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Los más «cool»

2011/09/11

Según esta encuesta de Badoo.com en la que participaron nada menos que 30.000 visitantes de ese sitio tan socializador, los españoles ocupamos el tercer lugar entre la gente más simpática («cool», dicen ellos) de este no menos simpatiquísimo planeta. El palmarés, curioso, es el siguiente:

  1. ¡¡¡Americanos!!! Sirvan de comentario las exclamaciones.
  2. Brasileños. A estos en sandunga no hay quién les gane.
  3. Españoles. Toma allá.
  4. Italianos. Iba a haber procesión sin tarasca.
  5. Franceses. Parisinos no incluidos, cabe suponer.
  6. Británicos. No creo que «cool» estuviera entre los cien primeros adjetivos —muchos muy positivos— que se me ocurrirían para calificar a los británicos.
  7. Holandeses. Vale, sí.
  8. Mexicanos. Sin duda.
  9. Argentinos. Los mejores simpáticos de Europa. Sic.
10. Rusos. Solo he hablado con un ruso en toda mi vida. Fue a principios de los setenta. Estábamos ambos alojados en el hotel Aletti (ahora Essafir) de Argel y todas las mañanas
220px-Brezhnev-colorcoincidíamos en el salón de desayunos, donde había pocas mesas disponibles. Nos sentamos juntos en dos o tres ocasiones. Lo recuerdo con una pinta parecida a la del camarada Brezhnev. No sonrió ni una sola vez. Yo tampoco, supongo (últimamente me han dicho que apenas sonrío, y quizá sea cierto; no sé por qué). Pero estuvimos ambos amabilísimos, él en ruso, yo en inglés. Incluso fuimos juntos, una tarde, a ver una mezquita que a él le interesaba mucho, la Yemaa Lihud (ojo, que «lihud» es «judíos»: antes fue sinagoga)… No sé si este décimo puesto 1956 04bestá justificado, la verdad.) (Anda la mar. Ahora me acuerdo de Tania Maslénikoff Davídoff, compañera de bachillerato en la Instituto Español de Tánger. Es, en la foto, la que tiene cara de rusa. Traté poco con ella. [Me doy cuenta en este momento, no sin cierto espanto, de que las tres personas que aparecen con Tania en la foto llevan muchos años muertas. Espero que Tania se haya salvado por ahora.]

Luego están los más antipáticos, que son:

1. Belgas.
2. Polacos.
3. Turcos.
4. Canadienses.
5. Alemanes.

(De los antipáticos prefiero no opinar mucho: a mi no me cae mal ninguno de ellos; pero estas disposiciones siempre dependen de la experiencia personal de cada cual.)

Todo lo cual está muy bien y es muy interesante, más incluso que los zarandeos del IBEX, pero no puedo estar muy de acuerdo con el ranquin, porque a mí España, qué quieren ustedes que les diga, no acaba de resultarme simpática. Es muy difícil sentirse a gusto en un país donde, según todas las encuestas y previsiones, más de la mitad de la gente va a votar a favor de principios políticos, sociales y religiosos que no me entran en la cabeza, con los cuales solo puedo convivir por obligación democrática (o por cortesía y amabilidad. en el nada probable supuesto de que acordáramos cohabitar sin imponer nuestras normas sociales a quienes no están de acuerdo con ellas). / Es muy difícil sentirse a gusto en un país donde los partidos nacionalistas se las han apañado —sobre todo en Cataluña— para hacer que los españoles de otros parajes nos sintamos más extranjeros que en Portugal. / Es muy difícil sentirse a gusto en un país donde sé que no puedo expresarme libremente, decir lo que pienso, sin ofender mortalmente, casi sin marcha atrás, a un buen montón de compatriotas. / Es muy difícil sentirse a gusto en un país donde uno de cada dos interesados en materias literarias o artísticas tiene por iconos culturales a personas cuyas ideas y principios y actitudes me parecen totalmente disparatadas, cuando no ridículas. / Es muy difícil sentirse a gusto en un país donde todos los medios, sin faltar uno, están al servicio de una facción sociopolítica. / Es muy difícil sentirse a gusto en un país donde los niños aprenden, en los colegios e institutos, diecisiete historias distintas. / Es muy difícil sentirse a gusto en un país que no es aceptado como tal país por gran parte de sus ciudadanos… No sé, no quiero hacer infinito el pliego de agravios; podría extenderme hasta el aburrimiento terminal. Las dos Españas siguen presentes y activas en todos sus detalles, no hay el menor síntoma de que alguna vez vayamos a convivir sin intentar anular al discordante, es incluso altamente probable que las distancias se hagan cada vez más agrias a plazo medio, porque, encima, vienen mal dadas en lo económico, y los apuros de subsistencia no invitan a la cordialidad.

Se pregunta uno, por consiguiente, dónde tendrán la sensibilidad estos extranjeros que tan simpáticos nos encuentran. Yonquis de sangría, todos ellos.

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  1. Piaco
    2011/09/19 en 20:24

    Bonito muslamen. Se nota que en Jauja no pasaban hambre.

