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La Gran Visita

2011/08/14

He vivido bajo el poder de los siguientes Papas:

Pio XII (1939-1958)
Juan XXIII (1958-1963)
Pablo VI (1963-1978)
Juan Pablo I (1978-1978)
Juan Pablo II (1978-2005)
Benito XVI (2005-)

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De Pío XII solo recuerdo los reportajes que publicó Paris Match sobre su muerte, mala, al parecer, aunque endulzada por repetidas apariciones de Jesucristo, quizá felicitándolo por su excelente gestión. Mi abuela tenía en su dormitorio un cartel de indulgencias autografiado por él. Era feo.
     Juan XXIII, como tantas veces se ha dicho, tenía pinta de cura párroco de los que no gastan sobrina ni ama. Quiso modernizar la Iglesia, no en los contenidos —Dios lo librara: eso nunca— sino en las relaciones públicas: quitó el latín, aligeró la Semana Santa (que era un coñazo insoportable), suprimió unos cuantos detallitos molestos del reglamento exterior de la Iglesia. Organizó un Concilio muy nombrado. Creo que lo hicieron beato. Anthony Burgess lo utilizó para una excelente novela. A mí me molestó, porque todo intento de modernidad eclesiástica me parece mal: me gusta que los cristianos sean tan antiguos, intransigentes, agresivos, etc., como siempre han sido. La misa, en latín, oiga.
     Pablo VI le tocó un poquito los cataplines a Franco. No mucho. Justo para quedar bien, cuando las bestiales ejecuciones de 1975, aunque en los sesenta también hubo sus dimes y diretes con el asunto de la «representación» (en pocas palabras: la Santa Sede quiso discutirle a Franco el «derecho» a elegir obispos que le concedían el Concordato y la Gracia de Dios)… Pablo VI recordaba un poco a Pío XII, en lo físico, y era una de esas personas de las que se desconfía a primera vista. No me fijé mucho en él, la verdad.
     La muerte de Juan Pablo I a los pocos meses de pontificado me pilló en Roma. Recuerdo que los italianos con quienes hablé (los empleados de Sangemini, que era mi embotellador en Italia) daban por indiscutiblemente cierto que lo habían asesinado, por pedir las cuentas del Vaticano, y hasta cierto punto estaban encantadísimos con el suceso, porque venía a ser el renacimiento de una vieja costumbre local (la de apiolar pontífices, quiero decir)… Lo cierto es que no recuerdo qué cara tenía, el hombre.
     Juan Pablo II era un beato mariano y me cayó mal desde el primer instante, pero, al final, sobre todo por aquello de que «tras mí vendrá quien bueno me hará», el hombre resultó bastante inofensivo. Su afán, creo, consistió en reivindicar o reafirmar o reinstaurar (no sé qué verbo cuadra mejor) la pureza de la Iglesia, eliminando todos los brotes de liberalización que habían surgido en los últimos años: nada de manga ancha en ningún terreno; vivan los pecados de toda la vida, tan mortales como siempre; y mucho ojo con las mujeres, que son la puerta del Diablo. Janua Diaboli. En bastantes aspectos, la Iglesia vino a recuperar, con él, la ruda mentalidad de los Primeros Padres (san Jerónimo, Tertuliano, etc.: grandes hombres de márquetin, ferinamente ginófobos).
     Benito XVI, llamado Benedicto XVI, me parece, en cambio, muy peligroso. No ha debido de ser muy listo nunca (su pasado y sus obras así lo sugieren), o, en todo caso, no tiene ya las neuronas muy despiertas. Dando por restaurada e irreversible la pureza de la Iglesia, limpia ya del desviacionismo de Juan XXIII, el hombre ha llegado a la conclusión de que ahora toca recuperar el poder. En ese aspecto, la Iglesia está comportándose, con algún retraso, como todas las demás grandes corporaciones. La idea está clara: hay que eliminar por completo el «progresismo» que se impuso en Occidente, por acción de la fementida Izquierda, a lo largo de los siglos XIX y XX; poder absoluto, ilimitado, fuera de la ley, para las grandes corporaciones y para las ricos; devolución de la gestión del ideario social a los estamentos religiosos (no solo a la Iglesia, claro; el evangelismo norteamericano es más radical aún). Lo que este Papa nos está diciendo es que lo único que necesitamos es religión: fe en Dios, sustitución de todas las legislaciones por la Ley de Dios, implantación profunda e inamovible de la Moral Divina, que cancela cualquier otro conjunto de valores que haya podido funcionar en el pasado reciente. A eso se refiere cuando habla de volver a evangelizar Occidente, empezando, desde luego, por España (no porque la ame, sino porque le parece la más débil, la zona católica donde menos asentados se hallan el Estado de Derecho y la Libertad Ciudadana) (tampoco es que Italia sea una maravilla en este sentido, desde luego; pero prefieren acosarnos a nosotros, quizá por algún pacto secreto con Berlusconi) (esto último es broma). Da la impresión, además, de que él y sus asesores (entre los que destaca, en España, otro señor bastante romo, el amigo Rouco) (por no mencionar a Cañizares, que dice unas tonterías pintorescas casi simpáticas) están convencidos de que pueden lograrlo. Y está echando el resto.

