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Carlos Fuentes

2012/05/16

Cada cual sus preferencias, incurables: tengo para mí que Terra nostra es una de las mejores novelas en lengua española que se han escrito nunca; la amé página 915093por página, mientras la leía, y la recuerdo con respeto reverencial. Recuerdo también mis escasos momentos con Carlos Fuentes. La grabación de Aura para la colección de audiolibros de Alfaguara, con su desdichada hija Natasha en un papelito. El viaje a Sevilla en que desayunamos junto a Diane Keaton disfrazada de negro riguroso, cuando aproveché la coyuntura para contarle que muchísimos años antes León Aulaga había desayunado en ese mismo patio andaluz con otra Gran Estrella, y él me dijo: «Eso sí es envidiable». La cena en El Charolés de El Escorial, cuando dijo aquello de que José María Aznar parecía un muñequito de pastel de boda. Los tiempos en que descubrimos, conducidos por él, el territorio de la Mancha. Poquita cosa, ahora que ya no tiene remedio.
Nunca se sabe qué decirle a un muerto. Ya no está, ya no es; no sabrá cuánto le agradezco todo; es mi consuelo, sin embargo, decírselo.

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  1. Aire: nada, casi nada.
    2012/05/17 en 10:04

    Cómo olvidarlo: Tres movimientos: un placer.

    Muchas gracias, Ramón.

    ELLA y su mirada, a hurtadillas:
    Sigue gustándome mirarlo a hurtadillas :)

  2. Aire: nada, casi nada.
    2012/05/16 en 18:18

    Sylvia es ahora, según palabras de Carlos Fuentes en el capítulo dedicado a su esposa, en su ensayo, a modo de diccionario, titulado En esto creo. «Una pareja no sabe quién sobrevivirá al otro o si ambos morirán juntos. Pero el que sobrevive será siempre, no un doliente, sino un delegado de la muerte.»

    Aún era pronto… Queda su palabra. Al menos para varias generaciones. Y el silencio.

    Un abrazo.

    • 2012/05/16 en 18:35

      Pues sí, Candi: uno o dos abrazos; alegra saber de ti… Permíteme que incurra en la inmodestia de recordarte esos versos:

      TESTAMENTO

      Si muriésemos viejos,
      mírame tú morir,
      con la ternura

      con que sueles mirarme
      cuando me crees absorto
      ( a hurtadillas ).

      A quien quiera quemarlo
      déjale mi cadáver :
      tú da fin

      a la vida que hicimos ;
      calienta mi recuerdo
      y muere
      grácilmente
      cuando quieras.

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