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Lugarteniente de Dios

2011/08/19

Sacar el número 2 en el concurso-oposición a Dios tendría muchísimo mérito si Dios existiese. Para quienes no creemos que haya en ninguna parte nada parecido a un Dios, un señor a quien un cónclave de sus compadres ha nombrado representante de inrila divinidad (de nada ni nadie, pues) en la Tierra no nos merece un respeto enorme. ¿Un respeto, a secas? Bueno: el que queramos derivar de un hecho incontestable, es decir del apoyo que la institución que cree gestionar a Dios ante los hombres tiene en muchos millones de seres humanos, más o menos respetables todos. También lo tienen otros dogmatismos, y también nos toca respetarlos. Con limitaciones, desde luego. No todos los hombres son respetables, ni mucho menos. Son de respetar, siempre, sus derechos; lo que piensan —si intentan imponerlo—, lo que dicen, lo que hacen, puede, en cambio, ser repugnante y totalmente rechazable, incluso punible.
     Dejando aparte el respeto que debo a los derechos de los ciudadanos peregrinos, no tengo inconveniente alguno en confesar que sus ideas, su planteamiento de la vida, sus principios morales, sus normas de conducta, me parecen repugnantes y totalmente rechazables, cuando no punibles, sobre todo cuando intentan imponérmelos —insisto—, como la Iglesia ha hecho en Occidente durante mucho más de mil años. La iglesia nunca he tenido solución para ningún problema real de los hombres. Solo paliativos, consuelos, quizá un poco (nunca mucho) de lo que sus jerarcas llaman caridad. Durante siglos, es cierto, la Iglesia fue la seguridad social de los más desamparados: con el dinero que les sacaban a los ricos —a cambio de un apoyo absoluto y sin reserva alguna a la injusticia social, y de desaforadas promesas de estupenda vida eterna a la vera de Dios Padre—, las instituciones eclesiásticas proveyeron de asilos, hospitales, alimentos, vestidos, a los pobres. No en grandes cantidades, desde luego, porque sospecho que la mayor parte de sus ingresos se iba en pompa y boato, en prebendas y estatuas doradas con que atontarles las entendederas a los fieles, pero es cierto que sin la ayuda de eclesiásticos y eclesiásticas de segunda fila (los de primera, los obispos, los cardenales, los papas, solo estaban ahí para lavarles los pies a los pobres una vez al año) los sufrimientos de la gente sin hogar ni medios de sustento habrían sido aún peores de lo que fueron. Claro está que también habría podido promoverse una sociedad más justa que aliviara directamente esos sufrimientos, sin recurso obligado a la caridad; pero eso, evidentemente, no se le pasó por la cabeza a nadie. Lo sociedad era como Dios quería que fuese, y pare usted de contar. Mientras mandó la Iglesia, los males de la sociedad podían paliarse en algo, pero nunca remediarse.
     Durante siglos, también, la Iglesia fue un referente cultural, entre otras razones, porque en la sociedad no había más cultura que la suya. La música y la pintura fueron santas, casi exclusivamente, durante siglos. También la escritura, que fue la primera en sacar los pies del plato, cuando apartó el relato y la lírica de la hagiografía, para empezar a ocuparse de los hombres de carne y hueso, más bien pecadores. En contra de lo que sostienen sus promotores, no creo que la Iglesia haya aportado absolutamente nada más que iconos a la cultura occidental. De hecho, mientras pudo, lo que hizo fue frenar el acceso y difusión del conocimiento, recurriendo incluso a la hoguera, en más de una ocasión, para conseguirlo. No es posible negar la participación de la Iglesia en la historia de Europa, pero sí es posible afirmar, y lo afirmo, que su aportación fue un factor negativo, que de la omnipresencia de la Iglesia en la sociedad occidental durante, repito, mucho más de mil años no se derivó nada bueno para los hombres. Sin la traición de Constantino, con los paganos en el poder, la revolución se habría producido por su propio peso en solo unos pocos siglos. ¿Por qué? Porque la mitología pagana no era dogmática, y la eclesiástica sí.
     Que el lugarteniente de Dios en la Tierra se nos plante aquí, ahora, en mitad del tráfico, apropiándose de una ciudad en la que no solo viven católicos —en la que, seguramente, ni siquiera son mayoría los católicos practicantes—, a contarnos sus viejas verdades incontrovertibles, a hablarnos del derecho a la vida de una célula recién fecundada (con la cantidad de muertes de seres humanos hechos y derechos que tendría el Papado en su conciencia si tuviera conciencia), a recomendarnos que no forniquemos más que para procrear, a convencernos, con mayor o menor descaro, de que las leyes humanas son inválidas si contradicen la Ley de Dios (que la Iglesia dicta), etcétera… podría parecernos anecdótico, debería parecernos anecdótico, quizá, pero lo cierto es que a muchos nos indigna el suceso. Lo principal del mensaje que este buen señor comunica a todo el que quiere prestarle oídos es que los peregrinitos sonrisueños y cantarines deben rezar para que las ovejas descarriadas volvamos al redil, para que Occidente en general y España en particular se reincorporen a la disciplina eclesiástica y se dé por terminada esta espantosa aventura de ciencia y progresismo que tantos males ha traído al hombre. Dirán ustedes: bueno, si es solo rezar lo que quieren hacer, ahí me las den todas; pero es que no, es que rezar solo contiene una parte de las instrucciones; el mandato completo está en «a Dios rezando y con el mazo dando». Y lo que verdaderamente quieren —no los chiquitos que ocupan algunas calles con sus ingenuos desfiles, sino los mandamases— es recuperar el mazo. Quieren achantarme a mazazos, como siempre hicieron, como me hicieron, con ayuda de mi madre, de mi familia, de la sociedad católica, durante no pocos años.
     No sé hasta qué punto estoy obligado a aceptar con paciencia y cortesía esta intención de volver a imponerme el dogmatismo eclesiástico, previa erradicación de los derechos humanos y la ley civil. Sobre todo, para más INRI (ahí tienen un icono verbal del cristianismo), porque la Iglesia jamás utilizó conmigo la paciencia, ni la elegancia, ni la cortesía; de hecho, si no llevo unos cuantos años muerto por ejecución pública, o encerrado para siempre en alguna mazmorra inquisitorial, no es porque no les apetezca matarme o encerrarme, sino porque la ley civil, mi ley, la que hemos conquistado los hombres en los últimos quinientos años, no se le permite.
     Dicho en otras palabras, Herr Ratzinger: dé las gracias y márchese; y monte la próxima en Iraq, a ver qué tal se le da.