Yo creo que se equivocan. Para empezar, me parece imposible que este Papa, con su ropa de alta costura, sus tiaras de diseño, sus chapines primorosos, su pelo teñido de blanco impoluto, su sonrisa inverosímil, logre convencer a nadie que no le esté entregado de antemano por la fascinación del cargo. Yo, desde luego, no hablaría con él ni en un ascensor parado entre dos pisos, y no por aversión, sino porque no me interesa absolutamente nada lo que pueda pensar ese hombre sobre ningún tema concebible. Y supongo que no estoy solo en esta actitud.
     Lo cual, me parece, es gravísimo, porque quiere decir que la guerra declarada por el fundamentalismo religioso a la sociedad laica no ofrece ninguna posibilidad de pacto. Hasta ahora, hemos venido conviviendo como podíamos. El poder civil toleraba algunas jurisdicciones del poder eclesiástico —demasiadas, para mi gusto, pero llevaderas— y el poder eclesiástico solo se metía de vez en cuando con el civil, sin verdadera intención de control, más que nada por marcar las distancias. Desde la llegada del Papa nuevo, toda posibilidad de convivencia ha desaparecido: es la guerra de exterminio contra los no creyentes que jamás nos someteríamos a sus valores.
     Lo del totus tuus fue patético, en su momento, pero no supuso la ocupación de Madrid que va a suponer la próximo visita de Benedicto XVI, ni implicó una espana-papa-juventud-programa-visita-del-papa-confesionarios-en-el-retiro$599x0campaña de márquetin tan poderosa como la que se ha puesto en marcha esta vez, con herramientas tan jacarandosas como el levantamiento de la excomunión a las culpables de aborto (no así a quienes, como yo, estamos excomulgados por habernos casado por lo civil sin anular antes, previo paso por caja en la Santa Rota, nuestro matrimonio por la Iglesia; seguramente porque no resulta fácil imaginar que nos arrepintamos), la batería de confesonarios de diseño en el Retiro, la organización modelo Up With People (¿se acuerdan ustedes de aquel grupo de bobalicones sonrientes que en español se llamaban Viva la Gente?) (Pues igual), la probable compra de apoyos mediáticos. Es un ataque en toda regla, a fondo, sin cuartel. Santiago y cierra España. 
     Lo único bueno de todo esto es que hoy en día no hay nada que dure más de dos semanas. A mediados de septiembre todos habremos olvidado, completamente olvidado, la Gran Visita.

(Una seña de que las cosas han cambiado: ahora me da miedo publicar esta nota; hace un par de años no se me habría pasado por la cabeza que alguien pudiera agredirme por escribir lo que escribo.) (De hecho, incluso he cambiado el título, no sea que Facebook me lo censure directamente.)

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  1. Luis
    2011/08/16 en 17:49

    Ramón, me ha gustado mucho lo de que Pio XII era feo. Definitorio.

