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Colaboraciones. Rafael M. 07

2012/09/17

EL JUEGO DEL ARTE

Rafael M.

¿Han visto ustedes Prometheus de Ridley Scott? Un amigo y yo nos hemos preguntado mTextos de colaboradores invitadosuchas veces por qué algunos artistas logran obras maestras, llenas de eso que «eleva el espíritu humano» (al menos el tiempo que dura su disfrute) y después se tiran décadas haciendo obras mediocres, a veces incluso pésimas.

Para empezar, si hablamos de cine, ¿hasta qué punto un film es obra de su director, cuando intervienen tantas personas en su elaboración, algunas tan influyentes como el guionista, el director de fotografía o el productor? En la música o la pintura, en cambio, el hacedor suele ser único. Mozart hizo muchas obras por encargo, por ejemplo las óperas, que era lo que más le gustaba componer. Solo sus obras de madurez son consideradas clásicas. No olvidemos, por otra parte, que Mozart murió a los 35 años. Alguien me dijo que buena parte de los grandes avances teóricos en la ciencia y la creación artística se produjeron cuando sus autores tenían en torno a los 35-40 años de edad. ¿Tiene algo que ver la edad en la capacidad creativa de un artista?

Mi amigo y yo nos enrollamos con ejemplos contemporáneos de cineastas y músicos que no dejan de decepcionar después de maravillarnos, mientras esperamos que resuciten de banalidad y vuelvan a hacernos soñar. Rara vez vuelve a suceder. Pero quizá no haya que cargar sobre el artista todo el peso de este desengaño.

Algunas pistas parecen más bien obvias y otras no tanto. Por ejemplo, lo que hacía que Mozart aceptara componer música para relojes: hay que comer todos los días. Otra puede que tenga que ver con el agotamiento de la capacidad de sentir placer, tanto por parte del artista como de quien goza de sus obras. Vivimos en una sociedad que azuza sin descanso el deseo, que explota sin descanso a través del consumismo la veta del placer. No sería extraño que nos hallemos ante un agotamiento generalizado del sentido del placer y esto explique en parte la banalidad reinante.

Hay artistas que deciden vivir al margen del éxito, tal vez porque sospechan que de ello depende su capacidad de seguir creando. Pienso que hay no pocos casos en que una vez alcanzada la gloria, junto con las mansiones y aviones privados llega también la sequía creativa. ¿Cuál es el ingrediente? ¿Lo conoce siquiera su autor? Quizá no exista. Quizá lo que hace que una obra sea inolvidable es que su autor renunció a hacer una segunda parte, la concibió como una obra única. No cayó en la tentación de volver a repetir la fórmula del éxito.

Hay probablemente tantas teorías como personas y artistas ha habido y habrá. Para mí seguirá siendo un misterio la existencia de Prometheus en la filmografía de Ridley Scott, con sus personajes inverosímiles, su malogrado casting, diálogos para besugos y fallos argumentales. No era tan difícil hacerlo algo mejor. En vez de un Guy Pearce con kilos de maquillaje para interpretar a un anciano sediento de eternidad, que hubiera elegido al magnate de Eurovegas. No me digan que el tipo no tiene cara de sacrificar a toda la humanidad por conseguir la inmortalidad. Seguro que hubiera bordado el papel, señor Scott.

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  1. Juan cruz
    2012/09/26 en 19:12

    Ramon, busco tu Mail. Me lo envías? Abrazos!

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