  2. Liu
    2011/09/13 en 20:35

    Yo odio a un solo belga, y aunque me gustó el barrio zaireño de Bruselas, creo que Bélgica merece estar en la lista de antipáticos rematados. ;-))

    • 2011/09/14 en 09:12

      A sus órdenes.

  3. rafael
    2011/09/12 en 09:09

    Yo tengo (¿tenía?) la esperanza de que ante la adversidad la gente se uniría más, que nos daríamos cuenta de que nuestro individualismo solitario nos aisla y nos debilita, o por lo menos que, si estar más unidos no hará cambiar las cosas en lo esencial, al menos la compañía será mejor que la soledad.
    Estoy muy preocupado, casi espantado, de la dinámica segregacionista a la que puede dar lugar esta depresión económica en España sobre todo cuando va a volver la derecha patriotera. Quiero equivocarme, quiero creer que los españoles hemos madurado y que podemos sacar el sentido común, allá donde lo tengamos, para no hacernos a nosotros mismos las cosas todavía peores.
    Por lo demás, yo tampoco encuentro a los españoles especialmente “cool”. Para ir de fiesta quedamos mejor que otros. Y ni siquiera tenemos formas, como los franceses, que podrán ser más frios, tal vez, pero no han perdido en general el “bonjour”, y saludar a los extraños que no se conocen y se presentan. Por ejemplo, mi mujer, que no española, se la llevan los demonios con ese extraño comportamiento de los españoles cuando saludan a algún amigo por la calle que va acompañado de otra u otras personas desconocidas para él. Lo habitual es que ese amigo pare al que conoce, le salude, se ponga a hablar con él, y ni se presente ni salude a los demás…pero es que normalmente el otro amigo tampoco le para y le presenta a sus amigos o novia o quien sea con quien va. Una cosa rarísima, incómoda que yo tampoco puedo explicar. Tan solo le puedo decir que a eso se llama “shock cultural”.

    • 2011/09/12 en 09:18

      Sí: basta con haberse dado unas vueltas por el mundo para saber que somos unos groseros maleducados; a lo cual contribuye nuestra forma de hablar, tan seca y rotunda casi siempre. Una amiga mía colombiana me comentó que al llegar a España le daba miedo la gente —incluso el portero de su hotel—, porque todo el mundo parecía enfadadísimo… Y no, desgraciadamente, la penuria no engendra solidaridad. Lo ha demostrado la Historia no se sabe cuántas veces.

      • Enrique J.
        2011/09/12 en 11:14

        Pues al mundo todavía no pero al mediterráneo le he dado media vuelta y, por lo general, hace unos años al menos, los españoles no resultábamos especialmente antipáticos. A quién les tenían más tirria, diría, era a los ingleses y a los yanquis que iban por el mundo como si fuese suyo y el resto les debiésemos la civilización. ¿Tan equivocada impresión saqué? 😕

        A mí también me lo han comentado, para los sudamericanos los españoles, por el tono de voz, parecemos todo el día enfadados. Pero, vale, a mí al principio su hablar meloso también me confundía.

        • 2011/09/12 en 11:34

          Creo que casi toda la antipatía que en muchos países se siente por España procede, aunque parezca mentira, del Imperio donde nunca se ponía el sol. Es muy probable que nos comportáramos como unos chulos indeseables, en aquella época (como ahora los americanos, como antes los ingleses y los franceses); y, encima, habíamos elegido la opción religiosa más dogmática e intolerante (sí, ya sé que a Servet, por ejemplo, lo queramon los herejes; pero no comparemos). En Holanda, en Bélgica, todavía cuentan verdaderos disparates sobre nosotros. Los ingleses y los franceses aún no dan por saldadas las cuentas, a pesar de que se han tirado casi dos siglos humillándonos todo lo posible, hasta extremos de auténtica crueldad… De todas formas, yo no dicho en ninguna parte que los extranjeros nos odien. Al revés: según la encuesta mencionada —que, desde luego, solo tiene valor pintoresco—, nos quieren una barbaridad. Lo que yo digo es que no entiendo por qué. 🙂

          • Enrique J.
            2011/09/13 en 00:50

            Sí, es muy probable que nos follásemos a sus mujeres y que no fuera por la fuerza. 🙂

            Desde luego a mí en Holanda es el país donde peor me han tratado por ser español… o gitanos, como nos llamaron aquella vez en, qué cosas, perfecto español. No sé, me dejó un poco mal sabor de boca aunque no creo que se pueda generalizar ya que el tipo, irónicamente, era bastante moreno. A saber las pulgas que gastaba el que se tiró a su tatarabuela.

  4. M. Castro
    2011/09/12 en 00:26

    Como no vamos a ser antipáticos. Viendo esta noticia y su ubicación en la prensa escrita, que supongo escondieron en páginas interiores en toda España, uno ya sabe por que ETA existe (por sus primeras páginas) y todo lo que importa escondido en el interior de los periódicos.

