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La intelectualidad enmudecida

2013/05/27

Tiene cierta gracia cruel que se critique el silencio de los intelectuales ante el triunfo de la Nueva Sociedad (la sociedad en que solo los avatares del Capital son sujeto de derecho). Suponiendo por un momento que yo fuera intelectual, ¿cómo haría para expresar mi desacuerdo?

No tengo voz.

Casi ningún intelectual tiene voz. Solamente los cien o ciento cincuenta a quienes les publican textos en los medios. Los demás solo podemos expresarnos en Facebook o Twitter, o en blogs que solo leen nuestros conocidos (de higos a brevas), o en libros que no siempre logramos publicar y que, desde luego, no son precisamente el sistema más rápido o eficaz de incidir en la opinión pública.

Tampoco puede afirmarse con verdad que los intelectuales con derecho a publicación en medios sean libres de expresar sus opiniones, porque solo podrán expresarlas si coinciden en todo o casi todo con las posturas del medio en que publican. Dicho en otras palabras, quizá más cínicas: los intelectuales que colaboran regularmente en los medios de comunicación son portavoces disimulados (a veces, incluso, me temo, inconscientes) del medio en que publican. Sus voces, pues, no son personales, sino del periódico tal o la emisora cual, que las pagan y publicitan y utilizan a efectos propagandísticos.

Siendo suficientemente famoso, puede darse el caso de que algún intelectual no fichado vea alguna disidencia suya publicada en algún medio con repercusión, con fuerza suficiente para llegar a la dispersísima y parceladísima opinión pública de nuestros días. Rara vez ocurre. Lo normal es que las declaraciones subversivas de intelectuales sin camiseta se reproduzcan solo en los medios que las comparten, más estrechos de audiencia cuanto más atrevidas sean (quienes seguimos El Intermedio de la Sexta, por ejemplo, somos una audiencia estrecha, estamos todos de acuerdo, a priori, casi con cualquier cosa que allí nos cuenten; lo mismo los seguidores de los canaluchos TeDeTeros que el PP regaló a la Derecha Total).

La pregunta, pues, es sencilla: si no somos Umberto Eco o similar (con licencia para decir estupideces directamente trasladables a TITULAR, como eso reciente de que internet «multiplica» la soledad), ¿dónde nos expresamos, a quién le contamos nuestras ideas y sentimientos, cómo arengamos a los luchadores, cómo aplicar nuestra «intelectualidad» a algo útil para nuestros semejantes los pobres seres humanos?

Francamente, no lo sé. Se me pueden saltar las lágrimas ante un telediario cruel, ante unos niños que no tienen para pagarse la comida en un colegio de mi propio país, pero sé que mis palabras de pena e indignación quedarán en el aire.

Las digo, las digo, de todos modos. Ya sé.

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  1. max
    2013/06/23 en 20:42

    Decía Quevedo que -si quieres que las mujeres te sigan, ponte delante, -algunos cucos poseen la capacidad de adivinar por donde soplará el viento y poner las velas en posición; habilidad de trilero, ya, pero una habilidad como otra.

  2. 2013/06/11 en 07:26

    Hola, Ramón! Estaba revisando mi carpeta de e-books y encontré el de y lo leí de un tirón. No sé quién me lo envió, pero lo disfruté bastante. Así que te he ‘gugleado’ y vine a dar con tu blog-librillo, por fortuna. Me encantó tu poema vetusto. En fin, sólo para decir que te mando un fuerte abrazo desde el norte de México y que, desde ya, soy tu fan.

    • 2013/06/11 en 07:29

      El libro que leí fue el de “Sin tildes, por favor”, pero no me explico por qué se borró del comentario. Quizá por hacerte caso y no utilizar las comillas anglosajones, debí oprimir algún corchete conectado con algún extraño portal.

      • 2013/06/11 en 09:04

        Tengo la memoria en blanco y además no encuentro en internet ningún libro que se llame Sin tildes, por favor. 🙂 Pero agradezco que te hayas molestado en hacerme caso, Francisco.
        Ya que estamos: si no tienes otro modo de ponerlas (aquí, por ejemplo, o en Facebook), las comillas de galón se pueden insertar mediante alt+174 y alt+175 = «comillas». En Word es más fácil hacer que «autocrrección» modifique automáticamente <> (las antilambdas), convirtiéndolas en « ».
        Perdona este arranque docente que me ha entrado de pronto. Echo de menos las clases de la Facultad, evidentemente. Un abrazo.

  3. 2013/05/30 en 14:19

    Hablando desde la extrema izquierda, la teórica intelectualidad ha apoyado o se ha relacionado con causas, personas (Zp, sus ministr@s) o entes (la SGAE) que la incapacitan completamente para emitir cualquier juicio moral. Que gente como Millás o Rivas se dedicaran a jalear desde las páginas de EL país un dia si y otro también la labor del anterior gobierno, a veces catastrófica, a veces sonrojante, sólo por joder al PP pues les ha dejado al nivel al que están ahora.

    Peor es lo de Muñoz Molina, que va en plan Saulo caído del Jaco, sin los bemoles necesarios para admitir que todo lo que vio lo calló en su momento porque bien que cobraban el y su sra. del Cervantes en N.Y.

    Por favor. La teórica intelectualidad de este país se pega por recibir un premio de manos de Felipín el Preparado, o por que la inviten a esa gigantesca felación de la figura de Lara a nivel político y social que es el premio Planeta. Así es imposible.

