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Sin pecado concebir, señor Gallardón (en el día de la mujer trabajadora)

2012/03/08

En algún momento del bienio 1987-88, cuando este humildísimo servidor de vuecencias subdirigía EL MUNDO POR MONTERA, programa radiofónico de Fernando Sánchez Dragó (1), tuve la enorme suerte de ver en su esbelta carne a quien entonces yo llamaba «el hijo del muerto», porque nunca recordaba su nombre, es decir a Ruiz-Gallardón, don Alberto; con Leguina, don Joaquín (que a la sazón presidía la Comunidad de Madrid); en plan debate moderado por Fernando y, ya digo, este humildísimo servidor de ustedes. No recuerdo absolutamente nada de lo que se habló aquella noche, claro. Solo me han quedado en la memoria el suntuoso atalaje (abrigo de pieles incluido)  (melena rubia tipo niña de Serrano) de la señora de Ruiz-Gallardón y el compadreo afectuoso de pincharse las respectivas barriguitas con los respectivos dedos índices que se trajeron el pepero aspirante y el socialista campeón cuando no estábamos grabando. También recuerdo que me hice promesa solemne de no volver a sentarme en torno a ninguna mesa con ningún político. Ni para cenar (2).

Desde aquel entonces hasta la aberrante declaración que hizo ayer en el Congreso sobre su ansia de proteger el derecho de las mujeres a tener hijos, he visto a don Alberto Ruiz-Gallardón ponerse y quitarse diversas caretas de político progresista y tolerante, pero nunca he dejado de percibir en él lo que verdaderamente es, me parece a mí: un católico fundamentalista, dotado de una fe agresiva mucho más cercana de los Legionarios de Cristo o El Yunque actual que de las posiciones más sensatas aún defendidas por algunos pensadores cristianos, a pesar de la consigna de extremismo a cualquier precio o Cruzada redentora que ha impuesto el Papa de ahora. No sé hasta dónde logrará llegar en su afán de apartar a las mujeres del pecado, pero su postura es evidente: señora, señorita, si no quiere usted tener un hijo, no fornique; señoras, señoritas, dejen ustedes de practicar el sexo por libre y vuelvan a encovarse en sus santos hogares, con sus santos padres y sus santos maridos (3). Y ya.

Hay que insistir hasta la hartura en este aspecto de la muy compleja y crítica problemática a que hemos de enfrentarnos quienes todavía creemos en la prevalencia de los derechos humanos y la libertad personal sobre cualquier dogma o religión: hay una trama reaccionaria mundial cuyo objetivo consiste en volver a poner a las mujeres en situación de sumisión completa al hombre; una trama que quizá haya puesto en marcha el Tea Party americano, pero que todos los machos retrógrados del mundo —incluidos, por supuesto, los fundamentalistas islámicos y hebreos— están siguiendo a cuatro patas.
Mucho, mucho cuidado.

(1) Sánchez Dragó no fue siempre como es ahora. Nos conocimos en mayo de 1978, cuando Jesús Munárriz me publicó la Cantata Soleá en la entonces incipiente editorial Hiperión, y Fernando me la puso por las nubes desde aquel programa de libros en que él colaboraba y que algunos consideran el mejor de todos los tiempos (Encuentros con las Letras). Inmediatamente después apareció su Gárgoris y Habidis, también en Hiperión (hay una foto de mi hijo Ramón, con muy pocos años, sentado encima del pálet de la tercera edición). La coincidencia trajo más contacto y el contacto creó amistad… Según pasaron los años, la deriva de Fernando hacia posiciones sociopolíticas tan frívolas como insultantes acabaron por distanciarnos (no solo a él y a mí, sino a él y casi todos sus amigos de los viejos tiempos, los aún más antiguos que yo). Pero miren qué foto inverosímil puedo insertar aquí (estamos en la Manuela de Malasaña; el de la izquierda es Gabriel Albiac, claro; algún día hablaré de él, también; si se tercia):

 RB, F. Sánchez Dragó, Gabriel Albiac en la Manuela de Malasaña 0029

Todavía en 1998, cuando se publicó El año que viene en Tánger, su prerreseña de EL MUNDO fue, debo reconocerlo, la que puso en marcha el sorprendente éxito de la novela, que luego confirmó Ignacio Echevarría en EL PAÍS, y más luego otros varios aquí agrupados. En realidad, tampoco puede decirse que haya habido una ruptura apreciable entre Fernando y yo. Lo que ha ocurrido, sencillamente, es que hemos dejado de vernos.

