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Excusatio

2011/09/11

Creo que fue Theodor Adorno quien dijo —no sé dónde ni cuándo— que después de Auschwitz no podríamos seguir haciendo literatura. (En realidad, me parece que Adorno dijo «poesía», no «literatura», pero lo mismo nos vale.)
     Y es verdad que después de las grandes catástrofes, absorbida la adrenalina de la desesperación o incluso el patriotismo, nos queda más náusea por impotencia que optimismo para crear o denunciar1; pero el paso del tiempo, las dunas del olvido, van devolviéndonos el impulso; y el hecho es que después de los campos de exterminio ha habido tanta literatura, tanta poesía como siempre, o por lo menos como siempre desde los inicios de nuestra civilización, allá por el siglo XVIII.
     Ahora mismo estamos viviendo una catástrofe quizá peor que la propia Shoah,
110911-094156porque puede costar más vidas, generar más dolor en los hombres, cancelar casi todos los avances de la civilización que acabo de mencionar. Estamos viviendo una invasión de la Tierra por los poderosos, que ya se han cansado de esperar, que la quieren entera, a su disposición, sin trabas de ningún tipo, sin zarandajas democráticas, sin miramientos humanitarios. «El inconveniente de los políticos es que están sometidos a las elecciones», decía la semana pasada no sé qué fiera ansiosa de riqueza en el Stern alemán… No se sabe qué piensan hacer cuando ya nos hayan devorado, pero a nosotros eso nos dará lo mismo, porque ya estaremos derrotados sin remisión.
     Así las cosas, ¿qué quieren ustedes que escriba yo? Me hacen preguntas sobre mi silencio de los últimos días, hay hasta quien me dice, en el paroxismo de la lisonja, que no puede vivir sin leerme, que estoy incumpliendo mi deber. No se me ocurre respuesta, ni ingeniosa ni profunda. La única verdad es que no escribo, ni aquí ni en ninguna parte, porque no sé qué decir, porque estoy tragando saliva y encogiendo el cogote, preguntándome por dónde va a venirnos el próximo derrumbe, qué podemos hacer para defendernos. No tengo ninguna idea factible, pero tampoco me siento capaz, en este momento, con el apocalipsis en marcha, de ponerme a escribir sobre ninguna otra cosa.
     Ya veremos, los próximos días. Siempre queda la posibilidad de recurrir a las amenidades y pasatiempos.
     Y gracias de todas formas por el interés, queridos amigos desconocidos.

1 Sí, claro, también la denuncia pide optimismo: ¿para qué la ejerceríamos, ni no pensáramos que puede servir de algo?

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  1. 2011/09/12 en 13:07

    A lo mejor soy un reaccionario cómplice de los poderosos (porque “poderoso” le aseguro que no lo soy), pero creo que exagera. ¿De verdad las cosas van peor que hace cien años, setenta, cincuenta? Entre la gente de mi entorno, por lo que me cuentan mis mayores, parece que no… Pero, en fin, hay mucha más gente en el mundo.

    • 2011/09/12 en 13:16

      Hombre, claro, yo también he vivido tiempos peores; pero eso no quiere decir que las cosas vayan bien, y, sobre todo, no quiere decir que no habrían podido ir mucho mejor si hubiéramos sido algo más inteligentes. En España, quiero decir.

  2. marinela
    2011/09/12 en 08:33

    Para qué seguir denunciando? Para no sentirnos tan solos. Para animarnos unos a otros con palabras. Para que sepan que -de momento- nos queda, por lo menos, la palabra. Por cada uno de nosotros mismos, para saber en nuestro interior que todavía no nos hemos rendido. Para no ponérselo -aún más- en bandeja de plata.
    Un abrazo

    • 2011/09/12 en 09:08

      En ningún momento he sugerido siquiera que no haya que denunciar. Es precisamente lo único que puede hacerse, pero ahí radica gran parte del problema, porque la opinión pública está moldeada por los medios, y los medios sirven a sus señores: solo airearán las denuncias que les vengan bien.

  3. Jorganes
    2011/09/11 en 10:19

    Entiendo lo que dices. Es el estado de shock que denuncia Naoumi Klein. Pero, ¿para qué denunciar? Pues porque no queremos ser cómplices, porque es nuestra obligación, para dar a conocer la verdad, porque estamos vivos y queremos sentirnos vivos, y porque queremos que transcienda la justicia y la paz social.

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