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Vicens Vives

2012/10/29

La Historia económica de España, que leí (por no decir estudié) en su primera edición de 1972, es uno de los libros que más ha contribuido a configurar mi idea de España. Comprendo que ahora puede haber quedado anticuada en algunos de sus datos, pero estoy en la impresión de que sus planteamientos, análisis, historia-economica-de-espana-9788431611064conclusiones, interpretaciones, siguen siendo perfectamente válidas.

En este momento de falsificación histórica general, de manipulación sistemática de los datos conocidos para ponerlos al servicio de algún propósito político, siempre nacionalista, siempre de justificación simplista de la diferencia, resulta verdaderamente agradable leer párrafos cono estos (página 284):

En 1479, en el momento de entrar a gobernar los Reyes Católicos, los comerciantes de Cataluña consideraron que se había entrado en un periodo de «hermandad» hispánica —según palabras documentales—. Es evidente que para la población empobrecida y el comercio decaído de Cataluña habría sido un ideal redentor poder contar con un mercado de absorción de paños, hierros, coral y especias cual el de Castilla y Andalucía. También habrían podido intervenir en el comercio de las lanas, con mucha más holgura que otros intrusos extranjeros. Tales deseos cayeron en saco roto. Y no porque Castilla tuviera una animadversión hacia los catalanes, sino porque sus altos círculos financieros estaban dominados por los genoveses. Como, por desgracia, en aquel momentos los Reyes Católicos necesitaban más de los genoveses que de los catalanes, porque estos estaban arruinados, se hicieron sordos a sus insistentes demandas. Las Cortes de Castilla, por su parte, se negaron con evidente miopía a admitir a los catalanes en las ferias de Medina del Campo en pie de igualdad, o sea que estos continuaron siendo considerados extranjeros. Por esta causa, las dos vertientes de la economía medieval hispánica, la mediterránea y la atlántica, vivieron separadas durante el reinado de los Reyes Católicos, estableciéndose una fatal tradición que no se rompería hasta el último tercio del siglo XVIII.
Este hecho es esencial para comprender que los Reyes Católicos no aspiraran a lograr una unidad efectiva de España, porque la unidad de un país empieza, como es archisabido, por su infraestructura económica. No existió más vinculación entre los reinos de la monarquía hispánica que la monetaria. El aglutinante decisivo habría podido ser América. Ya que en Castilla los intereses de los genoveses y de la Mesta eran tan sagrados que no podían permitir una unión económica entre los reinos de la Corona de Aragón y Castilla, por lo menos América habría podido ser el campo ideal para una tarea común verdaderamente hispánica.
¿Por qué, pues, se prohibió —en la práctica, porque jurídicamente no hubo tal exclusión— el comercio de los súbditos de la Corona de Aragón con América? Se han escrito tantos millares de páginas sobre este problema que intentar resumirlo parece empresa de titanes. Señalemos, no obstante, los polos a que hasta ahora ha conducido la polémica. Versión política: antagonismo castellano-catalán, propósito de los Reyes Católicos de aniquilar Cataluña. Versión jurídica: América era patrimonio exclusivo de Castilla. Respecto al primer punto, nada prueba tal aserto, puramente libresco; mejor será hablar, más tarde, de la oposición de los monopolistas sevillanos a cualquier competencia exterior, y entre ella a la catalana. Respecto al segundo punto, la tesis de las gananciales defendida por el profesor Manzano impugna tal solución y afirma el derecho del Rey Católico y, por lo tanto, de sus vasallos, a usufructuar la mitad de los descubrimientos.
La polémica que suscitan estos dos puntos cae al margen de esta obra. Pero queremos señalar tres aspectos que no se han tratado suficientemente. Primero, el mercantilista. Desde el punto de vista económico no cabe duda de que al Estado castellano no le interesaba en absoluto la presencia de extranjeros en el tráfico americano. Alguien debía realizarlo, y esos eran los castellano, porque las Indias se habían descubierto por la Corona de Castilla, a pesar de la intervención de elementos catalanes y aragoneses. Esta razón mercantilista nos parece muy sólida, especialmente teniendo en cuenta la tradición creada en la Casa de Contratación de las Indias, que es donde se aplicó esa legislación. Además de este aspecto mercantilista, deberíamos referirnos a lo que podríamos llamar inhibición de Cataluña. Este es un hecho sobre el que no cabe dudar. A los catalanes no les interesó América hasta bien entrado el siglo XVI, cuando hicieron gestiones formales para tomar parte en el comercio con las Indias. Durante el reinado de los Reyes Católicos hubo una despreocupación absoluta. Se habló, como hemos visto, de intervenir en el comercio castellano; de las Indias no hay rastro alguno en la documentación que hemos examinado.
Por último —tercer aspecto— esta actitud catalana estuvo acompañada por parte de los Reyes Católicos de una decidida voluntad de no permitir que ningún noble o mercader catalán, aragonés o valenciano pasara a las Indias, para evitar que se aplicara allí el espíritu foral, pactista y contractual surgido en aquellos países durante la Edad Media. Bastante trabajo tenían para dominar a los castellanos, a pesar de que estos estaban acostumbrados a obedecer a su monarquía todopoderosa. Es evidente que a la exclusión de los catalanes de América contribuyó el propósito de los Reyes Católicos de gobernar las Indias sin trabas de ningún género.