  4. Rafael M
    2013/05/29 en 11:40

    Tras leer la entrevista a Rafael Poch en Jot Dow, me parece que lo expresa bien: ha habido por un lado demasiado acomodo por parte de las generaciones que han nacido y crecido en los últimos 30 años en España, y por otro lado, los que conquistaron la democracia, no han dado buen ejemplo.
    Tengo la impresión de que la mayoría de españoles, seis años después del inicio de esta crisis (y quitando aquellos que parecen haber despertado) estamos como ese tipo resacoso después de una gran fiesta: con un fuerte dolor de cabeza, preguntándose dónde está y cómo llegó hasta ahí, con vagos recuerdos de lo bien que se lo pasó, y preguntándose cuándo será la próxima fiesta, viviendo de fiesta en fiesta.
    Es hora de apagar la tele y el ordenador y salir a hacer política. Ha pasado el tiempo de la fiesta. Le dedicamos por lo menos los últimos 8 años (lo que duró el euro antes de empezar a notar las consecuencias de tanto euro-alcohol en vena). Ahora deberíamos todos tomar consciencia de que necesitamos dedicar 3-5 años de nuestra vida a la política activa, al nivel que sea: te afilias a un partido, o a una asociación, o formas parte de algún grupo de presión, trabajas por la comunidad, te interesas por tus conciudadanos, por los asuntos políticos, lees, te informas y estudias todo lo que puedas sobre asuntos políticos y económicos..en el momento en que la gente despierte su sed por conocer más sobre la política y la economía, volverán las ideas a triunfar sobre las opiniones e incluso, por qué no, se abrirá la posibilidad de cambiar a los partidos políticos desde dentro…y el que no cambie (y sabemos qué lado no cambia nunca) será barrido en las elecciones.

  5. 2013/05/28 en 22:23

    La mamonada de Eco es tremenda. Nunca supuse que alguien llegaría a superar a Vargas Llosa en eso de mamonear.
    Lo de los blogs, pues cada vez noto más, desde que tengo el mío, que me cuesta lo indecible contratar los trabajos alimenticios.
    Abrazos,
    JL

    • 2013/05/29 en 11:52

      Hombre, Eco, ha sido casi desde su arranque un auténtico titiritero mental. Vargas Llosa me parece menos circense, aunque tampoco se me antojen muy válidos sus análisis del mundo, ni —en general— sus libros posteriores a LA CASA VERDE…

  6. Liu
    2013/05/27 en 18:48

    hola Ramón, es complicado el tema y da pereza comentar a pie de blog porque lo que se necesita ya es un libro para explicar el por qué de la situación actual. No puede obviarse, de todos modos, que en tiempos de bonanza cada cual se ha ocupado exclusivamente de sus asuntos y de su fortuna, de adular a quien podía beneficiarle, etc., por lo que ahora difícilmente quien trabajó de ese modo va a encontrar ecos solidarios cuando reclama atención a su presencia o a sus pensamientos.
    Hace tiempo que hay un runrún, del que Eco parece participar, entre viejos intelectuales que prosperaron y triunfaron en los 80, que reclama la vuelta a aquello… aquello fue etiquetado como una reedición del despotismo ilustrado: para el pueblo sin el pueblo. No entiendo mucho las quejas habituales hoy sobre el silencio de los intelectuales, pues cuando se fomentó a figuras como Lucía Etxebarria y la basura literaria concomitante se sabía adónde llevaba.
    Cada vez que leo frases como “el desmantelamiento de la crítica” pienso en esos que aparecen llorando en el funeral, portando a hombros el ataúd, para descubrir al poco que ellos “la” mataron: la crítica, la intelectualidad, la novela moderna, la democracia, etc. etc.

    • 2013/05/27 en 19:21

      Sí, Liu, es un tema del que se puede hablar y hablar y hablar, hasta el exceso, hasta la desapetencia total. Quizá sea un elemento más de la fina estrategia bestial que esta gente a elaborado desde los años setenta para acá: que nos cansemos de hablar por hablar. En fin. Gracias por tu comentario.

      • Liu
        2013/05/27 en 19:26

        A mí lo que me ocurre es que sencillamente me dan asco nuestros “intelectuales”, que me recuerdan demasiado a las monjas por su estrechez de miras.

  7. 2013/05/27 en 10:55

    Hace bien poco hubo una réplica de Javier Marías a la crítica sobre el silencio de los intelectuales que denunció Muñoz Molina (haciendo autocrítica) durante los años de crisis.

    Pero en el fondo del problema está justamente lo que tú indicas, Ramón: el silencio de nuestros pensamientos. Si con tu fantástica trayectoria dices que el blog es leído apenas por unos conocidos (yo ya me incluyo en ellos, ¡eh!) imagínate los del resto. ¡Hay entradas que hacen eco!

    • 2013/05/27 en 11:34

      Sí: he tenido momentos mucho más altos, pero ahora es raro el día en que rebaso las cincuenta visitas. Solo cuando hay novedad, como ahora… Los blogs han visto reducida su frecuentación por la fácil disponibilidad de Facebook y Twitter, por su espectacularidad, etc. Supongo que los de gente verdaderamente famosa, como el propio Marías, o Carmen Posadas, o Arturo Pérez-Reverte, seguirán en cifras muy elevadas.
      De hecho, los intelectuales siempre han tenido más influencia por el boca en boca que por el medio en que se reproducían sus palabras. El «delenda est monarchia» de Marañón se publicó en EL SOL, pero corrió como un triquitraque por toda España. Ahora es Belén Esteban quien tiene la palabra, supongo. 🙂

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