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Jot Down

2012/02/23

Lo mío nunca ha sido el periodismo de investigación, ni la paciencia para escarbar datos, de modo que me limitaré a explicar que la revista JOT DOWN (1) me tiene perplejo. No se me ocurre ahora ningún otro proyecto cultural más interesante, en español, en la Red, ni más variado en sus planteamientos, ni más tapado. Su texto fundacional es este:

Tras meses de arduo trabajo lanzamos nuestro mensaje en la botella con un ambicioso propósito: que os divirtáis tanto como nosotros lo hemos hecho tramando Jot Down Magazine. Que disfrutéis contemplando el mundo desde nuestra perspectiva, que nos sigáis y, con ese gesto, ayudéis a no desestabilizar aún más la caja de la Seguridad Social ni la periodicidad con la que suministramos pan a nuestros hijos y langosta a nuestros gatos.

Creemos que es posible analizar con humor las cosas serias, abordar la cultura y el ocio desde otra perspectiva y departir con sus protagonistas de forma diferente. Poder decir lo que pensamos, no lo que nos dicen que pensemos; entretener sin ser superficiales, informar sin caer en una frialdad impersonal y, por supuesto, ¡hablar de sexo!

El siglo XXI es y será la era del caos cultural: la cantidad sustituye a la calidad y el dictado de las agencias sustituye al cultivo del propio criterio. Jot Down Magazine quiere huir de todo ello y llamar a las cosas por su nombre.

Hay método en nuestra locura.

Sí, bueno, pero —manías de viejo, sin duda— a mí me gusta saber a quién estoy leyendo, quién me habla, y JOT DOWN abusa de los seudónimos (o de los nombres de perfectos desconocidos sin cédula en internet, que nadie puede distinguir de un seudónimo y de los que tampoco puede saberse de cierto que no son seudónimos). Nos guste o no (y a mí me gusta), el significado de lo que decimos depende en gran medida de la personalidad de quien habla. El cretino y el sabio coincidirán a veces en lo que cuentan, de modo que exijo empezar a leerlos sabiendo de antemano con cuál de los dos me gasto las entendederas. Entre otras razones, para no perder mi valiosísimo tiempo (2) con gentuza como el GCM (3) o con cualquier mentecato conocido, diestro, zurdo o ambidextro.
     A pesar de esta reserva mía (tan mía, al fin y al cabo), no tengo más remedio que insistir en lo que ya dije rotundamente al principio de esta nota: JOT DOWN es una revista de muy aprovechable lectura, de anchurosa variedad temática, interesada en todos (o casi todos: cómo voy a estar seguro) los temas que hoy en día pueden importar a un ser humano con dos dedos de cogote. No voy a decir que leo todo lo que publican, que es mucho y que, en parte, no me interesa nada en absoluto, pero creo que JOT DOWN se está convirtiendo en una de mis principales fuentes de lectura. (Aquí hay más información.)

(1) Podríamos traducir «Apuntes», pero lo primero que no entiendo es por qué han elegido una cabecera en inglés que solo entenderán dos o tres de cada mil o diez mil españoles.
(2 ) Cada hora que yo vivo viene a costarle al Estado español un euro con ochenta céntimos, contando solo la mesnada de jubilata. Sépase.
(3) GCC: Gran Culón Meapilas.

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  1. Liu
    2012/02/23 en 13:45

    a mí me parecen más de lo mismo y los mismos un poco más en todas partes…

    • 2012/02/23 en 17:52

      Pues no sé, la verdad. No les veo la mismidad por ninguna parte. Será porque no me entero de nada últimamente.

      • Liu
        2012/02/23 en 20:14

        sí, gente que he visto por sigueleyendo.es & facebook… más o menos escritores más o menos críticos 😉

        • 2012/02/25 en 09:25

          Me temo que no entiendo tu nota, Liu. 🙂

  2. 2012/02/23 en 11:36

    Comprendo y comparto tus prevenciones, Ramón. Ya no estamos para creer en la virginidad de las viudas.
    JL

    • 2012/02/23 en 12:11

      Ni de las vírgenes, si me apuras. Mira la que armó quienquiera que fuese el que se inventó a María Santísima.

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