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José y Pilar

2011/06/21

Ayer vi en el canal XTRA de Canal + (lo único interesante, ya, en la llamada «Cadena de Pago», de la que tendré que darme baja muy pronto, porque no puedo permitírmela) el documental José y Pilar. Emocionante.

Estuve por última vez con Pilar del Río y José Saramago en Casa Leopoldo, cerca de la Rambla del Raval, 01_17_11_el_meridiano_Pilardelrioen Barcelona, el 23 de abril de 2005, por el I Premio Terenci Moix. En nuestra mesa (redonda y grande): Pilar del Rio, Sealtiel Alatriste, José Saramago, un tal Padillo (director de la feria del libro de Guadalajara), la mujer de Sealtiel, Manuel Florentín, Paula Izquierdo. Saludé también a José Luis Sampedro, a María Luisa Blanco, a Ana María Moix… Tuve a Pilar a la derecha y, como siempre que me he encontrado con ella, me sorprendieron a) la simpatía con que me trataba, que no tengo la sensación de haberme ganado, y b) el aura de energía que se crea en su entorno. Estando cerca de Pilar, a uno le apetecen las grandes hazañas, no sé, (ganar el Nobel) liarse a mandoblazos contra la canalla, proclamar el Estado Mundial de Bienestar, meter en la cárcel para siempre a todos los malos (y —qué gusto— aclaro de inmediato que los malos de Pilar son mis malos también).
     Me emocionó verlos a ambos en el documental de
Mendes producido, entre otros, por Agustín Almodóvar. Es una buena película, capaz de emoción, de amor, de humor, de ironía. Su protagonista es Saramago, desde luego, pero lleva una coagonista acaso más interesante, sin duda más interesante en lo humano que el propio escritor. Pilar se nos muestra como una auténtica fuerza de natura, una exhibición de carácter, de descaro, de sentimiento, de ternura y dureza. Saramago, en la película, aguanta como puede el chaparrón granaíno. Y la consecuencia es que ambos resultan hondamente apreciables como pareja… Es material difícil, la pareja humana, sobre todo la de larga duración (claro), y este documental la traza en matices sorprendentes, por encima incluso, muy por encima, de la gloria literaria de Saramago. (Señalo, como aportación impertinente mía, que en este tipo de relatos presentados por sus protagonistas verdaderos suele faltar el sexo. No sabemos, no sabremos nunca —a no ser que Pilar lo cuente alguna vez—, cómo fue el sexo entre ellos. Podemos imaginar lo que nos apetezca, pero la experiencia nos enseña que en este ámbito pocas veces se atina. Y no es un dato baladí, en una relación tan poco baladí.)

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  1. Ramoon
    2011/06/30 en 00:00

    Si yo conociese artistas y/o escritores, por otro lado creo que también entablaría más intimas relaciones con sus mulhieres que con esos seres generalmente con su poquito de divos y su ego de toilette perfumando el ambiente allá donde se movieren.

    Siempre en el bien entendido de que en eso de que me atraigan por lo general más las vivilerencias femeniles que las de los musculines juega un papel fundamental el que las tales tengan esa chispa out of arts and on life que tanto hecho de menos en los hombres, incluido por tanto muá(dmoiselle). Porque hay algunas señoras de… que… amigo, amigo, amigo… ni por las orejas se pue cogel-las.

  2. Ramoon
    2011/06/29 en 23:51

    Nunca he pasado con sus libros de la página tres sin que me reconcomiese el inicio de un bostezo… escuchándolo falar tampoco he sentido la más mínima afinidad con sus pareceres y decires (hablo de falamientos en público claro, tal vez si hubiese tenido la suerte de conocerlo en persona, más en su intimidad…) Su mismo blog me parecía anodino como el país de nunca jamás.

    Existe “eso que existe” (murallas, lanzas, armaduras) entre nos, los animalucos dizque sapiens, a la hora de entrarnos unos a otros por los conductos de la percepción o non… porque en realidad, salvo la lejanía de mi gusto “estético” con las labores artísticas de este longevo senhor, no creo que pueda ni deba opinar sobre él dado que de sus jechuras humanas no tengo idea…

    Eso sí, me parecieron siempre muy de fiar las que valora positivamente Don Ramón, así que a ver si me pillo yo también ese documental y le doy un miro.

    Además o sobre todo de que friends will be friends que cantaba Federico Mercurio y ese lema si que lo sigo con nada o poco que me ayuden.

    Saludos

  3. Luis
    2011/06/29 en 20:23

    Aunque sea solo por José Saramago, la raza humana merece la pena seguir sobre la tierra.

  4. 2011/06/24 en 12:19

    Consigue, consigue… Yo también tuve un encuentro con Saramago en el aeropuerto. Nada más comunicársele que había ganado el Nobel, se vino en avión a Madrid. Fuimos Juan Cruz y yo a recogerlo. No sé por qué estrategia juancruciana, yo esperaba en una salida y Juan en otra. Salió por la mía y le di la enhorabuena a solas. Como él era portugués y yo tangerino, no nos abrazamos. Pero me atrevo a afirmar que el hombre estaba bastante contento. 🙂
    En cuanto al fuego, no lo dudo. Lo que me importaba señalar es ese dato curioso y paradójico de que al hablar de las parejas que por alguna razón son objeto de informe público nunca se insinúa siquiera que de vez en cuando a lo mejor echan un caliqueño… 🙂

  5. Lectrice égoïste
    2011/06/24 en 09:31

    Preciosa entrada.

    Yo vi un BeSo. De Saramago y Pilar. De Pilar y Saramago. Él había ido a recogerla, de incógnito, al aeropuerto, con una rosa roja. Aquel beso, ardiente —que me recordó la conocida foto de Robert Doisneau, Le Baiser de l’Hôtel de Ville— hace pensar que había fuego.

    No sé cómo. Pero Intentaré conseguir ese documental.

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