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PP, Rajoy, De los Cobos, la Democracia, Juan Carlos, mi padre gallego

2013/07/20

Maticillos pequeñines

1. Fue el PP quien ganó las elecciones, no Mariano Rajoy, elegido luego por el parlamento con mayoría absoluta del PP. Ese mismo parlamento podría elegir a cualquier otro. No hay ningún delito de lesa democracia en pedir la retirada política de un presidente que no está a la altura de su tarea y que parece haber incurrido en irregularidades rayanas en lo delictivo.

2. Que un juez cometa la insensatez de afiliarse a un partido imagespolítico dice muy poco a favor de su sentido común y mucho sobre su ansia de medrar con el apoyo del poder ejecutivo. Si este juez llega a ser, para colmo, presidente del tribunal constitucional, y se descubre su enjuague, el único camino decente es la dimisión instantánea e irrevocable, por no hablar de castigos rigurosos que nadie podría imponerle.

3. Leo en una revista que el Rey necesita « apoyo moral ». Sí, seguro, todos necesitamos apoyo moral. Pero Juan Carlos I necesita, sobre todo, moral. Y no me refiero a su mayestático sexo de otrora.

4. Volviendo al poder judicial : ¿ vamos a necesitar un cuerpo especializado de la Policía que controle las veleidades políticas de los jueces ? ¿ O quizá un equipo de psicólogos especializados que les vigile las cabezas ? ¿ Va a ser recomendable que sus señorías juren no pertenecer a ningún partido político antes de acceder a un cargo ?

5. Quizá no nos demos cuenta de que la democracia se concibió para que funcionara en sociedades uniformes, donde todos o casi todos los ciudadanos están de acuerdo con el sistema social, donde las disidencias pueden ser grandes, pero jamás afectan al núcleo de la sociedad. Ahora vivimos en sociedades fragmentadas, donde la mitad de los ciudadanos quiere vivir de un modo y la otra mitad de otro modo muy distinto y muchas veces incompatible ( lo cual se agrava, además, cuando una de las mitades aplica el fundamentalismo religioso, que rechaza y demoniza todos los sistemas no recomendados por el Dios de que se trate ). En situaciones así, solo puede gobernarse con extrema prudencia, sabiendo que quizá se tenga el apoyo del 51%, ahora, pero que no puede despreciarse la voluntad del 49% ( simplifico las cifras para mayor claridad ). El gobierno no puede tomar medidas absolutamente contrarias al sistema de vida que defiende la oposición, porque en cuanto pierda las elecciones esas medidas serán canceladas. Si, además, son sustituidas por otras absolutamente contrarias a lo que defienden quienes antes eran gobierno y ahora oposición, entramos en un pendulismo vicioso que puede mantener a la sociedad en estado de desconcierto durante decenios. Véase lo que está ocurriendo en España con la enseñanza, o lo que está empezando a ocurrir con el Derecho de familia. Podríamos alcanzar el disparate total en unos pocos años.

6. Más De los Cobos. En el absurdo supuesto de que nos afiliásemos a todos los partidos políticos, presentes y venideros, y les pagáramos la cuota mensual correspondiente, podríamos alegar que defendemos la Democracia. Si se nos afiliamos a uno solo, estamos defendiendo a ese partido y a ningún otro y no desde luego a la Democracia, sobre todo si somos agentes activos del poder judicial. Lo menos que se puede decir es que en nuestra cabeza se mezclan los poderes. Si me ocurre a mí, allá yo. Si le ocurre al presidente del Tribunal Constitucional, da miedo.

Parábola

Una tarde de verano de 1957, en Sevilla, estábamos en una terraza y mi padre se enrolló con el camarero, como solía en tales situaciones hosteleras, y en un momento dado le dijo, no sé a cuento de qué :

—Es que yo soy gallego.

El camarero se quedó mirándolo, con la bandeja en alto, con el lenzuelo colgándole del brazo, con la otra mano en el bolsillo del delantal no exactamente impoluto.

—¡ Quite allá, hombre ! —exclamó al fin—. ¡ Qué disparate ! ¿ Cómo va usted a ser gallego ?

Pero sí, mi padre era gallego. Llevaba en Tánger desde los 16 años, pero gallego.

¿ Puede un andaluz figurarse a un gallego ? ¿ Y viceversa ?

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