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Hay un Torrente bueno

2012/05/11

Desde que la conocí, a finales de los setenta, llevo diciendo que La saga/fuga de JB, de Gonzalo Torrente Ballester (1972), es una de las mejores novelas que 200px-Gonzalo_Torrente_Ballester-ERREKAhe leído en mi vida (aunque a mí —con aprobación explícita del autor, que dijo compartir mi criterio en una entrevista que le hice para Cambio16— me admire y me divierta más Fragmentos de apocalipsis (1977), una auténtica apoteosis de la imaginación y del ingenio narrativo). Para colmo, luego, cuando me colé ya, un poquito, en el tenderete literario, gocé de un par de oportunidades de demostrar mi admiración por don Gonzalo: estuve en el jurado que le otorgó el Premio Nacional de Literatura en 1981 (*) y —siendo yo director del márquetin del Grupo16 (1983-84)— le tramité en Cambio una columna fija que le reportaba una pastita interesante al mes (a Torrente nunca le sobró el dinero, porque tenía muchos hijos —cuatro de su primera mujer, Josefina Malvido, y siete de la segunda, María Fernanda Sánchez-Guisande—, y porque la única forma de que te sobrara el dinero, en aquellos tiempos, era ser rico por casa, estraperlista, constructor o mangante; no, ciertamente, escritor ni profesor de instituto) (ni siquiera los millones del Planeta le levantaron del todo la cabeza: cuenta la leyenda que se los gastó ipso facto en un piso salmantino donde cumpliría, por fin, una de las ilusiones de su vida: disponer de espacio suficiente para instalar una buena biblioteca; pero no calculó lo que Hacienda le reclamaría al año siguiente)… También tuve la suerte, en cenas diversas, de disfrutar de su extraordinario talento como narrador oral (2)… Cuando murió me hizo daño su muerte.
     Bueno, pero lo que quería contarles a ustedes hoy no era nada de esto, sino, sencillamente, que Vicente Luis Mora, en su Diario de Lecturas, me acaba de alegrar la mañana con su texto «Loros, logos y coros. Objetividad narrativa en La Saga / Fuga de J.B.». Reflexiones mucho más sesudas de lo que mi anciano magín puede permitirse, pero, como siempre en Vicente Luis, rotundas, bien sustentadas y criadoras de lo que tiene que criar una reseña literaria, es decir ganas de leer.
     Arrójense sobre ello los literatos.

(1) Estábamos en una planta alta de Bellas Artes, sentados en grandes sillones y sofás en torno a una mesa de café. Llegó Rafael Conte y nos dijo: «Bueno, habéis tenido suerte: este año no hay mucho que discutir»; y el jurado, por unanimidad, concedió el premio a La isla de los jacintos cortados (que no está, por cierto, entre mis libros preferidos de Torrente, a saber: Off Side, Don Juan y los dos arriba mencionados).
(2) He tenido en esta vida la enorme suerte de gozar, en directo y con alguna frecuencia, de los tres mejores narradores verbales que ha dado la literatura española reciente: Juan García Hortelano, Juan Benet y Gonzalo Torrente Ballester. Enormes.

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