(2) No cumplí la promesa. Años después, cuando Alfaguara —con el PSOE todavía al mando—, sí que tuve cenas y comidas con políticos, incluso ministros. Sobre todo ministra: no fue que llegáramos a ser amigos, pero con Carmen Alborch me tomé alguna copa; y con ella tuve una comida espantosa, en una marisquería de la calle Preciados de Madrid, en la que Susan Sontag hizo todo lo posible por ofenderla. (Sontag daba la impresión de despreciar a las mujeres hasta extremos difíciles de creer, siendo una señora tan inteligente como era.)

(3) No nos despiste el hecho de que haya dejado en la alcaldía de Madrid a una mujer: la señora de Aznar es una mujer machista, y las mujeres machistas, desgraciadamente, son más machistas que el Macho Patrón. 

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  1. Ana María Reviriego Rosado
    2012/03/13 en 09:45

    Quería decir, que el miedo tras el atentado del 11 S fue tan fuerte que sus críticas al gobierno estadounidense sobre la guerra de Irán (perdón, se me fue Afganistán -Lo mismo que el eXclavo ese de antes-) Guantánamo, etc, supusieron muchas críticas y campañas, incluso, para silenciarla. No todos los que la seguían, la siguieron entonces.

    Su libro CONTRA LA INTERPRETACIÓN (mucho anterior a todo esto) sería una buena recomendación de LECTURA (o reelectura) .para todos. Un saludo

    • 2012/03/13 en 10:53

      Entendido. Hace muchos años que no leo ni releo a Sontag. La cantidad de material que leer es abrumadora. 🙂

  2. Ana María Reviriego Rosado
    2012/03/13 en 07:11

    A toro pasao!. El tema de la guerra de Afganistán molestó siempre. (Ya sabemos que los de altura siguieron sus opiniones)

    • 2012/03/13 en 07:37

      No entiendo el comentario, Ana María.

  3. Ana María Reviriego Rosado
    2012/03/13 en 00:01

    En cuanto a lo de Susan Sontag, era una mujer formada en una severidad académica y en una exigencia absoluta; le molestaban los mediocres, mucho.

    No tenía desprecio a las mujeres porque ella (tras un matrimonio corto) vivió siempre con mujeres. Llevaba siempre la contra, y lastimosamente la intelectualidad americana no estuvo a su lado al final de su vida, precísamente por ser libre y expresar sus ideas en contra del “stablisment”

    • 2012/03/13 en 06:43

      Sí, esa es la teoría. En la práctica, podríamos decir que le resultaba mucho más fácil localizar la mediocridad en las mujeres que en los hombres, y ello desde el primer segundo, sin tomarse la molestia de calibrar a la persona que tenía delante. Se lo vi hacer varias veces, con políticas, escritoras, actrices, admiradoras en general. Y conste que lo digo desde una posición de «fascinado», porque yo, vaya usted a saber por qué, fui la única persona a quien siempre trató con amabilidad y simpatía durante sus varias estancias en Madrid en los años noventa… Afirmar que tuvo al establishment en contra me parece una notable exageración, por otra parte: creo que fueron muchos más sus adoradores que sus detractores.

  4. Ana María Reviriego Rosado
    2012/03/12 en 23:40

    Voy a enfrentarme al personal y no creo que lo haga a favor de Ruiz Gallardón, pero a lo mejor.

    Siempre que escuchamos algo “sospechoso”, algo con cierto riesgo, solemos tirar por la tremenda, “la mejor defensa es un ataque”. Rara vez nos damos diez minutos para pensar, rara vez nos decimos “creo que está tocando lo peligroso, le pediré que me explique lo que quiere decir”, desde luego en la prensa no he leído mucho en su ¿defensa?, en pedirle explicaciones, en que aclarara con otras frases qué quería decir.