(Ya vale. No volveré sobre el tema.)

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  1. Emilio
    2011/08/24 en 19:29

    Hola, no creo en ningún Dios y soy totalmente contrario a las ideas de la Iglesia sobre el sexo, gays, células madre etc etc.

    Voy a valorar lo bueno y lo malo de la Iglesia en la actualidad:

    Malo: algunas de sus ideas, su proselitismo, su dogmatismo, la manera “suntuosa” de vivir de su cúpula, el tapar los abusos sexuales de algunos curas… Personalmente, me repatean sus ideas anticuadas sobre sexo, homosexualidad, aborto… Afortunadamente, hoy en día no pueden imponer nada y creo que, en general, a la gran mayoría de la gente les da igual lo que la Iglesia piense.

    Bueno: son la mayor institución en el mundo dedicada a la atención de los necesitados, son cientos de miles de cristianos dedicados a hacer el bien a millones de personas, tanto al lado nuestro (Cáritas, por ejemplo) como en el Tercer Mundo. Pongo dos ejemplos personales. El cura que me casó (jeje, yo no creo, pero mi mujer sí) se dedica a atender en un hospital a ancianos moribundos que no tenían familia. Yo colaboro con una ONG cristiana, que proporciona comida en escuelas y dinero para becas escolares en zonas pobres de Colombia y la gestión la realizan sacerdotes y misioneros. No me extiendo con más ejemplos, que serían incontables.

    Entonces me pongo a pensar, usando la lógica, para poner en una balanza lo malo y lo bueno y ver qué pesa más. Y constato que lo bueno es abrumadoramente mayor que lo malo. A pesar de que lo malo me repugna, eso no quita para que me de cuenta de lo bueno y lo valore.

