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Colaboraciones. Rafael M. 06

2012/07/31

VIDAS EJEMPLARES

Rafael M.

Textos de colaboradores invitadosEn el Cercanías en dirección a Alcalá de Henares me fijé en el libro que leía una chica. Una vida ejemplar – La historia de Art Pepper. Me vinieron vagos recuerdos de programas de radio sobre jazz acerca de Art Pepper y su vida. Hace unos días fue el primer aniversario de la muerte de Amy Winehouse. Danny Boyle, el director de Trainspotting, es el encargado de la coreografía de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Un tema que siempre me ha interesado: la convivencia entre la adicción y el arte.

Declaración salvaje: me tranquiliza que se den casos como el de Amy Winehouse o Art Pepper. Para mí significa que todavía queda algún espacio azaroso en el mundo del arte, no controlado por la industria comercial ni lo políticamente correcto. Casi todo lo que nos rodea aparenta ser light y plastificado; música, cine y literatura enlatadas y reproducidas una y mil veces. En esta sociedad vieja, adocenada, con demasiados jóvenes avejentados por la maquinaria de lo comercial, fanes de triunfadores de lo efímero iguales como rosquillas, fabricados en la cadena de producción de hombres y mujeres de negocio en vez de artistas, limpios, puros y hasta castos; que todavía existan casos como el de Amy Winehouse, vive rápido, muere joven y deja un cadáver bonito, me reconcilia con el mundo.

¿La adicción mejora la obra de los artistas? Ese secreto es mejor que quede dentro del mundillo para aquel que quiera investigar. Art Pepper fue alguien quizá demasiado sensible, quizá demasiado débil, cuyos problemas arrancan de una infancia sin afecto y con demasiada violencia. Antes de ser heroinómano, Art Pepper ya era alcohólico, y antes ya era alguien muy infeliz.

¿Se ha olvidado la convivencia cómplice entre la mala vida y la producción artística? Nos guste o no, ha formado parte del conjunto, ha hecho las vidas de todos nosotros más interesantes, ricas y sensibles a través del contacto con sus frutos, nos ha sacado del tedioso bucle de la banalidad comercial. Vida, producción artística y adicción son prácticamente indisociables en casos como los de Art Pepper o Charlie Parker.

A veces creo que mientras están vivos ellos son los que están realmente vivos y los demás estamos…no vivos. Me acuerdo de Trainspotting : elige un lavavajillas, elige una televisor, elige, elige, elige… ¿No es esta sociedad de la elección interminable la que está en pleno derrumbe? Quizá deberíamos haber empleado más tiempo en vivir.

No puedo pedirle a nadie que comparta este lado salvaje. Déjenme que prefiera que los artistas vivan intensamente, con todas las consecuencias. Por puro egoísmo, claro, quiero sus obras, quiero lo que me hacen sentir, quiero esa increíble fuerza que transmite John Coltrane. Si hay categorías entre los egoístas, prefiero la mía a la de quienes sacan provecho comercial de la efeméride de una muerte o la de aquellos que dicen «qué lástima que llevara una vida tan mala». Que nadie diga qué pena, qué lástima. Nos dejaron su obra con la que nos hicieron mejores.

Lo que es una pena son esos artistas de gala de navidad, con ese aspecto tan sano. No sé a ustedes, pero a mí me ponen muy nervioso.

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  1. 2012/09/03 en 23:28

    Un amigo mío Ramón se marcha un año de trabajo a Rabat… ¿alguna recomendación? Un abrazo y espero verte pronto escribiendo por aquí…

    • 2012/09/04 en 13:29

      No conozco Rabat, aunque parezca mentira. De todas formas, está claro que si uno se instala en país extranjero —en cultura extranjera y muy diferente de la nuestra, como es la islámica— más le vale andarse con ojo.
      Aún tardaré en recuperar el blog: sigo con la novela.
      Saludos.

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