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The sun shone, having no alternative, on the nothing new.

2011/12/01

En la menguante tribu literaria priva una fuerte tendencia a considerar importantísima la frase con que empieza una novela, y no falta quien se sabe de memoria un montón de estos arranques y disfruta citándolos en cuanto se le ofrece la ocasión. Traduje un libro (el de la rata lectora, Firmin, de Sam Savage, Seix Barral) que ha tenido un éxito considerable, y creo que este éxito se debe en parte a que en sus primeros párrafos cita cinco o seis arranques de novelas diversas. Está Tolstoi, con aquello de las familias felices y las familias infelices, está desde luego el gran Ford Madox Ford con su historia más triste jamás oída. Es un truco elemental en nuestro oficio: apelar a los lugares comunes del lector, a lo que sabemos que sabe y lo emociona.
     Ahora me sale por casualidad una página con la casi famosa selección de los «cien mejores» arranques novelísticos de la historia literaria que hizo —no recuerdo ahora cuándo— la American Book Review. Visto el origen, claro está que casi todo lo que ahí se cita está traído de libros en inglés. De otros idiomas solo vienen —así, que yo note sin mucha detención— arrancadas de García Márquez, Tolstoy (Толсто́й), Kafka, Calvino, Cervantes, Camus, Ha Jin (哈金), Dostoievsky (Достоевский), Proust, Felipe Alfau (un español olvidadísimo, con ninguna justicia, quizá como castigo por escribir en inglés) (con lo cual, ahora me doy cuenta, no debería estar en esta relación de excepciones que estoy haciendo), Günther Grass, Sabatini. En inglés o en cualquiera de los demás idiomas, algunos me sobran. Así, por poner solo tres ejemplos, no le veo la gracia ni el talento al celebérrimo «Call me Ishmael», ni me parece que el fluvial arranque de Finnegans Wake pueda considerarse bueno ni malo (ni, quizá, arranque propiamente dicho, porque viene del final del libro), ni dejo de percibir que la primera frase de Orgullo y prejuicio es graciosa en lectura diacrónica, sí, pero que cuando su autora la escribió fue una mera perogrullada: ¿cómo no iba a necesitar esposa un soltero ricachón? En general, no obstante, todo lo que reproduce la lista en cuestión es de alto nivel, y desde luego no falta, creo, ninguno de los comienzos de novela que todos los heridos de letras conocemos y valoramos (unos en más, otros en menos).
     ¿Alguno de ustedes —los que supongo que me leen, por el número de visitantes que tiene este blog— recuerda algún arranque de novela en español que se le haya quedado preso en la memoria? El Quijote ya lo tengo, gracias. Smile

CALISTO.–En esto veo, Melibea, la grandeza de dios.
MELIBEA.–en que, Calisto?
CAL.–en dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te dotasse: e fazer a mi inmerito tanta merced que verte alcanzasse: e en tan conueniente lugar que mi secreto dolor manifestarte pudiesse.

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  1. 2011/12/05 en 02:33

    Siempre me impactó ese comienzo del gran Samuel… por sí mismo y porque tengo una extraña manía interminable: colecciono frases donde aparezca la palabra Sol… de acrisolados tangerinos incluidos (jeje) Guardo miles de ellas en un cuaderno y pues hasta un día, en un golpe de seriedad por la bagatela me propuse autopublicarme un pequeño dossier mejor armado, quizás con la intención de calentarme las manos… Me resultó curioso ver que Sol es una estrella que aparece más asiduamente en los textos literarios que las famosas menciones a Eros y a Thanatos quizás porque lo secundario abunda… o abundamos…o precisamente por eso, porque el sol, pase lo que pase, termina saliendo, sin posibilidad de contra, para iluminar lo de toitos los días… bichos naciendo y muriendo y con alguna suerte sorprendidos en copulilla.

    Pero otro día se me va la pasión por lo inservible y no veo la diferencia entre coleccionar menciones del asesino dador de vida, en plan heliogábalo pródigo, o coleccionar frases donde aparezca la palabra “silla”…, Ya puestos, nadie puso su culo sobre aquel…

    Por lo demás, mi memoria es carne de piscifactoría, vamos que no recuerdo las frases primeras una vez que medio me encuentro en la que hace cuarenta… incluso habiéndome impactado de comienzos… Tengo una sensación arraigada de que Kafka era uno de los mejores en esas lides y pues de su primera fijación de la duermevela tiraba luego, me parece, buena parte del resto asociando visiones sin parentela…

    Recuerdo que anoté una vez el empiece de un micrograma de Robert Walser: “Al suave viento del este, colgado de la robusta rama de un roble, un gran duque que se había ahorcado agitaba los pies luchando por abandonar el reino de la absoluta certidumbre. Los idealistas descansan tiesos en sus tumbas, implacable realidad”

    Pero cayendo ando en que el amigo maestro nos había solicitado para participar en el juego novelas… y en español… puf… a mi mala memoria habría que sumar entonces que soy un tremendo traidor a la patria y que casi recién descubro quien fue Juan Huarte de San idem…

