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Todo mío

2013/08/13

Ayer por la noche me compré las obras completas de Gustave Flaubert y las obras completas de Honoré de Balzac. Coste total : cuatro dólares con setenta y dos centavos.

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Pregunta número uno :

—¿ Hay ofertas parecidas en español ? ¿ Puedo comprarme en algún sitio, por dos euros, las obras completas de —pongamos— don Ramón María del Valle Inclán ?

Pero, pregunta número dos :

—¿ Para qué diablos quiero yo tener en mi nube particular de Amazon y —cuando me apetezca— en mis Kindle o en mi iPad, las obras completas de unos autores que están a mi disposición en internet y que puedo consultar cada vez que me haga falta ?

Es evidente : sigue funcionando en mí el ansia de atesorar productos literarios, musicales y artísticos, explicable porque hasta hace muy poco tiempo el disfrute de un producto cultural solo se tenía garantizado mediante bibliotecas y discotecas personales ( tratándose de gente rica, añadamos incluso colecciones de cuadros y esculturas ). Era una manía extraña, que quizá no entiendan las generaciones venideras : atestar las viviendas de libros y discos que en su mayoría, o en buena parte, no leeríamos o escucharíamos nunca, más bien por poseerlos, por mirar las paredes que ocupaban y sentirnos ¿ orgullosos ? Mi discoteca me deprime, a veces. Son unos miles de vinilos que cubren una pared entera del salón, salvo el hueco en que reinan el televisor y el equipo de sonido. No sé cuánto tiempo llevo sin sacar de su funda ningún disco. Tengo algunas joyitas, sobre todo en música clásica, pero me vence la pereza : acercarse, buscar el disco, sacarlo de su funda, limpiarlo sin poner los dedazos en los surcos ( siempre fui muy minucioso en ello ), levantar la tapa del tocadiscos, colocar el vinilo sobre el plato, situar la cabeza lectora en su sitio, tras haber limpiado la aguja con una brochita de fino pelo… Sí, había placer en el rito ; pero me temo que ya no estamos para tanta liturgia, ni siquiera los viejos.

La biblioteca, por su parte, lleva decenios sin servir para casi nada, por un desorden que ningún intento de catalogación logró superar del todo. Durante los estudios de mis hijos, no sé cuántas veces tuve que comprar un Lazarillo nuevo, sabiendo que lo tenía en tres o cuatro ediciones distintas. El paradero de los libros se conoce mientras perduran en la mesilla de noche o alrededores. Luego… Y para qué hablar de la considerable cantidad de obras de consulta y referencia que aún ahora se ciernen sobre mí, en mi despacho, y que Google ha hecho casi totalmente inútiles : ¿ cuántas veces he abierto la Británica o el OED en los últimos diez años ?

Y, sin embargo,¿ cómo vencer la tentación de hacerse con Flaubert y Balzac enteros por cuatro eurillos ?

Los dejaré en la nube amazónica, claro ; pero sabré que están ahí. Míos.

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  1. ramoon
    2013/08/19 en 15:12

    Aprovecho para traer aquí, desde allá, aquella suculenta confesión libresca de uno de los bajitos más inteligentes y lúcidos de toda la historia de la literatura, y por tanto, de los más cachondos de toda la historia de la literatura… Para mí mucho mejor que Borges, al que le faltaba un poco más de guasa en su literatosis, tan hitita de tesis.

    Se confirma, o al menos yo lo hago, que el consuelo de muchos por el mal común será cosa de tontos, pero igualmente cumple su función lenitiva, porque me he visto muy reflejado y aliviado con la comunicación de Don Ramón, ese maldito afrancesado.

    Si lo que se busca es aliviar las bibliotecas lo mejor es tirar por el método del divorcio… pues los libros, ante la callada del juez (solo preocupado por los hijos), sufren una partenogénesis inversa muy curiosa.
    Para el caso contrario, lo de la nube está muy bien, pero estando ya San Steve Jobs allí arriba yo ya no subo nada porque no me fío de ese infiltrado de la CIA.
    La de cosas que los sucesores de Don Hooverputa podrían averigiar por nuestras lecturas… hasta que semos unos esquizoides en potencia y unos esquizofrénicos que unos días leemos a Santa Teresita y otros al Marqués de Sadito, aquel guarrito.

    Salud y Wertfalia

    PD.- ¡¡¡Gibrartá pa los póngidos!!!

    • 2013/08/24 en 08:43

      Sí, sería interesante convertir Gibraltar en un Parque Póngido en el que los ricos locos de todo el mundo pudieran permanecer una temporadita con los trandes simios a un precio fabuloso.

  2. carmen
    2013/08/13 en 18:28

    Hola Ramón Buenaventura, me gustó tu página, simplemente eso…

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