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Somos diferentes, diferentes

2012/02/04

Es Carmen Sevilla cantando «Eres diferente», un himno que le compuso su entonces marido, el recontrafamoso (in illo tempore) compositor Augusto Algueró.

Pero todos los hispanohablantes somos igual de diferentes, o más. Cuando un usaíno —por ejemplo— se topa con una frase hecha, una expresión, un modismo nacido y utilizado en otras partes del mundo anglohablante, lejos de cabrearse, lo que hace es disfrutar de su idioma, de su variedad, de su riqueza, de su gracia, comentar el hallazgo con los vecinos, escribir una carta divertida a su periódico. Cuando un hispanohablante de América se topa con una frase hecha, una expresión un modismo nacido y utilizado en España —y no en su pueblo—, se cabrea como una mona, se siente traicionado en sus derechos lingüísticos y, si puede, denuncia el imperialismo castellano ante la revista, el periódico, el blog —lo que sea— donde le han infligido el ultraje. «Español gallego» es ya un insulto entre los subtituladores de películas pirata, por ejemplo. (Me atrevo a afirmar que en España no existe la misma actitud: aquí aceptamos sin pestañear y hasta con simpatía todos los devaneos léxicos que nos llegan del otro lado del Atlántico.)

Esta actitud de rechazo es una descorazonadora señal de cerrazón e incultura, y solo puede explicarse por esa actitud de rechazo general a España (les robamos el oro, violamos a sus mujeres, los matamos a puñados) que con tanta frecuencia encontramos en individuos llamados Pérez, Gómez, Fernández o incluso Cervantes o Quevedo, descendientes quizá de los españoles de América que se independizaron de Fernando VII a principios del siglo XIX. La actitud correcta, creo, en este caso, la tienen los anglohablantes. Si uno tropieza con variaciones desconocidas del propio lenguaje, lo suyo es encontrarles la gracia y el motivo, ver si pueden enriquecer nuestro propio acervo, hallarlas feas o guapas, pero no cubrirlas de insultos porque no son «nuestras».

Añado, a guisa de toque anecdótico, que el término español que más molesta a los puristas americanos es «tío» (utilizado como apelativo). De hecho, si un traductor español quiere que una traducción suya no levante rabias allende el mar, más le vale renunciar a lo que para nosotros es el equivalente natural del «man» apelativo de los textos ingleses, y poner cualquier otra cosa. El lánguido e insignificante «hombre», por ejemplo.

Es verdad, sin embargo, que las peculiaridades léxicas pueden ejercer una influencia negativa en la lectura, introduciendo en la relación texto-lector un elemento de distracción o desconcentración rara vez deseable. A mí no me molesta de ningún modo que un texto argentino diga «tapera» en vez de «choza», «laucha» en vez de «rata», «concha» en vez de «coño», «coger» en vez de «joder»; pero no puedo negar que la aparición de esos términos en el texto me saca un instante de la lectura, a pesar de que los conozco tan bien como si fueran de aquí al lado. Y no digamos hasta dónde puede llegar la distracción si el americanismo me es novedoso, si me sale «cuatacho», por ejemplo, en un texto mexicano y tengo que pararme a pensar que seguramente viene de «cuate» y que, por consiguiente, debe de ser igual que «amigacho». Lo que pasa es que este problema (idéntico, por cierto, al que surge cuando leemos u oímos a un español que emplea una palabra para nosotros desconocida: «chafariz», digamos) no tiene ni conato de arreglo. Si nos hace falta comunicar algo en español coloquial —y nos hará falta, por ejemplo, en cuanto introduzcamos diálogo realista en un relato— nos veremos obligados a utilizar modismos y términos que no se entienden (o, como hemos visto, se rechazan con auténtico asco) en otras zonas del idioma.

Sí sería remediable, en cambio, que una mejora en la educación de los hablantes, de algunos hablantes, eliminara el odio. Porque vaya estupidez, pelearse por unas cuantas sílabas. Por diferentes que sean.

P.S. La distracción que traen las diferencias es, en mi caso, insalvable. Si me pongo a ver una película mexicana, me cuesta un trabajo enorme seguir la acción, porque estoy mucho más pendiente del continuo fluir de creatividad, ingenio, gracia y sorpresa de que goza hoy en día el español mexicano.

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  1. Lobo Estepario
    2012/02/08 en 16:44

    He pasado lo mismo que Corvi.

    ¡Cuántas veces oí en Madrid la frase “¡qué mal habláis los canarios!”. Y te lo dice tan campante gente que emplea expresiones como “La mandé un email“. Pero sin duda mi frase favorita “Los madrileños no tenemos acento”.

    Puede que mi generación se acostumbrara a Scooby Doo quejándose de haberse quedado “atorado” o anunciar que quería comerse “un delicioso emparedado”. Pero las nuevas generaciones españolas muestran un rechazo palmario.

  2. Corvi
    2012/02/07 en 09:49

    Hola Ramón.

    Estoy de acuerdo contigo en que esta actitud general de los latinoamericanos hacia el “español de España” es bastante cerrada. Sin embargo, comentas lo siguiente:

    “Me atrevo a afirmar que en España no existe la misma actitud: aquí aceptamos sin pestañear y hasta con simpatía todos los devaneos léxicos que nos llegan del otro lado del Atlántico.”

    Afirmas mal.

    Lo digo porque soy canario, y estoy hastiado de oir cosas como: “qué mal habláis los canarios”, “esa palabra no existe”, etc., continuamente, cada vez que utilizo alguna expresión o giro propios de mis islas.

    La mayoría de los peninsulares, especialmente de la meseta, piensan que el español que ellos utilizan es el único, correcto y verdadero. Y cualquier mínima variación es un español incorrecto.

