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MALI

2012/10/29

Hoy me he levantado con ganas de escribir algo cariñoso, y no voy a privarme.

Hay en Facebook un grupo llamado MALI [(M)ouvement (A)lternatif pour les (L)ibertés (I)ndividuelles] [Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales] que sigo atentamente, imagesin entrometer mi opinión en lo que dicen o intentan, porque no me considero autorizado a hacerlo. Primero, porque muchos de sus textos van en árabe, y mi árabe no da para tanto. Segundo, porque su problemática y la mía coinciden en muy poco: ellos se enfrentan —a veces con una osadía y un valor que me sorprenden y admiran— a las trabas extraordinarias que impone en sus vidas una sociedad dominada por la religión (por el islam, una de las tres religiones feroces, con el cristianismo y el judaísmo); yo, por ahora, mientras no asistamos al triunfo de las huestes gallardonas en España, esa cuestión la tengo más o menos resuelta: la Iglesia no ha influido ni influye gran cosa en mi vida presente (sí, de modo brutal, en el pasado histórico del país). Ya digo: por ahora.

En MALI, buena parte de la acción está llevada por las mujeres, y debo confesar que eso es lo que me fascina, a mí, que nací en Tánger y que nunca he mantenido una conversación con una mujer marroquí, por inverosímil que parezca, y no desde luego por ninguna clase de rechazo o soberbia mía, sino sencillamente porque nunca ha habido oportunidad de que ello ocurriera. Una marroquí, Rqyya, fue aya de mi hermano; otra, Rhimo la Loca, se peleaba a voces con mi madre (Si tu quiri, quiri, si no quiri, ya man fu: si tú quieres, quieres; si no quieres, je m’en fous); otra, Jaddush, mandó mucho en mí, de pequeño, y era una eximia artista de la dulcería. Sí. Pero todas eran mucho mayores que yo y, evidentemente, no me consideraban apto para la charla… Las mujeres que gestionan MALI son jóvenes, entusiastas, luchadoras y, sin duda alguna, muy valientes, porque en la sociedad marroquí —por evolucionada que la consideremos en comparación con otras sociedades islámicas— persisten elementos agresivos capaces de cualquier disparate.

MALI merece mucha admiración y mucho respeto. Y qué lástima no poder servirles de nada.

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  1. Angelina Girón Galván
    2012/10/29 en 12:16

    Poco se de Mali, solo lo que me cuentan Médicos sin Fronteras, pero si había oido todo lo que hacen allí sus mujeres; me parece fantástico que hoy te hayas acordado y referido a ellas.Creo que, en parte, el futuro de Africa depende de ellas.

    • 2012/10/29 en 12:46

      Mi nota no se refiere al país llamado Mali, sino a (M)ouvement (A)lternatif pour les (L)ibertés (I)ndividuelles] [Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales], Angelina. Pero es cierto que la salvación de África depende en mucha medida de las mujeres (que son, además, los únicos seres humanos que van a quedar en el continente, si los hombres siguen emigrando así).

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