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Notitas

2011/06/12

Notitas artísticas, para desbrozarme la sesera un poco.

1. Me ha gustado muchísimo una película de Xavier Giannoli titulada À l’origine (2009). La historia —real, al a L%27Origineparecer— de cómo un estafador de no mucha monta, metido en el sistema corrupto de una municipalidad en decadencia, puede acabar construyendo una autopista. Como locura, se parece mucho a El puente sobre el río Kwai, pero el personaje que interpreta François Cluzet (estupendamente creíble) es mucho más tierno y humano que el coronel inglés hecho inolvidable por Alec Guinness.

2. No me ha gustado nada nada nada, me ha repateado, me ha parecido un insulto, un llamarme tonto a la cara, un desprecio de la verdadera creatividad humana, el último lanzamiento de márquetin de las factorías hollywoodenses, una cosa llamada Hanna. Todo en ella está posicionado para que usted se trague la coartada y quede Hanna Filmconvencido de que Joe Wright, director y guionista, está insertando su obra en la tradición del cuento «infantil» europeo (las brutalidades de los Grimm). Con lo cual para qué más justificación a esta sarta de trivialidades estetizantes sin significado alguno, o sin más significado que el «tente mientras cobro» de tantas creaciones actuales. Me ha recordado, por su intención de estafa intelectual, otro bodrio aquí vituperado (el Black Swan de Darren Aronofsky)… Hay un episodio localizado en España, con juerga gitana incluida, que verdaderamente revuelve las tripas… La niña es monísima, eso sí. (Se llama Saoirse Ronan. El nombre es irlandés y se pronuncia ni parecido a como se escribe: Sheirsa, más o menos.) Creo que la vimos antes en Atonement (otra película de Wright, mejor desde luego que esta, aunque tampoco para festejarla con cohetes).

3. Me ha gustado comprobar que sigo amando a Juan Marsé.
     Ha escrito mucho, Marsé, y seguramente seguirá escribiendo mientras la cabeza le aguante. Ahora acabo de leer su última novela publicada, Caligrafía de los sueños. [El título me generó tal rechazo, que estuve a punto de dejar el libro en manos de la dependienta del Corte Inglés que me lo servía (no estaba en la Caligrafia-de-los-suenos-TAPA-DURA-CON-SOBRECUBIERTA_libro_image_zoommesa de novedades y tuve que pedirlo).] Juan Marsé es uno de los escritores que he leído enteros (menos algunas páginas abandonadas, véase la nota 1), desde aquel premio Gijón de hace ya tantísimos años (que, por el contrario, llevaba un título atractivo: Encerrados con un solo juguete). A mi juicio, o más bien para mi gusto, porque no sé qué diablos puede pintar el juicio en esto, los libros de Marsé son de tres clases: a) muy malos; b) ilegibles; y c) muy buenos. Ya digo: los he leído todos. Ejemplos de muy malos: La muchacha de las bragas de oro, Canción triste de Lolita’s Club; ejemplo de ilegibles: Si te dicen que caí, Rabos de lagartija 1; ejemplos de muy buenos: más de cinco y de seis y de siete y de ocho, afortunadamente; entre ellos, claro, Las últimas tardes con Teresa, El teniente Bravo y este último
Caligrafía de los sueños.
     Me costó engolfarme en la lectura, porque el horno ya no está para panes de posguerra, y a mí, en este momento, me importa un pimiento todo ese mundo cutre de los años cuarenta (que viví sin enterarme de su cutrez, porque estaba en Marruecos y porque no tenía años para ocuparme en otra cosa que mis juegos personales, en Tánger, y mis fantasías de niño solitario en los campos del Had y del Tzenín). Pero me fue ganando el narrador, tan parecido al propio Marsé, y me fui dejando impregnar por el cariño y la ternura que rezuman del libro. Historia sencilla, magistralmente contada, además. Estoy en un grupo de Facebook que pide el Nobel para Marsé. Va a ser difícil conseguirlo, porque no volverá a tocar escritor en lengua española hasta dentro de muchos años, pero el hombre lo merece. Incluso por sus malas novelas: peores las tienen otros, y andan por ahí con el galardón enhiesto.

4. He visto el Anticristo de Lars von Trier. Gozo o padezco de un alto nivel de tolerancia ante la obra de este señor, vaya usted a saber por qué traumas infantiles o seniles míos, pero Anticristo me deja un poco mudo: no sé a qué viene semejante rapsodia de brutalidades crueles espectacularmente filmadas. Es evidente que el relato quiere significar algo (esa invasión de mujeres trepando por la colina boscosa, al final), pero no sabría decirles a ustedes qué me significa a mí. Más bien nada, la verdad. Qué curioso. Qué cabezas tan raras.

1 ¿Qué quiero indicar con este arrogante calificativo? Honradamente: que no pude con ellos, que no los terminé, que me aburrieron, que no me interesaron, que qué le vamos a hacer. Los críticos serios los tienen clasificados entre lo mejor de su obra, e incluso puede decirse que Si te dicen que caí, con su premio en México, fue la consagración internacional de Marsé y la popularización de su nombre entre los lectores españoles de clase A. (No creo que tuviera muchos lectores, sí quizá compradores; las páginas cultas de la prensa hicieron bandera de él, porque era un libro rotundamente antifranquista y porque le habían dado un premio en México y porque estaba un poco prohibido en España. Un poco, solo: en realidad se podía comprar en cualquier librería, aunque no estuviera en los escaparates.) (Recuérdenme que alguna vez les hable de Félix y de su tenderete de libros en el Celso García de la calle Serrano de Madrid.) Lo cierto es que yo no fui capaz de leer entero Si te dicen que caí, porque no logré interesarme en sus rancias «aventis» de películas y tebeos de posguerra y porque la prosa de Marsé, cuando empieza a revolverse, a hinchar el tono, no está a la altura de lo que pretende el autor. A mi entender, claro, para mi gusto. Son mayoría abrumadora quienes piensan lo contrario.

