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COLABORACIONES. Rafael M. 13 – (Sin) perdón

2013/02/12

 

(Sin) perdón

Sam Peckinpah elegía para sus films a compañeros de mala vida, actores como Textos de colaboradores invitadosWilliam Holden en Grupo salvaje, cayendo en barrena entre vapores de alcohol y juerga, incapaz de superar su timidez y una frustrada relación con Audrey Hepburn. Antihéroe y perdedor, es el líder de una banda de asaltadores de bancos, un cowboy cansado que camina por el atajo hacia el barranco, el penúltimo trago de whisky y un último baile con La Parca.

     En La guerra de las galaxias las fuerzas oscuras parecen más emocionantes e inteligentes que esos aburridos caballeros Jedi con su atuendo monjil, sabiduría de libro de autoayuda y rancias tradiciones. Darth Vader habla claro y directo, mientras que el bajito verde y orejudo es incapaz de hilar sujeto, verbo y predicado. Por si fuera poco, el lado oscuro es más moderno, capaz de construir maravillas tecnológicas como La estrella de la muerte o adentrarse en la genética en busca del guerrero más letal. Por amar con noir désir a la princesa Amidala, acabó encapsulado en un traje negro.

     Magua, el jefe hurón de El último mohicano, devora el corazón del coronel Munro, al que juró dar muerte por negarle la mano de su hija después de que su mujer se casara con otro durante su cautiverio a manos del coronel. La ira devora por dentro y por fuera.

     La cara humana de Hitler en El hundimiento asombra a quienes no pueden concebir que alguien capaz de provocar tanto horror pudiera sentir gran aprecio por sus perros y amor por Eva Braun. Los absolutos no existen ni siquiera en casos como el de Hitler.

     ¡Mi reino por un caballo!, gritaba Ricardo III en la batalla, unos dicen que para huir, otros, para recuperar la altura que a pie su deforme cuerpo no le permitía. A caballo, debía de dolerle menos el alma torturada por el rechazo femenino.

     William Munny, jinete del apocalipsis en Sin perdón, cabalgó con la muerte de su lado segando vidas de hombres, mujeres y niños. Por una mujer se apeó. Cuando ella murió volvió a silbar notas de muerte. Siempre he tenido suerte cuando se trata de matar, respondía al escritor de novelas por entrega. El epílogo del film cuenta que en la lápida de su mujer nada explicaba por qué se había casado con un conocido ladrón y asesino, un hombre de carácter notoriamente cruel y desmedido.

Y de la ceniza me espanto, pero a ella vuelvo

Negros espejos me bañan, de profundo hueco

En mi aturdida casa, mi juicio espera

Solo, que me rescates, que me laves

Ternura por llanto, dientes por labios

En tu espejo claro, desde el otro lado

Que me cantes, que me hables

Un susurro lento, ligero, largo

Y de mis sienes calme el agudo espino

En la tierra quemada, mis manos sangran

Remo hacia el olvido de mis quebrantos

O mi reflejo, o tu canto.

( c ) Rafael M., 2113

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  1. Rq
    2013/02/17 en 20:32

    Joer, a mí son cuentos que me contaban de niña. Garbanciiitooo ¿dónde estás? ¡En la barriga del buey! Vamos, cualquiera se olvida de la voz de Garbancito 🙂

  2. Rq
    2013/02/17 en 13:43

    ¿2113, Rafael? ¿Un siglo por delante? ¡Así cualquiera resulta más moderno! Te envío a ese futuro recuerdos de un cuento tradicional (O mores), azúcar, aliento: Mucho cuidado con lo que hacéis, pachín, pachín, pachín, a Garbancito no piséis.

    • 2013/02/17 en 17:56

      Garbancito de la Mancha es de cuando yo era muy pequeño, Rq.: 1945 (casi veinte años antes de que tú nacieras). Y no tengo la impresión de que se haya repetido mucho su emisión en ningún medio. ¿Cómo diablos te sabes la cancioncita de las narices? Beso.

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