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El niño de la ballesta y el derecho al voto

2015/04/21

El caso del «niño» de la ballesta me trae a la mente una sugerencia que llevo bastante tiempo queriendo hacer: o quitamos el derecho al voto a todos los mayores de 75 años (me faltan dos meses) o se lo damos también a todo el que tenga lo que la Iglesia llamaba (o quizá sigue llamando) «uso de razón», es decir unos siete añitos. No veo por qué puede votar un anciano desgajado del mundo, a quien le importa un pito lánguido lo que ocurra en el país —si llega a enterarse—, y no un niño quizá más informado de las cosas y desde luego con muchos más intereses en el futuro. Sí, ya sé que exagero, pero creo que el voto infantil compensaría el voto senil muy satisfactoriamente.
     En cuanto al caso del menor homicida de Barcelona, cada vez se me hace más evidente que a lo largo del último siglo nos hemos pasado de progres en muchas cosas. En el código penal, por ejemplo. No se me ocurrirá solicitar que sea el  juez quien decida qué trato procesal dar a un delincuente menor de edad (como ocurre en algunos estados norteamericanos, donde un niño de siete años puede ser condenado a cadena perpetua, por no decir a muerte, si el juez decide tratarlo como adulto), pero tampoco me parece acertado que consideremos inimputable, por niño, a un ciudadano de doce o trece o catorce años (menos un día, en este último caso). Recuerdo perfectamente mi adolescencia. Si yo hubiese matado a alguien a los doce años, lo habría hecho sabiendo perfectamente que hacía algo malo, algo que merecía castigo, y ni siquiera se me habría pasado por la cabeza la posibilidad de quedar impune. Claro está que la edad podría y debería considerarse atenuante e incluso dirimente en algún caso; lo que no tiene sentido para mí es que un delincuente de menos de catorce años no sea imputable, que ni siquiera pueda retenerlo la policía sin excusa psiquiátrica. Imputables deberíamos ser todos, a partir del momento mismo en que empezamos a ejercer voluntad propia. Corresponde a la sociedad, a la justicia, a un código penal sensato y bien hecho, sintonizar el castigo del delito con las circunstancias personales del delincuente, sin olvidar jamás la compasión ni la oferta de remisión a mayor o menor plazo… Son problemas que es menester replantearse, porque no solo la derecha ha legislado mal. La izquierda europea occidental quizá no haya tenido nunca intención torticera en sus medidas, pero también se ha equivocado mucho. Y entre unos y otros nos ha salido el churro de sociedad en que vivimos. Corrijamos todo lo posible, cuanto antes.

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