Cuánto habría que pensar para digerir estos párrafos y, en general, la obra completa de Vicens Vives.

NOTA FRÍVOLA FINAL: ¿Cómo es posible que ningún pepero castellano se haya quejado aún de que una actriz catalana esté haciendo de Isabel la Católica en la muy exitosa serie Isabel que ahora emite TVE?

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  1. juan
    2012/12/09 en 19:18

    uno de los libros que más HA contribuido a configurar mi idea de España

  2. asun
    2012/11/04 en 15:58

    Políticos y mandatarios catalanes,¡Cuánto mal habéis hecho a España en genral y a Cataluña en particular¡ Siempre en contra de lo razonable y REAL.Perdimos el sur de Fran-
    cia,Portugal y Gibraltar,indirectamente,por estos Sr. En la guerra civil la traición,a la orden del día,siempre en contra de España.^¡Qué cruz¡ “En Navarra y Aragón,nadie cotoza ni un real,Cataluña y Portugal son de la misma opinión,sólo Castilla,….lleva a cuestas su cruz….!
    Esa ha sido Castilla y ya no es nada. Los políticos de ahora,como nuevos Srs.feudales ,se reparten España. y nosotros ,los pecheros ,a pagar.Nos lo merecemos.

  3. rafael
    2012/11/01 en 09:12

    Comentario aparte.
    D. Ramón, esa foto que está ahí a la derecha bajo el “about.me”, ¿era el Tánger que usted conoció?. Por que si lo era, tenía muy buena pinta.
    Un abrazo,

    Rafael

    • 2012/11/01 en 10:23

      Sí, Rafael, es el bulevar Pasteur a finales de los cincuenta. Y le diré más: por increíble casualidad -no sé quién hizo la foto-, la persona que se ve a la zquierda, caminando, soy yo a los diecisiete años. 🙂

  4. Liu
    2012/10/29 en 18:29

    quizá os haga gracia saber que, tiempo ha (pero después de Isabel la Católica) en TV3 televisión de Cataluña, pagada por el peublo, una compañera de trabajo –señora ya mayor, pero obstinada– estaba empeñada en demostrar que Cristóbal Colón era catalán. Dineros y subvenciones para intentar demostrarlo hubo. Ella hablaba de “els espanyols” -gente culta sois, no he de traducirlo ;-)–. No sé, supongo que quería reclamar la riqueza robada a los catalanes allende los mares. No sé tampoco si se ha demostrado recientemente que era… no francés como Carlos Gardel sino de otro lado, y desde luego no del imperio catalán. Luego no os creéis cuando digo que he sufrido mucho! Todo el santo día oyendo paridas semejantes y yo callada para no revelar mi origen “espanyol”

    • sombrabl
      2012/10/31 en 14:09

      Idea más extendida de lo que se cree. De hecho hace algunos años en uno los Negro sobre Blanco que Dragó dedicó a tan enigmática figura, recuerdo a uno de los invitados defender muy apasionado la hipótesis del origen catalán del navegante.
      Si la memoria no me falla, creo que el investigador en cuestión -que casualmente era catalán- sostenía que el apellido original del navegante era en realidad ‘Colom’. Resulta al menos curioso que esta página de la wiki también contemple esa posibilidad:
      http://ca.wikipedia.org/wiki/Cristòfor_Colom

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