    Hay una muy famosa de un coronel que tuvo un buen día y alguien le da fuego o no sé que más pero me parece que la escribió un tio con bigote… y no quisiera aparentar que junto mis ojitos con gente corriente y moliente 🙂

    Me gustó mucho la Carmen del próspero Ramoné, pero me acusaran de sobón y pelota

    Por lo que desisto…

    Me he tenido que poner a improvisar paridas para aguarme el gaznate y no decirle que me llevó usted el nervio esquivo al borde del sollozo con su preciosa entrada nueva sobre Hilario… La arruga estoy de acuerdo que no, amigo, pero la experiencia es bella… y me sobrecoge cuando nos regala usted visiones personales con una meta-física de balada a lo John Donne…

    Abrazos de agradecimiento, siempre.

    • 2011/12/09 en 12:27

      Gracias por tu nota, Ramoon: siempre da gusto leerte, aunque a veces la andaluzá lo obligue a uno a pronunciar en voz alta para entender. 🙂 En realidad, esto de los comienzos pertenece al terreno AMENIDADES Y PASATIEMPOS de la literatura, pero qué duda cabe de que un buen arranque predispone al lector. Es una especie de márquetin elemental. Un abrazo.

  2. 2011/12/04 en 13:43

    Yo no recuerdo principios de novelas, exceptuando el tan manido y conocido Call me Ishmael. Y se da el caso de que tengo una traducción de Moby Dick, que leída en español es preciosa, pero me temo que dista bastante del original inglés. Y es que en lugar de empezar con el famoso “LLamadme Ismael”, empieza diciendo: “Pueden ustedes llamarme Ismael”. Como no tenía el original inglés a mano, no le encontraba explicación a un cambio tan obvio, y pensaba que a lo mejor el principio de la novela en inglés podía dar lugar a confusiones a la hora de traducirlo. Así que te agradezco el que hayas puesto el principio original. Evidentemente, el “Call me Ishmael” no puede tener más que una traducción: LLamadme Ismael. El cambio lo ha hecho el traductor porque le ha dado la real gana, no porque no sepa traducir. Un caprichito, vamos. Y un caprichito que no aporta más belleza ni más nada. A mí me gusta más el imperativo que esa frase tan larga y tan cortés. A mí sí que me gusta el Call me Ishmael. No creo que haga falta talento para idear algo tan sencillo, pero tener gracia sí que la tiene, y es precisamente su sencillez lo que resulta original. Bueno, es así como yo lo siento.
    Tengo que rectificar. En habiéndome preocupado ahora mismo de releer la primera página de Moby Dick, veo claramente la intención del traductor. Ha corregido a Melville. Y es que una frase hay que juzgarla dentro de un contexto, en este caso lo que va a continuación. Y no me funciona bien el “LLamadme Ismael”. En cambio la otra frase me funciona perfectamente. La verdad es que en situaciones así me encantaría intercambiar opiniones con alguien como tú, que eres exigente y minucioso. (Como tiene que ser un hombre de letras).
    Yo no recuerdo principios de novelas, pero sí recuerdo frases que me impactaron y me siguen impactando. Por eso las recuerdo, claro.
    De nuevo muchas gracias. Un saludo cordial.

    • 2011/12/09 en 12:30

      No puedo emitir opinión, ni buena ni mala, sobre las traducciones de MOBY DICK, porque no las conozco ni las tengo en casa para poder consultarlas. No es un libro que esté entre mis favoritos. Como ya he confesado más de una vez, jamás, en mis varias intentonas, he logrado pasar de la página 50. Carencias que uno tiene, sin duda. Abrazo, Isabel.

  3. ecseivier
    2011/12/04 en 11:35

    Nunca he sido un gran fan de esos inicios, pero es cierto que a lo largo de mi vida uno me ha impactado lo suficiente para recordarlo, sólo uno:

    “El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.” Neuromante, de William Gibson.

    • 2011/12/09 en 12:46

      «The sky above the port was the color of television, tuned to a dead channel». Sí. Pero la técnica le ha jugado una mala pasada al texto de Gibson, porque ahora, la verdad, no sé qué color tendría una pantalla de televisor sintonizado a un canal muerto. El mío presentaría en tal caso un azul bastante cargado (nada que ver con el del cielo) con el letrero NO HAY SEÑAL. 🙂

  4. Amparo
    2011/12/02 en 18:07

    Recuerdo que acudí una vez a un taller literario, donde se comentaba la escritura de cuentos y narraciones breves, y cómo eran fundamentales tanto la frase inicial como la final… Yo diría que muchos “arranques” de Borges. . Parece que abundasen más en el cuento o narración breve que en la novela.

