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Madre del alma

2012/02/05

Para nuestro diccionario oficial, que los faveleros del idioma llamamos universitas_palentina_0DRAE, la locución «alma máter» (‘madre nutricia’, en latín) viene a ser un sinónimo de Universidad. Nada más. [ Alma mater studiorum es la Universidad de Bolonia, la más antigua de Europa, dicen quienes no admiten que la de Palencia —Studium generale— se fundó algo antes. Qué Patria tan esplendorosa, la nuestra. Huy sí. ]
En la página 59 del número 2019 de Fotogramas, en un faldoncillo con pajaritos tuiteros, dice: «Recordando el centenario de Nino Rota. Vale que es el alma mater [sic, sin tilde] de Fellini pero Rocco y sus hermanos es su obra maestra» (pillo el ejemplo que más a mano tengo en este momento; los hay a cientos en los escritos hispanos actuales e incluso pasados). Parece ser cierto —acabo de comprobarlo— que Nino Rota, compositor y director de orquesta, famoso por sus labores para el cine, nació el 3 de enero de 1911, hace ya cien años y dos meses, y no menos cierto que él compuso la música de Rocco y sus hermanos (1960), una de las más magistrales obras de Luchino Visconti. La pregunta, sin embargo, es: ¿Cómo puede un músico ser el alma máter —la universidad— de nadie?
Otros lo verán de otro modo, pero la causa de la confusión me parece evidente: tomamos por sustantivo el adjetivo latino «alma» y entendemos ‘alma madre’, es decir origen, razón de ser, influencia principal. No parece que esta tendencia pueda taponarse, porque ya ha llegado a los Contaminadores Mayores de la Lengua (es decir a la multitudinaria grey de los periodistas ignaros), de manera que habremos de acostumbrarnos al nuevo significado de la locución. Más se perdió en Trafalgar.

Pero es que tampoco viene a cuento pintarse de luto cada vez que descubrimos un triunfo lingüístico de la interpretación popular de las palabras, contra la culta. Estos birlibirloques o quirlinquimpuces vienen ocurriendo desde los remotos orígenes de la lengua, en todos los idiomas. Así, a chascadedos, se me ocurren unos cuantos ejemplos:

Quid pro quo. Cuando hablábamos latín (ayer por la tarde, como quien dice), significaba ‘error’, tomar una cosa por otra, utilizar quid donde deberíamos haber utilizado quo. Ahora quiere decir ‘trueque’, dar algo a cambio de algo. Moriré sin haber empleado esta locución en ese sentido espurio, pero mi sacrificio será inútil.

Periplo. ‘Circunnavegación’, en origen; pero la pérfida prensa necesitaba sinónimos de viaje, y los periodistas franceses (creo que fueron ellos) descubrieron «périple» en algún tesauro y empezaron a espolvorearlo por sus crónicas, lo cual dio lugar, casi de inmediato, a que los periodistas españoles e italianos —tan poliglotas ellos— empezaran con lo mismo, y ahí tienen ustedes: hoy día podemos hacer un periplo por el desierto de Gobi sin el menor problema.

Nimio. Vetusta transformación. «Nimĭus» fue ‘excesivo, abundante’ en latín y sigue siéndolo en su segunda acepción del DRAE;  pero hace ya muchísimo tiempo que solo vale por ‘insignificante’, prácticamente lo contrario.

Dilapidar. ‘Malgastar los bienes propios, o los que alguien tiene a su cargo’, asevera, severo (aunque algo calamocano debería estar el redactor), el santo DRAE. Y, sin embargo, «dilapidare», en latín, significaba literalmente echar abajo las piedras [de un edificio], o tirarlas. Curiosamente, el sentido original se conserva en inglés con más rigor incluso que en latín, donde la palabra ya había adquirido el sentido de ‘derrochar’.

Archipiélago. ‘Conjunto, generalmente numeroso, de islas agrupadas en una superficie más o menos extensa de mar’ (DRAE). Pero el archipiélago, en griego, era el mar principal, es decir el Egeo, que está cuajadito de islas, lo que da lugar al traslado de sentido.

Y etcétera.

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  1. 2012/02/25 en 20:11

    de acuerdo con mar, pienso igual…

  2. Mar
    2012/02/06 en 12:14

    Me parece muy bien que algunos velen por la propiedad de la lengua; pero, ¿qué será de la evolución semántica o de la insólita historia de una palabra, como «azar» por poner un ejemplo?
    En francés, se utiliza cada vez más : «quelque part», en el sentido de «de alguna manera»; a mí se me atraganta pero, ¿puede uno rebelarse contra las masas?
    Mar

    • 2012/02/06 en 12:42

      Ya: eso es más o menos lo que estoy diciendo. Prescindiendo de que nos gusten o no determinados accidentes de las palabras y las locuciones, al «pueblo» no hay quién lo pare. Bueno es, pongamos, que haya algo en que triunfe la gente sobre el poder. 🙂 Y sí: el azar está echado. Chiste malo e hipererudito. Qué horrorosa combinación. 🙂

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