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  1. 2011/06/15 en 08:14

    Curioso: yo no terminé de ver DÉJAME ENTRAR (supongo que te refieres a la película de 2008), quizá por mi rechazo incontrolable de toda clase de vampiros; pero, en general, no se puede no estar de acuerdo con lo que dices. Yo pondría más enfasis, de todas maneras, en la índole global de la crisis: no es solo el cine español, es el cine de todas partes, las expresiones creativas de todas partes. Tiene uno la impresión de que las mejores cabezas no se están dedicando al arte. 🙂

  2. 2011/06/15 en 02:49

    El cine francés está de capa caída, eso es evidente, pero es que el español no tiene ni siquiera el glamour de la capa. A mí ya me da miedo ver una una peli española (miedo por el bolsillo, aclaro) aunque me la recomienden. No sé qué pasa, porque yo soy de la opinión que con imaginación se puede escribir un buen guión, y hacer una película de presupuesto totalmente aceptable, pero parece que la imaginación se ha ido por el desagüe. Ya sé que es un problema generalizado y quizás por eso me preocupa más todavía, pero lo cierto es que últimamente, película española que veo, película que me arrepiento de haberme gastado los cuartos en ella. Quizás sea porque tengo en la memoria una época muy buena del cine español, la época de Víctor Erize y su película “El sur”. Menciono ésta porque me gustó más que “El espíritu de la colmena”. Un presupuesto de risa y una película preciosa. Bien, pues aquí ya no se hacen cosas así, con Torrente hemos topado. Será que es eso lo que le gusta al personal.
    Película de bajo presupuesto también y que me pareció maravillosa, fue “Déjame entrar”. Me refiero a la original, no al remake. Parece que lo bueno, en Europa, viene sobre todo de los países fríos. La época gloriosa del buen cine francés e italiano queda muy lejos ya. En fin, esto parece que va por ciclos.

  3. Liu
    2011/06/13 en 18:02

    François Cluzet es lo mejor de una película que te recomiendo si quieres disfrutar de un berrinche como Dios manda, Pequeñas mentiras sin importancia… Los diez primeros minutos están bastante bien, muy bien incluso, pero luego descubres la decadencia de Francia en todo su esplendor. Son todos más bobos que Houellebecq, jajaja.

    • 2011/06/13 en 18:59

      Pues no sé qué te diga, Liu: Petits mouchoirs fue la película más taquillera de Francia en 2010. La película más taquillera de España en 2010 fue Torrente X (no recuerdo el número). Me temo que no salimos ganando en la comparación. Es verdad que Petits mouchoirs se va desmoronando según avanza, pero, en fin, se mantiene en unos niveles de dignidad que ningún Torrente puede rozar siquiera… Sí que comparto el berrinche, sin embargo: la verdad es que mi mujer y yo nos fuimos cabreando con la película y ella acabó incluso por desentenderse. Marion Cotillard es buena.

  4. rafael
    2011/06/13 en 06:23

    Buenos días.
    “À l’origine” es un gran film. A mí me encantó. Además de por sus cualidades como film y la magnífica intepretación de sus actores, porque es una fábula del mundo loco de especulación urbanística, corrupción y sueños rotos en el que hemos estado sumergidos.
    Y de Lars von Triers, me indentifico con su expresión de “padecer una alta tolerancia…”. Me pasa igual. Nunca hasta ahora, y probablemente nunca sucederá, he vuelto a ver dos veces una de sus películas. Pero disfruto viéndolas. Algunas me parecen obras maestras. Disfruto, aunque no las entienda, con los productos de esa mente. Me pasa lo mismo con David Lynch, de quien en cambio sí he visto varias veces algunas de sus películas, aunque debo decir que la última que vi de él, “Inland empire”, me pareció infumable y un sufrimiento que no volveré a ver nunca. Casi estuve a punto de hacerme una camiseta que pusiera “Yo vi entera Inland Empire de David Lynch”, por la proeza. De uno y de otro, sin embargo, sé que necesito ver sus obras aunque sea una vez.
    Cordiales saludos

    • 2011/06/13 en 10:25

      Pues qué le vamos a hacer, ¿no? Ambos, von Triers y Lynch, tienen películas insoportables. Así y todo, nos imponemos la obligación de verlas. Por algo será. 🙂 Pasa también en literatura, donde tengo más clara la razón del aguante, en mi caso: el lenguaje. Supongo que el lenguaje cinematográfico también pesa, aunque se esté utilizando para contarnos algo que no se entiende muy bien…

  5. 2011/06/13 en 00:04

    A mí también me gusta Marsé. Yo no lo he leído entero. Solo 4 o 5 novelas. Pero en esas pocas que he leído, están algunas de las que has citado. ¿La que más me gustó? “Las últimas tardes con Teresa”.
    En cuánto a Lars Von Trier es un director rarísimo, y además muy dado a mostrar mujeres en la pantalla humilladas y ofendida, cuánco no directamente asesinadas. Cómo muestra la intragable (para mi gusto) “Bailar en la oscuridad”. La actitud de la chavala es absolutamente incomprensible, porque ciega será, pero muda no, desde luego. Luego, en “Dogville” llegará la venganza. Yo pensé que a partir de ahí, Trier empezaría a hacer un cine menos masoquista, pero parece que no, según cuentas.
    Un abrazo!

    • 2011/06/13 en 10:26

      No sé. No creo que «masoquista» sea la palabra, pero tampoco tengo un buen día terminológico. 🙂

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