    • 2011/12/09 en 12:50

      Sí, son muchos los heridos de letras que consideran importantísimos los arranques textuales. Y lo son, sin duda, por el efecto que pueden producir en el lector, empujándolo a seguir leyendo, o condicionando el modo en que va a leer. No puede discutirse que «de cuyo nombre no quiero acordarme» (donde, por cierto, el verbo querer es auxiliar: la frase, en realidad, no significa que el autor no quiera recordar, sino que no recuerda, sencillamente) marca el tono del libro entero… Como ya tantas y tantas veces he tenido que reconocer, no soy lector de Borges. Saludos.

  5. 2011/12/02 en 11:14

    No, no recuerdo ningún comienzo, pero sí recuerdo Firmin con mucho mucho cariño. Excelente traducción sr.Buenaventura. Un trabajo del que estar orgulloso.

    Un saludo

    • 2011/12/09 en 12:53

      El éxito de FIRMIN no puede discutirse. Normalmente, la editorial envía al traductor uno o dos ejemplares de cada edición que va apareciendo del libro traducido (seis de la primera). Creo que tengo treinta y tantas ratas por casa. Ya no me quedan amigos a quienes regalarles el libro. 🙂

  6. Juan Manuel Garcia Ferrer
    2011/12/02 en 01:28

    Hombre: El arranque entero (una página) de “Corazón tan blanco” no estaba nada mal…

    • 2011/12/09 en 12:54

      Bueno, nadie ha dicho que estuviera mal, Juan Manuel. De hecho, está muy bien, aunque, claro, por arranque habría que entender algo un poco más cortito. 🙂

  7. 2011/12/01 en 20:35

    Mi memoria es mala. Recuerdo las fuentes, pero no las palabras. Siempre me gustó releer, por ejemplo, aunque no pueda justificar la razón, el arranque de “Zama”:

    “Salí de la ciudad, ribera abajo, al encuentro solitario del barco que aguardaba, sin saber cuándo vendría.
    Llegué hasta el muelle viejo, esa construcción inexplicable, puesto que la ciudad y su puerto siempre estuvieron donde están, un cuarto de legua arriba.
    Entreverada entre sus palos, se menea la porción de agua del río que entre ellos recae.
    Con su pequeña ola y sus remolinos sin salida, iba y venía, con precisión, un mono muerto, todavía completo y no descompuesto. El agua, ante el bosque, fue siempre una invitación al viaje, que él no hizo hasta no ser mono, sino cadáver de mono. El agua quería llevárselo y lo llevaba, pero se le enredó entre los palos del muelle decrépito y ahí estaba él, por irse y no, y ahí estábamos.
    Ahí estábamos, por irnos y no.”

    También mi oído recuerda el sonoro comienzo del “Concierto Barroco” de Carpentier:

    “De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas con adorno de iniciales… Y todo esto se iba llevando quedamente, acompasadamente, cuidando de que la plata no topara con la plata, hacia las sordas penumbras de cajas de madera, de huacales en espera, de cofres con fuertes cerrojos, bajo la vigilancia del Amo que, de bata, sólo hacía sonar la plata, de cuando en cuando, al orinar magistralmente, con chorro certero, abundoso y percutiente, en una bacinilla de plata, cuyo fondo se ornaba de un malicioso ojo de plata, pronto cegado por una espuma que de tanto reflejar la plata acababa por parecer plateada.”

    Y aunque ahora sé que no te gusta, y aunque no es novela, me parece extraordinaria la primera frase de “Las ruinas circulares”, vista a la luz del resto del cuento (“Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”).

    • 2011/12/09 en 13:03

      Qué gran novela, ZAMA; pero, claro, no recuerdo el comienzo ni tengo ahora mismo a mano ningún ejemplar, para comprobar que no te lo has inventado y la belleza no sea tuya. 🙂 Me has despertado las ganas de releerla. A ver si consigo encontrarla dentro de ese batiburrillo en que ha vuelto a convertirse la parte de novela de mi biblioteca, a pesar del enorme esfuerzo de clasificación que hizo mi mujer hace cinco o seis años… En cuanto a Carpentier… Cielos, lo leí con entusiasmo, hace no sé cuántos entusiasmos, pero no sé si ahora podría con él… Y LAS RUINAS CIRCULARES, qué voy a decirte. Somos todos muy nuestros, y que nos dure. A mí, la verdad, tropos como «la unánime noche» me parecen tan vacíos que me dan grima. Pero ni por lo más remoto me creo en posesión de la razón. Un abrazo.

  8. 2011/12/01 en 20:17

    “Lo peor de todo no son las horas perdidas, ni el tiempo por detrás y por delante, lo peor son esos espantosos crucifijos hechos con pinzas para la ropa.”

    Ray Loriga: Lo peor de todo, Madrid: Debate, 1992.

    No es ningún clásico, pero ese inicio “quedó preso en mi memoria”.

    Un saludo.

    • 2011/12/09 en 13:05

      Caprichosuela la memoria; no solo la tuya: la de todos. 🙂 De Loriga he leído un libro que tuvimos para publicación en Alfaguara y que al final no publicamos. No recuerdo cuál. No el que tú nombras, desde luego.

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