ganar dinerito, a volver triunfador y millona­rio, que se coman sus rimas con salsa borgoñona.

Y nunca más fue poeta. Desde los dieciocho años hasta las treinta y seis, cuando lo fulmina el cáncer, nunca más fue poeta. Nunca más entendió el significado de la palabra poesía.

Como nosotros, ahora. Fue absolutamente moderno.

Ramón Buenaventura

[12:08] jueves, 24 de octubre de 1991

Anuncios
  1. Ramoon MV
    2015/08/17 en 22:28

    Me encantan sus artículos, iba a decirle, aprovechando una vez mas su reconocida inmunidad a los elogios. Pero voy a ir mas lejos diciendo que no hay género escritural en el que no me parezca usted un maestro con botas de esas que llevar puestas cuando lo del kaput.

    A mi me parece que Arturiturituriturituri dejó la cosa cuando igual no tenía puta idea ni lo que dejaba (aunque bien que lo practicaba). Le doy más mérito a ese otro poeta que sale como tosiendo de la humareda metaforal y tal… Enfermo de la maldición de la belleza, como la llama Crumb, (maldición solo porque existe lo feo a cascoporrillo); ese poeta que decide un día no versificar mas, ya que poetizar no puede dejar de hacerlo, y se va con sus ojos especiales a perfilar versos vivenciales en cada ponencia que expone en cada mirada… Es más un “que os den a todos, editores incluidos, lectores pocos” menos a ella, la diosa blanca; un cesar de exhibirla fuera del propio mausoleo privado… (salvado sea ese matiz que dicen todos los que escriben, y parecen tener luces, de que sin edición y publicidad no existe nada como tal)

    Lo de Rimbaud me parece más una decisión acertada de adolescente, un simple signo de madurez, que una resolución meditada de visionario. Lo increíble fue que tal vez fue la poesía quien le dejo a él, pues ese hombre de Harar parecía más eso, un arador que otra cosa… Cualquier día de estos se descubre que todos aquellos versos fiplantes fueron escritos por Verlaine o por otro parnasiano marrano… porque esa metamorfosis de visionario coloreador de vocales en chusco comerciante sin demasiadas luces negociales me sigue pareciendo mayor misterio que la simple decisión, tan habitual en un ser humano, de cambiar lo trastos de matar por otra profesión menos exigente y mas rentable… Se puede dejar la poesía, por supuesto, pero pasar de ser un tipo con mimbres en la chorla, una fantasía desbordante y un coraje verbal acojonante, a un simple y mediocre burgués del export/import, escritor de sosas cartas a su madre, eso tiene que tener otra explicación científica… Algún gusano africano o algo con hambre neuronal… Así vi yo una vez a Rimbaud , tras dejar de ser poeta, atacado por el gusans mutans capitalans.

    Un saludo cariñoso pal articulista

    • 2015/08/18 en 18:22

      Gracias por el saludo, Ramoon, y claro está por tus palabras. Rimbaud se viene prestando a interpretaciones diversas (y casi todas estúpidas) desde que sus hazañas alcanzaron la celebridad. Viene a ser un entretenimiento para estudiantes de psicología… A mí ahora mismo me importa un pimiento, pero tu punto de vista es tan válido como cualquier otro.
      Un abrazo.

  1. No trackbacks yet.
Los comentarios están cerrados.
A %d blogueros les gusta esto: