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Los ojos y la madrugada

2015/04/22

A ver, por favor, alguien que sepa mucho más árabe que yo —porque con el que yo sé no llego ni a la vuelta de la esquina—. Me explico. Esta mañana, al salir de la bañera, vi el espejo tan empañado que no tuve más remedio que pintarle una carita encima, con los ojitos muy pequeñines. Entonces, por pura lógica vaporosa, se me recitó en la cabeza el título del libro que le costó la vida a Cesare Pavese (1908-1949): Verrà la morte e avrà i tuoi occhi, vendrá la muerte y tendrá tus ojos… Dado lo tempranísimo de la hora, ninguna acucia me impide entretenerme un poco googluscando sobre Pavese. Ya. Lo había casi olvidado. Se suicidó a los cuarenta y un años. Por el amor de una mujer que no quiso tomárselo en serio. Su muerte tuvo los ojos de Constance Dowling, no precisamente la más famosa actriz norteamericana, ni siquiera en su época. Leo en la Wikipedia italiana: «Sulla prima pagina dei Dialoghi con Leucò che si trovava sul tavolino aveva scritto: “Perdono tutti e a tutti chiedo perdono. Va bene? Non fate troppi pettegolezzi”». Busco ‘pettegolezzi’ en Google Translate. Me da ‘charla’, pero en seguida, por error ratonero mío, aparece la traducción al árabe: ثرثرة
Curiosidad en triquitraque. ¿Ahora va a resultar que ‘cháchara’ viene del árabe ‘sháshera’? Tiene toda la pinta, pero Academia dice que no: «Del it. chiacchiera, en pronunciación infl. por ciacciare». [Ya. Bueno, espera: ‘sháshera’ es seguramente el origen de ‘jácara’. Tampoco. Según Academia, ‘jácara’ vendría de ‘jácaro’, hombre guapo y baladrón]. [[Esto se complica. Baladrón. ¿Algo que ver con El baladro del sabio Merlín, supongo? Sí, esta vez he acertado, pero da igual.]] Lo que pasa es que ‘chiacchiera’, según veo en el Garzanti, deriva del verbo ‘chiacchierare’, voz onomatopéyica.
En resumen: la palabra española ‘cháchara’ no tiene nada que ver con la palabra árabe ‘sháshera’, aunque sean ambas tan pareciditas y signifiquen prácticamente lo mismo. Estupendo. O, en fin, claro, también cabe la posibilidad de que la palabra árabe esté tomada de la española, o la italiana. Y ahí es donde topan mis pesquisas con mi ignorancia, y por eso he empezado pidiendo la ayuda de alguien que sepa mucho más árabe que yo.
Delicias mañaneras. Ya ven sus señorías en qué entretengo la vejez. Pum. Y ahora me vienen otros versos, del amigo Rimbaud, y quién sabe a dónde me llevarán:

À quatre heures du matin, l’été,
le Sommeil d’amour dure encore.
Sous les bosquets l’aube évapore
l’odeur du soir fêté.

Este muchacho sí que tenía sentada a la belleza en las rodillas…

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  1. Rq
    2015/05/22 en 17:50

    Mmm… Está bien, no quería desvelarlo pero yo tengo un Master (oficial, por supuesto, oficial) en Filología Árabe y resulta que no andabas tan descaminado: La palabra árabe en realidad está tomada del griego zaestharos, denominación de un tipo de vasija ritual con forma de cesto situada generalmente a la entrada de los templos (de los templos griegos, se entiende, abiertos a la multiculturalidad) donde se depositaban pequeños mensajes de agradecimiento y peticiones a los dioses, siendo diariamente quemados (los mensajes) a la puesta de sol. Estas vasijas estaban custodiadas por sacerdotisas en prácticas, bastante jóvenes, como tarea iniciática donde demostrar que no sucumbían a los encantos de los muchachos árabes que a menudo trataban de engatusarlas para distraerlas y así robar el contenido de la vasija, contenido a veces muy apreciado por los grandes jeques árabes pues les proporcionaba información valiosa tanto de posibles negocios en los que tuvieran intereses especiales como de los deseos de alguna bella griega con la que las mujeres de su harén se hubieran encaprichado. A menudo, precisamente, el robo del contenido de las vasijas tenía como único objetivo frustrar las prácticas de la aspirante a sacerdotisa pues era éste un descuido gravemente penado, sobre todo si existía reiteración, ya que solía indicar que la joven estaba siendo cortejada y era necesario asegurarse tanto de los posibles económicos y la formalidad de las intenciones del jeque y su harén (y, por supuesto, que no se tratase simplemente de alguna artimaña unilateral de algún joven sirviente enamoriscado) como de si dichas intenciones eran de algún modo consentidas o correspondidas por la muchacha, dando pie a toda una serie de dimesidiretes que en griego se denominaban zaestharas.
    Espero haberte solucionado la duda 🙂

  2. Liu
    2015/05/04 en 11:49

    Hola Ramón, siempre he entendido “pettegolezzi” como cotilleos, chismes, chismorreos, que parece pegar más con este contexto. 😉

    • 2015/05/04 en 13:13

      Sí, ese es el significado básico de la palabra, al parecer.

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