    Y no quiero decir que haya que disculpar lo malo porque hagan cosas buenas. Me refiero a que hay que valorar las cosas en su conjunto. Por analogía, ¿vamos a denostar la democracia porque haya algunos políticos corruptos? ¿Estaríamos mejor sin democracia, gobernados por algún dictador, o mejor aún, en anarquía?

    Por eso me sorprende mucho que haya personas tan intelectuales, sabias y cultas (adjetivos sin ninguna ironía) como usted, Don Ramón, que tengan tanto odio a la Iglesia y no sepan valorar lo bueno. No, solo hablan de lo malo o incluso niegan lo bueno. Piensan y dicen que la Iglesia debería desaparecer, que el mundo estaría mejor sin la Iglesia. Esto es una barbaridad y una estupidez. Claro, lo dicen porque siempre han tenido una bonita casa donde dormir y comida en la mesa y pueden permitirse decir semejante tontería. No pensarían igual si durmieran en la calle.. ¿en qué parroquia les darían mantas, en que comedor les darían de comer? No entiendo que no valoren lo bueno o que piensen que lo malo supera a lo bueno y me gustaría que me lo explicaran razonadamente. Me parecen tan dogmáticos como la propia Iglesia.

    Saludos

    • 2011/08/24 en 19:53

      Percibo igual que usted las bondades de la Iglesia. No estoy de acuerdo con usted en que pesen más que sus maldades, sobre todo si tenemos en cuenta que su objetivo principal es el dominio de la sociedad, es decir imponernos a todos esas normas morales y de convivencia, incluso de derecho Civil, que también usted rechaza. Tampoco veo que la «caridad» solo pueda ejercerse por medios eclesiásticos… De todas maneras, está usted en su derecho, tanto de considerarme un bárbaro estúpido como de pensar lo que le parezca sobre lo que le parezca, incluida la Iglesia. Faltaría más.

  2. Liu
    2011/08/22 en 15:53

    hay que tener valor para comparar al Dalai Lama y el Día del Orgullo Gay con el Papa y la Iglesia católica. Por lo pronto, que se sepa, el budismo no ha promovido una Inquisición, ni los gays aplican la ley de fugas a los heteros. En cambio con lo del turismo para Madrid está bien: que os lleguen las hordas de turistas que vienen a Barcelona y que la han convertido en un parque temático. Será divertido verlo.

    • 2011/08/22 en 18:31

      Pozuelo estuvo invadido de peregrinitos, que se alojaban en distintos colegios de la comunidad, en el seminario de los padres Oblatos (enorme y vacío) y en algún colegio de monjas. Todo generando enormes beneficios, claro.
      Pero lo de llevarnos el turismo barcelonés no me parece buena idea.

  3. rafael
    2011/08/22 en 15:23

    Ahhhhhhh….pequeño lapso vacacional para darle un poco de caña a los peregrinos, qué gusto.
    Lapso muy corto. Como ya dije en otro lugar, a mí todos estos jóvenes y los religiosos de toda índole en general me parecen unos absolutos irresponsables, ya que todos ellos, al final, se descargan de responsabilidad y descargan la responsibilidad sobre sus semejantes con un simple “es la voluntad de Dios”. Así, pueden hacer lo que les dé la gana, y sin responsabilidades. Qué bien, qué feliz es ser religioso. No me extraña que haya tantos.

    Saludos.

    • 2011/08/22 en 18:33

      Tampoco hay tantos: todos los estudios señalan un claro descenso del seguimiento de la religión en el mundo entero. Los espectáculos como el que acaba de montar aquí la Iglesia son engañosos.

  4. sombrabl
    2011/08/22 en 15:18

    Pues a mi me resulta inquientante.

    En estos tiempos confusos donde se levantan tantas voces dicen que autorizadas para proclamar sin ambages la superioridad de unas religiones -cuando no civilizaciones- respecto a otras, el multitudinario espectáculo vivido en cuatro vientos yo diría que tiene cierto tufillo a exhibición de fuerzas (regias y marciales).

