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Los alegres etiquetadores de Facebook (poetas pluscuampésimos)

2015/06/10

Puede que no sea un desatino afirmar que la poesía alcanzó su máximo en torno al año 0, un poquito antes, un poquito después, en Roma. Catulo. Virgilio. Horacio. Ovidio. Llevamos dos mil años intentando soplarles la paja y, que yo sepa, nadie lo ha conseguido.
     Pero este fracaso en lo óptimo no autoriza lo pésimo. Siempre existió, en poesía, lo pésimo. Incluso en la lírica romana. [Lo apuntaba rotundamente Anthony Burgess, inventándose un poeta del siglo II que llamaba «caspa del cielo» a la nieve. (La lírica romana más barata se ha perdido casi toda ella: los monjes medievales la borraron para reutilizar los pergaminos.)] Lo malo es que ahora los poetas más pésimos (páseseme el desvarío gramatical) han encontrado modo de difundir su obra urbi et orbi con la ayuda generosa y desinteresada de los medios sociales. En Facebook, además, disponen de una herramienta de etiquetado que les permite añadir supuestos mantenedores o cómplices de su malaje poétiko [deberíamos escribir «malage», si viene de «mal ángel»]. Rara es la semana en que no tengo que borrarme de alguna de esas espantables listas, acompañadas casi siempre de decoraciones lacerantes. Y supongo que más de una se me escapará…
     Ya comprendo que da lo mismo, que no voy a ver menoscabada mi gloriosa reputación porque mi nombre figure en el palmarés de algún pluscuampésimo o pluscuampésima, a quien, por otra parte, sus cuarenta o cincuenta o cinco mil megustadores considerarían sin duda alguna mucho mejor poeta que yo. Pero da rabia, hombre. Da rabia.

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