    Creo que los peninsulares que hablan un castellano “perfecto”, con todos sus laísmos, leísmos, loísmos, con el uso incorrecto que le dan al infinitivo para exhortar, y demás patadas a la sintaxis se lo hagan mirar.

    No aplaudo la actitud de los latinoamericanos, pero creo que los peninsulares están recibiendo de su propia medicina, y que son tan cerrados, en cuanto a su actitud con respecto a otras variedades del español, como los latinoamericanos.

    Un saludo.

    • 2012/02/07 en 10:19

      Vale, de acuerdo. Es evidente que me he expresado mal en este asunto, pero tampoco es imprescindible insistir. Burros hay en todas partes. No solo los canarios; también los andaluces sufren el desprecio de los zeta-zeta, que se consideran dueños del castellano…

      • Corvi
        2012/02/07 en 12:25

        En todo caso, que quede claro que me parece igual de hilarante el hecho de que una película española de dibujos animados acabe siendo doblada por unos mexicanos, para que se “entienda” en latinoamérica, como que se doble una película argentina al español de castilla, para que ninguna señora mayor se lleve un susto cuando un personaje diga “vos” en vez de “tú”.

  3. Robus
    2012/02/06 en 14:29

    Estoy con Lobo Estepario, las traducciones en español latino para gran cantidad de españoles hacen que la película sea, simplemente, imposible de seguir.

    He llegado a comprar una película y verla en inglés con subtitulos, porque no podia tomarme en serio a un personaje claramente anglosajon hablando en latino, y no digo nada si la película es del oeste.

    No tengo nada contra esa lengua, de hecho suelo ir al cine a ver películas argentinas, pero son películas que ocurren en Argentina, con actores argentinos y la lengua es la apropiada para el ambiente.

    Una experiencia personal, la serie “Firefly”, de las mejores series para mi gusto y el de mis amigos, la vimos, bajada de internet y nos la compramos en inglaterra (aquí no se vendía) y estaba en español… latino… ninguno de mis amigos soportamos más de 5 minutos de visonarla en sudamericano, simplemente, no podiamos tomarnos en serio a los personajes (ciencia ficción).

    Mi opinión.

    • 2012/02/06 en 20:45

      Comprendo. Pero del rechazo al insulto debería haber un trecho. Y yo de lo que hablo es de la airada reacción ante los modos de lenguaje que no se han generado en nuestro país, por no decir en nuestra parroquia. No me refería concretamente al cine ni la televisión, aunque pusiera el ejemplo de los doblajes, el que más a mano tenía. Gracias por su intervención.

  4. Lobo Estepario
    2012/02/06 en 09:57

    Pues me parece que desconoce usted la reacción que provoca entre los españoles corrientes el doblaje de las películas que se hace al otro lado del Atlántico.

    Youtube está lleno de fragmentos de películas que los usuarios suben para celebrar y compartir sus fragmentos favoritos. El área de comentarios suele llenarse de discusiones subidas de tono sobre “lo mal que suena el español gallego” y “el horrible español latino”.

    • 2012/02/06 en 11:12

      Quizá exista. Lo seguro es que llevamos decenios recibiendo películas y doblajes hamericanos sin que nadie se lleve las manos a la cabeza. Los más viejos recordamos hasta con alguna añoranza aquellos «ocsisos» de Perry Manson y los «qué bueno que viniste» del investigador submarino… Es lógico que nos suene mal el habla de otras zonas. Pero la cultura y la inteligencia están ahí para superar esas reacciones elementales.

  5. 2012/02/04 en 12:12

    Don Ramón, que tienes más razón que un santo. Puede que por allá, de la mano de ese neonacionalismo venezolanón que tiene muchos más adeptos de lo que podríamos suponer, tanto en el continente como en las islas, de aquí a no mucho vayan adaptando para el uso común términos iraníes de inducción política y/o religiosa. A los cubanos, sobre todo, les gustan mucho esas mamonadas de jugar con los nombres.
    Y conste que comprendo muy bien los resquemores y hasta cierto antiespañolismo que se da allende los mares y todo eso, no tanto por la cuestión histórica (ellos son realmente quienes descienden de los asesinos y explotadores, nosotros no), como por haber visto no hace tanto la actitud de esa cutre mesocracia españoleadora que se expandió al amparo del crédito bancario y que viajaba de vacaciones al Caribe y a donde hiciera falta, y se manifestaba como los sargentos de la mili de por aquí (al menos de la mili que hice yo, temporada 1973-74); por no hablar de los despectivos ejecutivillos españoles de las empresas punteras, a los cuales yo mismo definí a veces como sucios gachupines merecedores de las hostias que, según ellos, habría que dar a todos “estos indios y negros vagos” (bueno, esto se lo oí decir, directamente, a un tal Barcia, cónsul de España en Puerto Rico allá por 2001, cuando tuvo a bien recibir a un grupo de periodistas españoles que andábamos por allá siguiendo las protestas de una larga serie de organizaciones cívicas y políticas puertorriqueñas contra los bombardeos de la Marina USA y fuerzas de la OTAN en la isla de Vieques, lugar precioso y que recomiendo vivamente (como la isla Culebra, y, desde luego, las maravillosas Islas Vírgenes)… Por cierto, que Rubén Berríos, dirigente independentista puertorriqueño, secretario general del Partido Socialista Puertorriqueño y presidende de honor de la Internacional Socialista en aquel tiempo, se me quejó amargamente pues incluso Tony Blair le había llamado para ofrecerle su solidaridad y un equipo médico mientras acampaba en Vieques a fin de evitar que bombardeasen las playas, Berríos estaba enfermo de cáncer, mientras Felipe González no le había hecho llegar ni un telegrama).
    Un abrazo, siempre es una alegría leerte.
    JL

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