    • 2011/08/22 en 18:37

      Clara exhibición de fuerzas, sí; ampliada con entusiasmo por los medios, incluso los teóricamente hostiles, como la Sexta. Está bien que los periódicos con vocación de hoja parroquial (ABC, La Razón, los confidenciales), hablen de UN MILLÓN Y MEDIO de asistentes a la misa de Cuatro Vientos. Pero me parece inadmisible que un peresentador de la primera cadena cifrara la asistencia en UN MILLÓN, varias veces, con entusiasmo, cuando ahí no había ni trescientas mil personas. Lástima que el Manifestómetro no se haya metido a calibrar. Esos sí que daban los datos al pelo.

  5. Fernando del Valle
    2011/08/22 en 12:35

    Quizás la diferencia es que yo no los percibo como una amenaza, y que a mí no me hicieron nada más (y nada menos, por cierto) que ponerme más difícil aquello de echar un casquete en mi juventud. O quizás es que en mi ranking de preocupaciones, la enésima cruzada católica está tan abajo que ni la veo. Claro, yo cuento con que lo suyo en Europa es ya imposible, y quizás peque de ingenuo, viendo la que se está montando en yanquilandia.

    Abrazo

  6. Fernando del Valle
    2011/08/22 en 10:25

    Pues mira que lo siento, Ramón, pero ese alegato me parece fruto de un revanchismo un tanto ñoño. Si hubiese venido el Dalai Lama, o los Rolling Stones, y hubiesen montado su respectivo chiringo cortando el centro de Madrid, nadie habría dicho nada. Si lo corta cualquier manifa del sindicato de carniceros judíos, o en defensa del burka, nadie dice nada, y mira que no lo hacen en agosto, cuando estamos todos de vacaciones. Luego está el tema puramente pragmático: el ayuntamiento y el estado se gastan un pastón en publicidad y en promocionar Madrid como destino turístico, y le hacemos ascos a un evento que nos hace salir en todos los noticieros del mundo, por no hablar del más de medio millón de turistas que han venido (y quien diga que eso no da dinero que se lo haga mirar). No sé; yo soy ateísimo, y los rolletes de la abstinencia sexual, el pecado original, y todas esas mandangas que nos han intentado inculcar desde pequeñitos me resultan asombrosamente absurdas desde hace por lo menos un par de décadas, pero de verdad, no entiendo esas indignaciones. Sí me resulta impresentable, sin embargo, que un grupo de tontolhabas autodenominados “laicos” se dedique a reventar lo que, por lo demás, es una celebración autorizada y de la que participa una buena parte de nuestra sociedad. Si se hiciese algo remotamente parecido en la manifestación del Día del Orgullo Gay (o LGTB, o como se llame ahora), les tacharíamos de fascistas, integristas, intolerantes, y pedorros por lo menos. Si no gusta el rollo católico basta con no cogerlo, así que no veo por qué tanta inquina, ya entraditos en el siglo XXI.

    Saludos.

    • 2011/08/22 en 10:44

      Supongo que no te sorprenderá mi desacuerdo absoluto con tu comentario, Fernando; y mi asombro ante tu interpretación de lo que digo. No obstante, tendrás que perdonarme: no voy a llevar más allá la discusión: ya se fue Benito el Reconquistador, ya se fueron los peregrinitos sonrisueños. Lo que toca ahora es olvidarlos. Solo diré que la comparación con otros grupos me parece improcedente: ni siquiera los del Orgullo Gay pretenden dominar la sociedad e imponerle sus normas. Un abrazo.

  7. Liu
    2011/08/20 en 19:13

    Es gracioso, pero la gente no se da cuenta de la diferencia entre un país donde la religión es un asunto privado, tipo Francia, y otro, como España, donde lo oficial va por detrás de la realidad. En España siempre se pierde la ocasión de ser verdaderamente modernos, siempre estamos pagando algo en prenda a los integrismos.

  8. Luis
    2011/08/20 en 14:39

    Ramón, espero que cumpla la ultima frase de su post. Gracias.

    • 2011/08/20 en 19:11

      Cumpliré, supongo; pero me cuesta trabajo, porque la provocación es extraordinaria. En fin. Dentro de quince días nadie recordará nada de esto.

  9. 2011/08/19 en 18:52

    Queda otro posible destino: Mandarle al Cuerno… de África.

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