    FRAUDE FISCAL
    Los trabajadores y pensionistas gallegos declaran el doble de ingresos que pequeños empresarios y profesionales liberales
    Un informe de los técnicos del Ministerio de Hacienda habla de fraude masivo y estructural, con una media de 8.295 euros de ingresos en estas profesiones.

    Un trabajador o un pensionista gallego gana el doble que un notario, arquitecto, abogado o un pequeño empresario, en concreto 8.578 euros más. Esto es así si nos atenemos a lo que declaran a hacienda de media los profesionales liberales y los pequeños empresarios. Así lo refleja la III edición del Informe de la Lucha Contra el Fraude Fiscal en la Agencia Tributaria, elaborado por los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) a partir de la última estadística del IRPF del 2009, declarado en junio de 2010.

    Los pequeños empresarios y los profesionales liberales obtuvieron unos rendimientos medios de 8.295 euros, mientras que trabajadores y pensionistas gallegos ganaron 16.873 euros.

    Por comunidades, el informe de Gestha muestra que Galicia es la quinta comunidad donde las diferencias entre las rentas declaradas por asalariados o pensionistas y los pequeños empresarios o profesionales liberales son mayores tras la Comunidad de Madrid (10.776 euros), Asturias (9.815 euros), Cataluña (8.765 euros) y Cantabria (8.666 euros). La media nacional es una diferencia de 8.323 euros.

    Además, esta diferencia ha venido acrecentándose durante los últimos quince años. En el ejercicio de 1.993, era 1.414 euros para pasar en 2.007 a ser de 4.875, eso en años de bonanza económica, justo antes de la crisis. Desde el comienzo de ésta, la diferencia prácticamente se ha duplicado. En palabras del secretario general de Gestha, José María Mollinedo, «la crisis en 2009 afectó a los profesionales y pequeños empresarios españoles que redujeron sus beneficios y sufrieron, pero la crisis también afectó a los trabajadores, aumentando el número de desempleados en 1.118.600 personas sólo en 2009. No es creíble que durante los últimos 16 años, década de expansión económica incluida, un empleado o pensionista gane de media más que un pequeño empresario, notario, arquitecto, médico o abogado por citar algunas profesiones liberales bien remuneradas.»

    Fraude estructural y masivo

    En opinión de Gestha, esta brecha fiscal entre los ingresos declarados por trabajadores y empresarios evidencia que el «componente estructural» del fraude fiscal tiene mucho mayor peso que el componente coyuntural de la crisis económica, aunque reconoce que la crisis también ha influido como lo demuestran los 22.785 autónomos que causaron bajas netas en la Seguridad Social en 2009.

    Para los técnicos de Hacienda, desde la creación de la Agencia estatal Tributaria, la brecha fiscal con los empresarios no solo no se ha corregido, sino que ha aumentado entre seis y casi cuatro veces más respecto a los trabajadores y pensionistas.

    Aunque estas cifras revelan un fraude fiscal masivo entre los autónomos, no debe olvidarse que estos apenas representan el 8,6% del total del fraude fiscal en nuestro país al ser titulares generalmente de pequeños negocios. Según Mollinedo , «los pequeños empresarios buscan sus artimañas para tratar de eludir los pagos de Hacienda. Frecuentemente realizan ventas sin IVA, el conocido por todos “con IVA o sin IVA”, inflan los gastos pasando las compras personales como gastos de la empresa, o en demasiadas ocasiones manejan facturas falsas para contabilizarlas como gasto y poder deducirse un IVA no generado por el desarrollo de su actividad».

    Los inspectores creen que la Agencia Tributaria del Estado está perdiendo la batalla contra el fraude fiscal con una estrategia de actuación claramente equivocada, centrada en «lo más fácil» como es el control de las rentas del trabajo y de los autónomos en lugar de inspeccionar «lo más difícil» como son las bolsas de fraude que representan las grandes fortunas y las empresas de gran tamaño, principales responsables de la evasión fiscal en nuestro país.

    • 2011/09/12 en 09:11

      El fraude a Hacienda es una tradición española. Viene a ser un sucedáneo del caciquismo o del derecho de pernada: soy rico, hago lo que quiero, y si me pones pegas me largo con mi pasta a cualquier paraíso fiscal. Denunciarlo, como se viene haciendo una y otra vez desde que se implantaron los primeros barruntos de fiscalidad, está muy bien, pero hasta ahora no ha tenido efecto alguno. Pesa más el chantaje de los ricos.

  5. Enrique J.
    2011/09/11 en 19:55

    Pues yo no creo que estemos tan mal aunque, eso sí, hay que cogernos por separado para evitar que salgan a relucir nuestros “entretenidos” asuntos internos. 🙂

    • 2011/09/11 en 20:10

      Sí, hay que cogernos por facciones. Y, bueno, estamos mucho mejor que antes, cómo dudarlo; lo antipático, casi insoportable, es que esta mejora material.no haya servido para civilizarnos en los demás aspectos; y que ahora, encima, nos incauten los beneficios.

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