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Leer, vivir, escribir

2013/08/29

Leer, vivir, escribir

Sí, hay escritores que han leído demasiado ; lo cual casi siempre significa que no han vivido lo suficiente para escribir algo que no sea experiencia de la literatura : poesía de la poesía, novela de la novela. Leyéndolos, uno tiene a veces la impresión de estar escuchando la voz de un jovencito estudioso y aplicado, que no sabe de qué está hablando, pero que lo expone bien o incluso muy bien, según los cánones. Vila Matas, por ejemplo, me recuerda aquello de los chistes numerados : el grupo de amigos en el que solo tiene uno que cantar el número para que todos los demás recuerden el chiste y se rían. ¡ El siete ! Jajajá. También podríamos denominarlo escribir para colegas, para un grupo de personas a quienes no les hace falta que les expliquen las referencias.

Yo nunca he sido tan literato. Tengo enormes lagunas dentro incluso del canon más elemental.

Podríamos decir que me he saltado el siglo XVIII, salvo alguna novela inglesa determinante. Cositas en español y en francés.

No soy un experto en el siglo XIX, tampoco. Algo de Balzac, un poquito de Dickens y de Hugo. Obras sueltas de unos y otros. La enorme poesía francesa de la época, casi entera. Coleridge, Wordsworth, Keats. Apenas dos o tres novelas rusas, no de las principales.

Rabelais —antes—, indispensable para mí.

Mucho siglodorado español, desde luego, más poesía que novela o teatro. Don Miguel : todo él por la prosa excelentísima, El Quijote por la reinvención de la libertad narrativa. Textos medievales, por su sabor alienígeno.

Mucho griego, mucho romano, también es verdad. Son poetas enormes, quizá insuperados aún. Siempre en versiones bilingües, además, para ( si quieren ustedes ), mayor pedantería. Bueno, no : mi entrada a Grecia ocurrió por las traducciones de don Luis Segalá. El verano de Homero, 1959, fue glorioso : todavía recuerdo el reflejo del sol en las cuatro abolladuras del casco de Aquileo. Sí.

( Pero, lo confieso : mejor recuerdo la luna entre los muslos de Dominique Delèze, en la playa de Castellón de la Plana, ese mismo verano. Nunca me hagan mucho caso cuando me pongo literaturoso. )

Muy poco Oriente.

Poca literatura italiana, poca literatura alemana, poca literatura portuguesa. Cosas sueltas.

Y mucho siglo XX, el tiempo de oro de la lengua inglesa, la larga despedida de la lengua francesa como paladina de la literatura universal. Pocos libros en español. ( El boom casi entero, a pesar de haberme disgustado hondamente la lectura de Cien años de soledad. ¡ Pero Cortázar ! ¡ Onetti ! ) ( Escasa poesía : los poetas españoles casi siempre me daban la impresión de estar contándome vidas de santos y fervores supernos. Así y todo, a vuelapluma : Valente, González, el entusiasmo de Celaya, algún Cernuda, Rojas, algún Neruda, Otero… En el amor poético, como en el amor de las personas, siempre hay ingredientes caprichosos e injustificables. No sabría explicar mi aversión de Lorca, por ejemplo, ni mi identificación con algunos libros de algunos poetas coetáneos míos, los más vividos, quizá, los menos finolis. Sería peligroso nombrar : los poetas muerden. )

Cabe suponer que haya una combinación ideal de experiencia/lectura/escritura para cada persona. Supongo que los escritores óptimos habían conseguido combinaciones óptimas cuando escribieron sus mejores obras. Pero no conviene descartar un ingrediente superior, del que dependen todos los demás, es decir el talento. Por mucho que usted lea, por mucho que usted escriba, por mucho que usted viva, si no tiene talento nunca escribirá nada que merezca el nombre de literatura. ( No estoy sugiriendo que el talento sea innato, genético. Quizá lo sea, al menos en parte ; pero también podría adquirirse en los primeros años de la vida, por el ambiente, por la educación, por las personas que nos rodean, etc. Pero a los quince o veinte años parece ya inamovible. )

Leer lo justo, vivir lo justo, escribir lo justo. La perfecta norma que nadie puede cumplir.

Ramón Buenaventura, agosto de 2013

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  1. Rafael
    2013/09/02 en 10:17

    En castellano, al emplear la expresión “lo justo” parece que quisiera “moderadamente”. En cambio muchos libros se han escrito después de experiencias vitales extremas o incluso en durante una vida entera llena de abusos. Para estos escritores, lo justo era precisamente lo extremo para la mayoría.

    Un abrazo.

    • 2013/09/02 en 10:50

      No sé. Lo justo sería lo que hace falta, ni más ni menos. Lo cual, por otra parte, no me parece a mí que tenga nada que ver con lo extremado de la experiencia o experiencias concretas. Abrazo.

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