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COLABORACIONES–Rafael M. 14. La herencia de los mansos

2013/04/14

La herencia de los mansos

Viviendo el sexto año de esta profunda crisis económica, una parte de los españoles está dTextos de colaboradores invitadosespertando. Una consciencia colectiva, una moral compartida, comienzan a formar un cuerpo social que dice ¡basta! Asociaciones de ciudadanos (este vocablo, ciudadano, empieza de verdad a significar algo para muchos), jueces y abogados que luchan contra los desahucios; los grupos que practican el escrache como respuesta proporcional al desprecio con que las élites de este país tratan al ciudadano ahogado en las consecuencias de su mala gestión; periodistas que se rebelan contra la «democracia de televisor» que nuestro actual presidente del gobierno, personaje provisional prescindible, quiere clavar: otro pilar más del despotismo desilustrado y clientelista en el ataúd de una democracia moderna en este país, empleando una pantalla de plasma como el alcalde de Bienvenido Mr. Marshall empleaba el balcón del ayuntamiento.

Los gigantes de la prensa están ayudando. Sorprendente. Sacan ahora a la luz pública aquellas fotos, aquellos e-mails, grabaciones e indicios que por iniciativa de algún periodistas o por la de algún informador, decidieron guardar en la época del «España va bien» y la “Champions Ligue”, demostrando su deshonestidad hacia los españoles, deshonrando su papel como cuarto poder, contribuyendo con su silencio cómplice a la ruina de España. EL PAÍS, EL MUNDO y ABC no dejarán por ello de ser sospechosos, pero al menos desde tiempos muy recientes podemos decir que «son nuestros hijos de puta», los de los españoles de a pie, no los de los españoles que ya sea desde la política, los sindicatos, la banca o la gran empresa, han parasitado y siguen parasitando España.

Por desgracia hay una España que sigue sin despertar. Y me temo que todavía es mayoría. Integra al menos a cuatro grupos: en primer lugar, por supuesto, los interesados-parásitos, para quienes que España siga en la ruina y vaya camino de convertirse en un cortijo andaluz supone pingües beneficios o privilegios de algún tipo (aquí encontramos desde los miembros de las élites extractivas, pasando por los ineptos nombrados a dedo, hasta la serie piramidal de canallas que hicieron que unas participaciones preferentes o unas acciones de Bankia acabaran con los ahorros de una anciana, o una hipoteca impagable echara a una familia a la calle y la condenara a la marginalidad y la economía sumergida de por vida).

En segundo lugar están los indiferentes-egoístas. En 1929 miraban para otro lado mientras su vecino se arruinaba, las empresas cerraban por decenas cada semana o incluso, en tiempos más funestos, desconocían lo que pasaba con aquellos judíos, gitanos, negros, comunistas y homosexuales que eran subidos en trenes.

El tercer grupo son los optimistas-ingenuos, que creen que ni a ellos ni al resto de sus congéneres les va a pasar nunca nada malo, todavía tienen trabajo o su empresa sigue abierta, pueden ahorrar y sueñan, con una España que dará un futuro para sus hijos. Ya me gustaría a mí que me explicaran cómo.

Y el cuarto grupo está formado por los atemorizados. Tienen miedo de perder su trabajo, de sus jefes y compañeros de trabajo, del futuro, de protestar, llevan cinco años soportando congelación de sueldos, jornadas de trabajo interminables, trabajar los fines de semana cuando toca, jefes cada vez más tiranos o que den su trabajo a becarios que por 300 euros trabajan tantas horas como ellos. No tienen tiempo para formarse y salir del círculo vicioso de deterioración general de sus condiciones de vida. Forman parte de este grupo los que tienen que aceptar ir a peor porque su situación tiene difícil solución: hipoteca, hijos pequeños, pareja en paro, hermanos que han perdido el empleo y ningún ahorro. Pero también, dentro de este grupo, están los acojonados-conformistas que lo aceptan todo. No tienen cargas familiares, no tienen deudas, podrían no aceptar que su jefe les insulte, trabajar de media 55 horas a la semana y fines de semana cuando toque sin que te lo paguen, que su empresa les explote. Pueden cambiar sus vidas. Pero no lo hacen, simplemente, son mansos.

De todos estos españoles que no han despertado, el último grupo es el más preocupante. Los mansos para mí son un misterio, son puro absurdo, pura irracionalidad. Los integrantes de las otras tipologías —excepto los que tienen muy difícil salida— al menos tienen un interés, declarado o no, para no hacer nada que impida que nuestro futuro colectivo se esté yendo al carajo. Tal vez crean que su mansedumbre disfrazada de abnegación será recompensada por sus jefes, sus empresas o la justicia divina (¿no dicen que alguien dijo que los mansos heredarían la Tierra?). El problema con los mansos es que nunca despiertan. Son individuos que en momentos como los actuales, no solamente son completamente inservibles, son perjudiciales. Por eso tienen la llave de los procesos de cambios sociales. O lo que es lo mismo, si en España al final no cambia nada es porque hay demasiados mansos.

© Rafael M. 2013

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