  2. Superhombre
    2011/08/16 en 12:18

    Muy descriptiva la firma, sólo que no refleja la edad mental. Debería ser ‘Payaso sectario a punto de cumplir los 16’. Siento decirte que eres un sectario de manual. Como los de signo contrario, por cierto. Os unen tantas cosas…

    • Liu
      2011/08/16 en 17:28

      Todos los que pasamos por este blog, Superhombr, ya estamos condenados 😉 ¿Por qué no te haces un favor y nos haces el favor de hacer proselitismo en sitios donde tu secta pueda conseguir algo? Y a mí que me daba igual el paseo del papa por la Gran Vía…

      • Superhombre
        2011/08/16 en 22:33

        Ya te digo, como si a mí me importara mucho el despliegue de estos días de la santa secta por la gran cañada madrileña. Proselitismo, dice. Efectivamente, no entendéis nada. Pero no te preocupes: el superhombre sabe estar por encima de todo eso. Ya veo que cualquier intento de apertura de miras o de autocrítica (¿ah, no sabías que yo soy de los ‘condenados’ y a mucha honra? Vaya, de nuevo los prejuicios), digo, cualquier intento en ese sentido, resulta totalmente vano.
        En fin, un placer y no (os) crispéis mucho.

    • Enrique J.
      2011/08/18 en 13:36

      Además de payaso, gilipollas. Ya lo tienes todo para ir a ver al Papa. A qué esperas?? Largo!! Coge tus manuales y vete a saludar al tipo ese que tienes de líder. El mundo te lo agradecerá.

      • Superhombre
        2011/08/19 en 12:31

        Ay si te oyera tu madre, la Bernarda…
        [Añadido de RB:
        Es usted un cretino. No volverá a aparecer ningún comentario suyo en este blog. Dejo este para darme el placer de mandarlo a la mierda y para que se vea por qué lo hago. Piérdase, idiota.]

        • Enrique J.
          2011/08/20 en 10:54

          Ay, las personas que entran insultado con la puntita nada más, generalizando y pensando que somos todos unos necios, unos pobres imbéciles que sólo llegamos a repetir lo que dicen “nuestros” medios (y sin tener ninguna acción de esas) pero que en cuanto alguien le devuelve los “cumplidos”, sin medias tintas, se encorajinan ofendidos como si lo suyo fuese purita filosofía y los demás unos bárbaros.

          Ojalá te haya espantado, troll, porque sois más pegajosos y cansinos que las moscas de la mierda.

  3. Enrique J.
    2011/08/16 en 09:50

    ¿Y qué esperas que diga Pepiño Blanco? Pero, oye, de eso va la religión ¿no? de credulidad, y tú pareces un crédulo de esos que se creen todo lo que les cuentan.

    Je, prejuicio sectario… XDDDD Payaso.

  4. Superhombre
    2011/08/15 en 16:47
    • Enrique J.
      2011/08/15 en 17:50

      Tengo curiosidad por saber qué le ocurrió al jesuita inglés. La iglesia católica tiene por costumbre expulsar de su seno a quienes dicen tacos tan feos, sobre todo cuando estos van dirigidos a quien tiene el poder y puede beneficiarles por los servicios prestados en el mantenimiento del orden, la paz y el sometimiento.

      Sí, que los jóvenes católicos vayan a orar en paz con su pontífice. Pero que se lo paguen de su bolsillo.

      • Superhombre
        2011/08/16 en 08:57

        El Gobierno reconoce que la visita del Papa no supone gasto. Blanco admite que la JMJ no supondrá un gasto para el Estado.

        Ay, esos prejuicios sectarios. Claro, si sólo se lee la prensa amiga…

  5. 2011/08/15 en 14:02

    La foto de los confesionarios, con esa suerte de capirote que remata la cosa esa, sugiere una formación del Ku-Klux-Klan, del que, por cierto, nunca se dice en España que también lo integraron e integran católicos, no sólo los brutales evangelistas de sus distintos credos, a los que aludes, Ramón, en muchos casos más temibles aún que los católicos. Tuve la primera noticia de eso cuando viví en Athens (Georgia, USA).
    JL

  1. 2011/08/18 en 23:34
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