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La mala sumisión de SOUSMISSION

2015/07/26

Soy gustoso lector de Houellebecq, casi desde que empezó a escribir (hace muchísimos años —antes de su fama— traduje un par de poemas suyos para la RevistAtlántica de Poesía). Y el hombre me cae simpático, además. Creo, pues, que mi afición me da permiso para afirmar lo que nadie osa decir a las claras: esta última novela suya, Sousmission, es un fracaso total, una ocurrencia más bien tonta y muy mal desarrollada, fruto quizá del subidón de arrogancia creativa que produce el éxito y que nos lleva a creer que todo lo que hacemos es estupendo…
     Luego, quienes hablan del libro se salen una y otra vez por la tangente, enfocándose en la ocurrencia de política ficción que desarrolla y dejando aparte toda valoración literaria, como si Houellebecq, más que una novela, hubiese escrito un ensayo sociológico. Y no. Sousmission es una novela. Mala, pero novela. El mejor escribano echa un borrón.
(Se lee sin dolor, claro: Houellebecq siempre es ameno, o siempre sabe cómo mantener la atención del lector a base de chispacitos de alerta astutamente situados; pero aquí hay mucho más truco que literatura.) (Sí, ya sé: tendría que haber dicho todo esto hace unos meses, cuando leí la novela, nada más salir; pero es que tenía la esperanza de que se ocupasen otros de esta matización. Y no ha sucedido, que yo sepa.)

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  1. 2015/07/26 en 09:12
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