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Cogitatio

2015/03/05

Ante estas manipulaciones de la masa consumidora conviene mantenerse aparte, hacer como que no van con nosotros, ignorarlas; pero las herramientas del vendedor son ya tan poderosas que resulta casi imposible no recibir en pleno cráneo sus golpes de martillo pilón: 50 Shades of Grey, 50 Shades of Grey, 50 Shades of Grey, 50 Shades of Grey, 50 Shades of Grey, bang-bang-bang… No, no voy a pagar por verla, se pongan como se pongan. Ya leí el cuarenta y tantos por ciento del primer tomo del «libro» (entre comillas porque no es un libro, aunque venga en papel), y ya dije lo que me pareció. Ahora, lo que más me asombra en realidad es que las mujeres hayan aceptado este bodrio —inflándolo con su lectura del texto y su asistencia a las salas cinematográficas—, que las mujeres permitan la eclosión de modas relacionadas, que escriban por ahí artículos sobre sexualidad torturadora, etc. Me asombra porque el protagonista macho, el tal Grey, es un hijo de perra, un señorito industrial asqueroso, sí; pero la protagonista hembra —como se llame, no me acuerdo— padece de algo peor: es una cretina monolítica, la perfecta imbécil, es decir el ideal femenino de cualquier machote que se precie.
Esta mañana, sin embargo, así, recién levantado, sin ejercicios neuronales previos, se me ha ocurrido la explicación. Lo que pasa es que las mujeres NO se toman en serio 50 Shades of Grey: lo leen o lo ven para divertirse un rato con las chorradas que presenta, con esa expresión torpona de sus fantasías más baratas y menos aplicables a la vida real, en resumen, para burlarse un rato de los hombres, que nos lo creemos todo (incluso que les gusta ser tratadas como perras).
[Hay otra idea paralela que me viene, más peligrosa: esta inclinación femenina a excitarse con la fantasía del maltrato masculino existe sin duda alguna, aunque esté perfectamente claro que el hecho de que te excite la idea de ser violada por una horda de bestias macho en modo alguno implica que lo desees en la realidad; pero voy algo más lejos: la fantasía de maltrato podría ser la tapadera de ese teórico complejo de Electra que nadie ha acabado de definir ni hacer creíble. ¿No resultará que lo verdaderamente excitante sería que tu padre —el macho dueño de tu reducida manada inicial— te castigase sañudamente por no ponerte a su servicio sexual?
Qué tontería, ¿no?]

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