    A ver, yo trabajé algún tiempo de Asistente Social. Estos casos de mujeres, chicas, siempre traían algo más que el “simple” embarazo, arrastraban otras problemáticas. Pero he sido testigo de más de un caso, en que “la violencia estructural” no permitía que la mujer, la chica, pudiera llevar a fin su embarazo. ¿Por qué?, ataduras sociales muy fuertes, prejuicios exclavos, presiones de “pensamiento moderno” que no dejaban a la mujer seguir con su embarazo, porque era más moderno abortar, si no hubiera tenido que dar unas explicaciones tremendas, y ella no tenía fuerzas para hacerles frente.

    Una mujer ante un embarazo (supongo que alguna hay que lo tome más a la ligera) está ante un reto a vida/muerte, cuando lo suyo era tenerlo sin más, o por obligación, muchas mujeres las pasarían canutas, porque ya les hubiera gustado no ser mujeres y no embarazarse, esto sigue ocurriendo en muchos países todavía. Pero desde que en los países del primer mundo (los democráticos) la mujer es libre de decidir SOLA ya le gustaría a ella que alguien le acabara ayudando a tomar la última decisión: Si tener ese hijo o abortar. Ahora está más sola que nunca, más desvalida que nunca (aunque pueda ser más libre que nunca) SI ABORTA puede que tenga alguna recriminación todavía por parte de alguien (amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc); SI TIENE ESE HIJO puede tener también esas recriminaciones, sobre todo si ha expresado en voz alta sus dudas, acerca de tenerlo o no( de amigos, compañeros de trabajo, familiares) y ALGUNAS OTRAS AÑADIDAS ESTRUCTURALMENTE.

    No sé del todo el espíritu que animaba a Ruiz Gallardón al decir eso, pero créanme que eso existe.

    • 2012/03/13 en 07:09

      Nadie discute que las presiones sociales, familiares, de coyuntura personal, etc. pesan en las mujeres que han de tomar la decisión de seguir o no seguir adelante con un embarazo, hasta el punto de reducir gravemente su libertad en algunos casos. Hablar de «presiones estructurales», como ha hecho Gallardón, es ponerle nombre a una obviedad. Sería muy bonito vivir en un mundo libre de condicionamientos, desde luego; es decir en una sociedad distinta de la que ahora tenemos, una sociedad casi inimaginable en la práctica (quizá porque la propia estructura social es conditio sine qua non para que exista el ser humano, pero no de cualquier modo, sino sometido a unas normas, principios, costumbres, prejuicios, injusticias, etc.). Lo que está tratando de justificar Gallardón, de hecho, es la sustitución del conjunto de factores que determinan la decisión de abortar por uno solo: el acatamiento de las normas que fija al respecto la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
      De todas formas, como ya he indicado otras veces, no es este el lugar adecuado para discutir asuntos tan extraordinariamente complejos, ni soy yo quién para imponer mi opinión a nadie.
      Muchas gracias por intervenir.

      • Ana María Reviriego Rosado
        2012/03/14 en 00:46

        La “columna” de hoy de Rosa Montero en el PAIS, en la contraportada, iba muy ajustada a este mi comentario de ayer. Me he alegrado al leerla

  5. 2012/03/09 en 14:37

    No sé, a mí me parece que la expresión “violencia de género estructural” es, más que nada, una estupidez imperial. A quien escribió ese discurso probablemente le hayan aplicado una sumarísima reforma laboral.

    En algún momento, Albiac y Sánchez-Dragó perdieron la cabeza, el sentido común. A lo mejor no lo tuvieron nunca, tampoco lo sé. Escohotado también dio hace unos años un terrorífico giro a la derecha… Debe ser que los internan en una especie de Guantánamo un fin de semana y salen así. Pero, ejerciendo de filósofos, menudo ejemplo. ¿Quién se va a fiar de semejante colectivo?

    Añades la curiosa anécdota de Susan Sontag. A lo mejor son efectos secundarios de convertirse en “icono cultural”. Camille Paglia le tira de los pelos, figuradamente, en Vamps & Tramps.

    Un saludo.

    • 2012/03/09 en 18:23

      Tampoco es que se amaran, Paglia y Sontagen efecto…
      Esta defensa del «derecho de las mujeres a tener hijos» es lo primero original, no tomado de las consignas americanas del Tea Party o del GOP, que observo aquí. Afortunadamente, no parece destinado a tener mucho éxito.
      Iremos viendo. Un abrazo.

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